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Drácula, la leyenda jamás contada

Gary Shore

EE.UU., 2014

3

 

Sandra S. Lopera

 

Mala señal cuando en una película de 92 minutos te miras el reloj varias veces. “Drácula: La leyenda jamás contada” es una decepción en toda regla. Su director, el cortometrajista Gary Shore que debuta en el largo con esta película, carece por completo de garra, sus protagonistas pululan por la pantalla poniendo cara de sufrimiento pero como si la historia no fuera con ellos y el protagonista, Luke Evans, se limita a poner cara de enfado mientras el mundo conspira para hacerle la puñeta a su pueblo y a su familia. Qué duro es ser vampiro cuando no eres un adolescente en el instituto.

 

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El terror brilla por su ausencia, la historia es repetitiva (insistimos, en 92 minutos!!!) y las supuestas grandes escenas de batalla están mal fotografiadas y peor montadas, por no hablar de ese Drácula saliendo todo chulo del castillo en plan “dejádmelos a mí, que sé lo que me hago”. Vamos, que es el Chuck Norris de los vampiros, lo cual tendría gracia si fuera como el Sylvester Stallone de “Los mercenarios”, que no se toma en serio ni a sí mismo y te hace cómplice de ello para que te lo pases bien, pero aquí ni eso. La película quiere ser tomada en serio, y quizá por eso es tan sumamente explicativa (porque claro, nadie sabe lo que les pasa a los vampiros cuando se convierten. ¿Qué me dices? ¿Qué beben sangre humana? What a Surprise) y resulta falsamente poética en su puesta en escena. Los constantes cambios de vestuarios de la reina no se sabe si son errores de raccord o si, incluso en plena huida de sus enemigos, lleva un equipaje que ni Paris Hilton. La cámara lenta está mal usada y la fotografía es, simplemente, atroz. Y del guión ya ni hablamos. Que lo primero que diga el protagonista al descubrir uno de sus nuevos poderes sea “Que práctico” es, cuando menos, sonrojante. Ni el mejor montaje del mundo podría tapar los boquetes de la historia, pero sí que debería solucionar que escenas como la de la cueva se alarguen mil horas. Demasiada charla para explicar reglas que ya todos sabemos. Aunque ahora resulta que a Drácula le afecta más la plata que los crucifijos. Eso sí, a pesar de que sea pleno día, si pasea por la sombrita no le pasa nada, y si hace falta tapa el sol a base de murciélagos o nubes y aquí no pasa nada.

 

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En serio, la leyenda de Vlad El Empalador se merecía mucho más, y nosotros también. Ojalá la película se hubiera centrado en explicarnos, con más detalle, lo mismo que ocurría en el impresionante prólogo de “Drácula, de Bram Stoker” que dirigió Francis Ford Coppola.

 

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Sandra S. Lopera

Sandra S. Lopera (Barcelona, 1981) es periodista y crítica de cine. Actualmente colabora en diferentes publicaciones y webs como Tomacine o Dioses y monstruos. Fue directora de la sección de cine de la Guía del Ocio de Barcelona y ha escrito en medios como el diario Avui, Go Magazine o la revista Scifiworld. El primer recuerdo que tiene de su infancia es estar en el cine viendo "E.T.". Vio pasar una bici por delante de la luna y fue amor a primera vista. Desde entonces ha sido una apasionada del cine.

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