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Cómo entrenar a tu dragón 2

Dean DeBois

EE.UU., 2013

8,5

 

Tariq Porter

 

El norte y sus témpanos están de moda. Quizás se debe a los Stark y su carisma, quizás a la reciente franquicia de Thor, el dios vikingo de pectorales rasurados, pero el caso es que el norte la lleva últimamente: guerreros cornudos, rubias y dragones; mucho hielo y poco frío. No en vano estos últimos años hemos podido ver, incluso en el terreno de la animación familiar, varias propuestas que tomaban los páramos nortinos como principal escenario. “Ga’Hoole: La leyenda de los guardianes” (Zack Snyder, 2010), “Campanilla: El secreto de las hadas” (Roberts Gannaway, Peggy Holmes, 2012), “Frozen. El reino de hielo” (Chris Buck, Jennifer Lee, 2013), o “Cómo entrenar a tu dragón”, con su segunda parte, son algunos ejemplos de aquellos que, desoyendo como en su día hicieron los Coen al vetusto oráculo que desaconsejó rodar nieve y hielo, han hecho suyos los paisajes glaciales.

 

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La de los dragones, en todo caso, vuela más alto que el resto, aunando la animación de calidad a la que nos tienen acostumbrados los grandes estudios con, he aquí la gran diferencia, una excelente –compleja, trepidante, agridulce– historia de aventuras. Porque si tuviéramos que centrarnos únicamente en la animación, a pesar de su dinamismo y extraordinaria fotografía, ni la primera ni esta segunda parte sobrepasarían un listón que últimamente anda muy alto; películas como “Rango” (Gore Vebrinski, 2011) o “Rio 2” (Carlos Saldanha, 2014) tienen en cada fotograma tal cantidad de luces y texturas que se antoja difícil pretender siquiera igualarlos, empresa presumiblemente rechazada a razón de optimizar recursos o, quizás, evitar un horror vacui que arrolle la plasticidad de sus imágenes. Y es que a veces menos es más, es cierto: así hay en “Cómo entrenar a tu dragón 2” muchos momentos de genio, estampas en movimiento insólitamente bellas y fascinantes por osadas. Dean DeBlois, que dirige esta vez en solitario, no esconde en ellas sus influencias, que van desde la evidente “Avatar” (James Cameron, 2010) hasta la fantasía de esa cúspide llamada “Nausicaä del valle del viento” (1982) –el cómic, más que la película– de Hayao Miyazaki.

 

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Estos nombres tiñen también el texto, que habiéndose sembrado en la primera parte se permite en esta segunda ir directo al meollo, presentando una acción tan absolutamente lúdica como comprometida con los mensajes pacifistas y ecologistas de los que Miyazaki, y por extensión "Avatar", hacen bandera. Eso no empaña en todo caso la contundencia de la acción ni su sentido de la épica, conservando de la primera parte el humor perspicaz y los golpes bajos que engrandecen la trama y también el nombre de DeBlois, pasando de codirigir junto con Chris Sanders un guion de Adam F. Goldberg y Peter Tolan basado en el libro de Cressida Cowell a aventurarse en solitario tanto en dirección como en el texto. El resultado, cine épico y aventuras de altos vuelos del que, por cierto, ya se prepara tercera parte.

 

Comentarios
Tariq Porter

Tariq Porter Astorga (Barcelona, 1988). Licenciado en Bellas Artes en la Universitat de Barcelona y Master en Ficción en Cine y TV en la URL. Ha criticado cine gozosamente en TuPeli o la Revista Mabuse y sigue haciéndolo en Serra d’Or y Blisstopic. Ha trabajado –aún con gozo– en los festivales chilenos Femcine y Fidocs, y sigue haciéndolo en la Acadèmia del Cinema Català y, como programador, primero en el CCCB y actualmente en el Festival de Cinema de Menorca. Escribe harto y pretencioso y lo intenta también con el guión. A ver qué.