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Filth, el sucio

Jon S. Baird

UK, 2013

8

 

Tariq Porter

 

Unos pocos votos faltaron para que “Filth, el sucio” (Jon S. Baird, 2013) llegara a Sitges y posteriormente a nuestras salas como producto exclusivamente escocés, sin el sello de ese Estado mayor que en la era post referéndum sigue siendo el Reino Unido. A pesar de todo, su carácter norteño se reconoce inmediatamente, tan arraigado como unos testículos aireándose bajo la falda y tan genuinamente punk como cualquier otro relato firmado por uno de los grandes chicos malos de la literatura anglosajona actual: Irvine Welsh. “Filth, el sucio” no decepciona  a sus cimientos literarios como tampoco lo hace en tanto que abanderado contestatario de cualquier manual de guion, despreciando cánones del mismo modo en que su protagonista –un James McAvoy desatado– desprecia a la humanidad. De hecho, pocas películas hemos podido ver en cartelera últimamente que contradigan con tanta vehemencia los estándares de la narración cinematográfica. La obra de Baird es una afrenta directa a Robert McKee y su séquito, devotos de presentaciones, nudos y desenlaces estructurados, empatías con protagonistas, encasillamiento de géneros y demás pequeñeces que obras como “Filth” se encargan de relativizar.

 

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El film de Baird –segundo como director, después de “Cass” (Reino Unido, 2008), que no llegó a estrenarse aquí– cuenta la historia de Bruce Robertson, un inspector de policía que se dedica a extorsionar, corromper y en definitiva destruir todo lo que toca en una constante pulsión nihilista que lo convierte en el protagonista más odioso y deleznable que uno pueda conocer estos días, a años luz de cínicos célebres como el Dr. House o el entrenador portugués del Chelsea. La película se emparenta al comienzo con las victorias primerizas de Guy Ritchie; thriller lozano y bruto rebozado de sátira social y humor negruzco, pero poco a poco se hunde en el lodo hasta que desaparece el humor y permanece la negrura, cada vez más vacía y falta de esperanza. Destellos sobresalen apenas de un panorama desolador, en el que sólo crece el nihilismo galopante de su protagonista. Afortunadamente, tanto Welsh como el director y guionista Baird saben mantenerse al margen, no ser cómplices de ese discurso sino contextualizarlo huyendo de gratuidades hasta el punto en que también este, como el resto de la sociedad, son conscientemente caricaturizados, sabedores de sus precedentes, motivaciones e irremediables desenlaces.

 

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Pero no sólo en eso se parece la nueva adaptación de Baird al ya clásico Welsh adaptado por Danny Boyle “Trainspotting” (Reino Unido, 1996); también formalmente tienen puntos en común para deleite de sus fans así como de los acérrimos a Crumb, Bukowski, Burroughs y otros comediantes de la decadencia. El realizador escocés juega con un montaje histérico y desquiciado, y sabe generar cuando es requerido una osada disonancia entre el texto y la imagen, aunando angustia, miedo y asco con la estampa del ridículo, cercano al Terry Gilliam más oscuro y lejos, muy lejos, de cualquier cosmopolitismo british. “Filth, el sucio” es en definitiva un torbellino de carcajadas culposas y tragedias ridiculizadas; testosterona hecha confeti y un McAvoy como idóneo, exquisito embajador de lo inmoral. 

 

Comentarios
Tariq Porter

Tariq Porter Astorga (Barcelona, 1988). Licenciado en Bellas Artes en la Universitat de Barcelona y Master en Ficción en Cine y TV en la URL. Ha criticado cine gozosamente en TuPeli o la Revista Mabuse y sigue haciéndolo en Serra d’Or y Blisstopic. Ha trabajado –aún con gozo– en los festivales chilenos Femcine y Fidocs, y sigue haciéndolo en la Acadèmia del Cinema Català y, como programador, primero en el CCCB y actualmente en el Festival de Cinema de Menorca. Escribe harto y pretencioso y lo intenta también con el guión. A ver qué.