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Silvered water.

Syria self-portrait

Ossama Mohammed

y Wiam Simav

Berdixan

Francia / Siria, 2014

8

 

Marta Armengou

 

En los años sesenta, Jean-Luc Godard afirmó que “el travelling era una cuestión moral”. Con esta cita, el cineasta francés reflexionaba sobre el uso de ese recurso cinematográfico que alude al poder de decidir no sólo lo que ve el espectador, sino también la forma en la que se le ofrece su contenido. La estética es, pues, una forma de ética. De esta manera, el cine está obligando a dirigir y redirigir la mirada constantemente aportando nuevos significados a la imagen. Esta responsabilidad alcanza una mayor trascendencia cuando lo que se expone es susceptible de perturbar al público como, por ejemplo, la violencia y/o la muerte. Es, aquí, cuando nos adentramos en un ámbito delicado y muy complejo condicionado por esa ambigua actitud de atracción-repulsión que provocan imágenes fuertes e impactantes que, incluso, pueden llegar a herir la sensibilidad.

 

Probablemente, ese dilema “moral” es el que tuvo el director Ossama Mohammed cuando decidió hacer "Silvered water. Syria self-portrait". Su propósito: dejar constancia y dar testimonio del horror del conflicto sirio, que viene generándose desde hace mucho tiempo. Este documental, duro y sin concesiones, surge a partir de la colaboración entre el cineasta sirio exiliado en Francia y la joven activista de origen kurdo Wiam Simav Bedirxan, quienes se sirven de escenas de vídeos clandestinos para perfilar una espeluznante, sangrienta y estremecedora crónica de la guerra civil siria.

 

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La película nace tras una conversación en Facebook durante el invierno de 2011 entre Mohammed y Simav. El cineasta ya estaba exiliado en París y ella, que permanecía en Siria sufriendo el día a día de la guerra, le preguntó: “Si tu cámara estuviera en Homs, ¿qué filmarías?”. A raíz de esta cuestión, ambos supieron que tenían que mostrar cómo la brutalidad se estaba apoderando de su país. Movilizar a la comunidad internacional, dramáticamente indiferente ante esta cruel tragedia, es el verdadero objetivo de este documental tan desgarrador y crudo como conmovedor. La mayor parte de los vídeos que aparecen están grabados con cámaras domésticas o con los móviles de ciudadanos anónimos, soldados y parientes de las víctimas de la guerra que se encontraban en el lugar de los hechos. El espectador se enfrenta, a través de la suma de múltiples puntos de vista, a innumerables actos sádicos, escenas de tortura y humillación, manifestaciones, bombardeos, disparos, crímenes... En definitiva, monstruosidades. Con toda seguridad, puedo afirmar que contiene algunas de las secuencias más estremecedoras que haya visto nunca. Es el horror en estado puro. La magnitud de la tragedia y la fuerza que imprimen sus escalofriantes imágenes, terribles, insoportables, producen un efecto devastador inmediato, a pesar de la deficiente calidad de algunas de ellas.

 

La labor más ardua y complicada de los directores ha sido el proceso de selección y montaje de las filmaciones. Todas ellas se exhiben en orden cronológico, sin ninguna manipulación y acompañadas por los diferentes capítulos que componen la relación entre los dos directores. Las imágenes de YouTube, con las grabadas por la misma Simav en Homs y las de París del mismo Mohammed nos ofrecen una especie de collage, hecho de formas narrativas bien dispares, que dan como resultado un documento, a veces, extremadamente realista, otras, cercano a lo lírico y conceptual, casi más propio del videoarte que del cine documental.

 

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"Silvered water. Syria self-portrait" provoca una profunda sensación de incomodidad, impotencia, dolor e indignación. No es sólo el retrato de una ciudad desolada y devastada por la guerra, es también un testimonio de la inhumana capacidad destructiva de la humanidad. Por eso, este documental es un brillante ejercicio sobre el cine como arma. Y vuelvo a la cuestión moral de Godard. ¿Había otra manera de contar lo inefable? ¿Es cuestionable el uso de imágenes de guerra tan explícitas? ¿Ver semejante barbarie sirve para concienciar o dar respuestas? ¿Es capaz un film de ayudar a acabar con un régimen que, durante cinco años, ha causado 200.000 muertes y casi 4 millones de personas refugiadas? Posiblemente, Mohammed y Simav pensaron que la única manera de hablar de la guerra civil en Siria, y entender (si eso es posible) lo que es padecerla, era enseñándola en toda su esencia. Y, para ello, debían cruzar la barrera de lo moral. Este es un autorretrato colectivo cuyas implicaciones no son sólo de orden ético, estético, cultural y político. Es también un acto heroico. El de la directora. Es el cine como forma de lucha pero, por encima de todo, de la lucha por la vida. Filmar el sinsentido para buscar algo de sentido. Y, si es posible, la paz.

 

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Marta Armengou

Marta Armengou (Barcelona, 1976). Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Ramon Llull. Crítica de cine. Llevo 15 años trabajando en el ámbito de la cultura en general y del cine en particular. Actualmente, dirijo el programa cinematográfico "La Cartellera" de BTV. Durante cinco años fui Jefa de Cultura de los Informativos de Localia TV. También he ejercido de redactora en diversas publicaciones y de realizadora y guionista de programas para TVC o La2.