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Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia)

Alejandro González Iñárritu

EE.UU., 2014

8,5

 

Marta Armengou

 

Cuando Alejandro González Iñárritu presentó “Biutiful”, su cuarto largometraje, las expectativas eran muy altas. Sobre todo, por tratarse del primer film en el que no contaba con la colaboración de su guionista habitual, Guilllermo Arriaga. No se sabía si variaría su estilo o si sería capaz de mantener el nivel de sus obras anteriores. Aunque pasó de explicar una serie de historias paralelas para centrarse en una de sola, no estábamos ante “otro” Iñárritu. En realidad, firmaba su película más efectista, autocomplaciente e irregular. A pesar de las malas críticas, nada hacía pensar en un cambio de rumbo en la carrera del mejicano. Después de los grandilocuentes dramas “Amores perros”, “21 gramos”, “Babel” y “Biutiful”, “Birdman” no sólo es un giro radical en su filmografía, es un “nuevo” Iñárritu. Y esto es muy bueno.

 

“Birdman”, que tiene por subtítulo “La inesperada virtud de la ignorancia”, es una comedia negra que cuenta la historia de un actor, famoso por dar vida a un emblemático superhéroe en el pasado, que lucha por montar una obra de teatro en Broadway. En los días que preceden a la noche del estreno se enzarza con su ego y trata de recuperar a su familia, su carrera y a sí mismo.

 

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Con un guion en que vuelven a colaborar con Iñárritu Nicolás Giacobone y Armando Bo, los mismos de “Biutiful”, a los que se suma Alexander Dinelaris, se abordan cuestiones como la cordura, la paternidad, el matrimonio, la integridad creativa y el legado artístico. Pero, el tema central, es el narcisismo, aquí, el superego de un actor obstinado en llevar a cabo un montaje que, sin duda, no está capacitado para hacer. La obra que pretende montar se basa en el relato breve de Raymond CarverDe qué hablamos cuando hablamos de amor” que, como el film, gira alrededor de la búsqueda del amor y la aceptación. Poco a poco, el protagonista, parece convertirse en el personaje que interpreta encima el escenario mientras que, ocasionalmente, es perseguido por la voz del que fue su papel más famoso, “Birdman”, que funciona como un alter ego malvado que personifica todas sus dudas, miedos e inseguridades.

 

Si “Babel” era su obra más ambiciosa y sofisticada, como la misma Torre del libro del "Génesis" en la que se inspiraba, aquí el director se basa en el mito griego de Ícaro, un personaje que quiere escapar del laberinto en el que se ha convertido su existencia. Iñárritu focaliza su mirada en la efímera naturaleza de la fama y el culto a la celebridad, y más hoy con el uso de las redes sociales. La idea que planea sobre todo el film es que el éxito, independientemente de que sea económico o de prestigio, siempre es una ilusión fugaz, una satisfacción transitoria. El cineasta sigue exponiendo las miserias humanas pero, esta vez, lo hace cambiando el género, el tono e, incluso, el estilo. Sigue siendo el retrato íntimo de una persona pero, en esta ocasión, con otra sensibilidad, con sentido del humor y pinceladas surrealistas, lejos del auto-gravedad, la impostación o la pretensión de los trabajos anteriores.

 

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La película cobra más relevancia gracias a la presencia de Michael Keaton. El actor, que en 1989 se hizo popular con el “Batman” de Tim Burton, protagonizó después una carrera errática llena de títulos irregulares. Dos décadas más tarde, recupera el estatus de superestrella estableciéndose un claro paralelismo entre ficción y realidad. Tanto Keaton como el personaje principal interpretaron, hace años, a un superhéroe que arrasó en taquilla. Uno, hizo de Batman, el otro, de Birdman.

 

La película, con una imponente banda sonora al ritmo de una batería de jazz, está rodada en un falso plano secuencia. El uso de unos efectos visuales imperceptibles sirve para hilvanar todas las escenas pareciendo que la película sea una sola toma continua. Es obvio que hay cortes, pero las transiciones están tan bien disimuladas que da la sensación de experiencia ininterrumpida. Los movimientos de los personajes y los diálogos están perfectamente sincronizados con los de una cámara sinuosa que recorre todos los rincones del teatro en un espectacular juego de espejos que va poniendo al descubierto la arrogancia y la soberbia del mundo del espectáculo.

 

Por la radicalidad de una propuesta arriesgada y desafiante, por su virtuosismo formal, por un casting acertadísimo y unas interpretaciones excepcionales (en especial las de Michael Keaton y Edward Norton), por su brillante construcción narrativa, por el rico subtexto de la trama, por la audacia del director a la hora de reinventarse, por el increíble trabajo de cámara, por la impresionante fotografía de Emmanuel Lubezki... Por todo esto, y mucho más, sólo puedo decir que el cambio, a Iñárritu, le ha sentado muy bien. Quizás es él quien tiene superpoderes porque, a mí, “Birdman” me ha hecho levitar de la butaca.

 

Marta Armengou

Marta Armengou (Barcelona, 1976). Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Ramon Llull. Crítica de cine. Llevo 15 años trabajando en el ámbito de la cultura en general y del cine en particular. Actualmente, dirijo el programa cinematográfico "La Cartellera" de BTV. Durante cinco años fui Jefa de Cultura de los Informativos de Localia TV. También he ejercido de redactora en diversas publicaciones y de realizadora y guionista de programas para TVC o La2.

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