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El Sueño de Ellis

James Gray

EE.UU., 2013

6,8

 

Marta Armengou

 

En un momento de la película, el personaje de Emil, interpretado por Jeremy Renner dice: “No pierdan la fe. No pierdan la esperanza. ¡El sueño americano les espera ahora!”. Es el discurso de motivación que da a los inmigrantes que entran en Ellis Island, en el que les implora a creer en sus sueños y hacerlos realidad. El cine nos ha enseñado que, sea cual sea el sueño, si se va a Nueva York, se puede conseguir. James Gray lo tenía más fácil, es neoyorkino, pero su sueño, hacer cine, no lo era en absoluto.

 

Corría el año 1994 cuando un James Gray de tan solo veinticinco años estrenaba su primer largometraje, ”Cuestión de sangre (Little Odessa)”, que se inscribía dentro del género del thriller. Pero, aunque en aquellos años el cine policíaco vivía un gran momento, con títulos como “El silencio de los corderos” de Jonathan Demme (1991); “Pulp fiction” de Quentin Tarantino (1994); “Sospechosos habituales” de Bryan Singer (1995); “Seven” de David Fincher (1995); ”Bajos Fondos” de Steven Soderbergh (1995) o “Fargo” de Joel Coen (1996), por poner algunos ejemplos, el de Gray iba por otros derroteros. Era muy diferente. A pesar de ser un muy buen debut, pasó desapercibido.

 

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Su siguiente film, "La otra cara del crimen" (2000), un drama criminal contemporáneo, no llegó a estrenarse en Estados Unidos hasta dos años después de haberse rodado. También pasó inadvertido para el público y parte de la crítica. Eran tiempos en los que lo que llamaba la atención era el cine con efectos especiales y mucha infografía. Siete años después, vuelve con ”La noche es nuestra” (2007), una película clásica de cine negro muy similar a la anterior, con los dos mismos protagonistas (Joaquin Phoenix y Mark Wahlberg), que casi parecía un film de los años cuarenta. Más tarde rueda “Two Lovers” (2008), un drama romántico que abandona el contexto noir sin dejar de indagar en la familia. Por fin, le llega un merecido reconocimiento ganándose un lugar destacado entre los grandes cineastas contemporáneos.

 

El cine de Gray siempre ha ido a contracorriente de tendencias y de modas. No en vano, está concebido desde una perspectiva intempestiva o de vocación atemporal. Sus películas denotan haber sido engendradas al margen de lo imperante convirtiéndolo, por contrapartida, es uno de los cineastas más infravalorados de las dos últimas décadas. Gray ha vuelto a insistir en el cine que ha hecho siempre, reconocible por su estilo poderoso y por abordar una temática recurrente.

 

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Lo que más sorprende de su último film (el quinto en veinte años) es que está ambientado casi un siglo atrás. Es la época de la ley seca, pero también la de una prosperidad económica que consiguió, entre otras cosas, aumentar la llegada masiva de inmigrantes europeos en busca de sus sueños. Pero, a pesar del contexto, “El sueño de Ellis” es absolutamente coherente con su trayectoria. En realidad, están sus temas habituales como son la significación de los orígenes de los protagonistas; la importancia de la institución familiar (pero también las traiciones y rivalidades que surgen entre sus miembros); las clases sociales; las segundas oportunidades; la enfermedad, la muerte y la ausencia; una Nueva York desmitificada y personajes que se buscan la vida al margen de la legalidad.

 

De nuevo nos hallamos un triángulo amoroso pero, esta vez, vuelve al drama criminal con pinceladas de tragedia shakespeariana que ya había explorado anteriormente. Es la historia de Ewa (Marion Cotillard), una polaca que emigra a Nueva York con su hermana, enferma de tuberculosis y, al llegar a Ellis Island, son separadas. Para sacarla de allí, Ewa tiene que trabajar para Bruno (Joaquin Phoenix) en un teatro de variedades, pero también prostituyéndose. La llegada del mago Orlando (Jeremy Renner), primo de Bruno, supone para ella un pequeño halo de luz en su vida.

 

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“El sueño de Ellis” es la película más ambiciosa, clásica y épica de Gray. Tiene un prólogo muy potente, que hace presagiar cine de muy alto nivel, pero poco a poco su intensidad emocional se diluye. No conmueve. El director, que co-escribió el guion con Richard Menello, nos entrega un film visualmente muy bello (excelente fotografía de Darius Khondji, diseño de producción impresionante, planificación elaboradísima), pero inerte, frío, impenetrable, como ese rostro siempre compungido de Cotillard que choca con la furia de Phoenix. Y desconcierta, como el papel de Renner, muy desdibujado. A veces los sueños devienen efímeros, dolorosos y se derrumban como un castillo de naipes. La película no satisface del todo las expectativas que había generado lo visto antes. El sueño no se ha hecho realidad completamente. Es una buena película (sobre todo la parte final), pero podría haberlo sido mucho más.

 

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Marta Armengou

Marta Armengou (Barcelona, 1976). Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Ramon Llull. Crítica de cine. Llevo 15 años trabajando en el ámbito de la cultura en general y del cine en particular. Actualmente, dirijo el programa cinematográfico "La Cartellera" de BTV. Durante cinco años fui Jefa de Cultura de los Informativos de Localia TV. También he ejercido de redactora en diversas publicaciones y de realizadora y guionista de programas para TVC o La2.