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Borgman

Alex van Warmerdam

Holanda, 2013

7

 

Tariq Porter

 

Todo empieza como una película de vampiros al uso, perseguidos a lo Carpenter por una pequeña comparsa de hombres armados –no falta ni el obispo con escopeta– y decididos a acabar con ellos. Sin embargo, ya desde el principio se asoman en el celuloide elementos disonantes en una cinta de género convencional, evidenciando –si es que era necesario– que la del holandés Alex van Warmerdam no es una película fácilmente etiquetable. Lo suyo, por otro lado, no es capricho de un día sino obcecación en lo extravagante; uno de esos autores que insisten en negar estándares en pro de una expresión radicalmente propia. Tampoco es una opción impostada, cosa que se agradece y que vemos claramente en la obra que aquí nos ocupa, hablando de las flaquezas familiares en un retorcido lenguaje de señas que captamos con más o menos esfuerzo y asimilamos con más o menos fascinación.

 

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La película de Van Warmerdam (algún crítico jugó con su apellido para cualificarla; no seré yo) cuenta la intrusión de un aparente lunático en la apacible vida de una familia neerlandesa que vive en la abundancia. Lo que parece al principio un acercamiento inocuo va tornándose con el paso de los acontecimientos en algo extrañamente violento. No obstante, ni en sus imágenes ni en sus palabras "Borgman"es un film explícito; su principal arma es el subtexto, que emplea con maña para crear una atmósfera enfermiza e inquietante, un testimonio de la deconstrucción familiar. Y es que el film de Van Warmerdam es eso, el análisis primero de los componentes familiares y el ulterior ejercicio de descomposición, igual de lúdico que los "Juegos divertidos" de Haneke pero mucho más sosegado y contemplativo, tocando las principales arterias familiares como quien toca con el arpa una canción angelical, sólo que la del realizador holandés es más devota de los dioses del subsuelo.

 

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Para todo ello el film cuenta con un tono engañosamente ligero, provisto de un agudo humor negro que se mueve en el mismo surrealismo hogareño de "Canino" (Giorgos Lanthimos, 2009), la prima helena de "Borgman". También en su estética y carácter nihilista hay algo del más célebre episodio de "Holy Motors" (Leos Carax, 2012) –no en vano ganó, como el film de Carax, el máximo galardón en Sitges 2013–, aunque la neerlandesa es en todos los sentidos muchos menos anárquica, empezando con una situación supuestamente fortuita que enciende un engranaje para nada improvisado. En él entran toda clase de excentricidades, propiciando que el desconcierto y el humor, el insidioso erotismo y el placer culpable de la desgracia ajena –que no lo es tanto– avalen la destrucción de aquello tan sagrado que los antiabortistas y compañía defienden a capa y espada.

 

Comentarios
Tariq Porter

Tariq Porter Astorga (Barcelona, 1988). Licenciado en Bellas Artes en la Universitat de Barcelona y Master en Ficción en Cine y TV en la URL. Ha criticado cine gozosamente en TuPeli o la Revista Mabuse y sigue haciéndolo en Serra d’Or y Blisstopic. Ha trabajado –aún con gozo– en los festivales chilenos Femcine y Fidocs, y sigue haciéndolo en la Acadèmia del Cinema Català y, como programador, primero en el CCCB y actualmente en el Festival de Cinema de Menorca. Escribe harto y pretencioso y lo intenta también con el guión. A ver qué.