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Un castillo en Italia

Valeria Bruni Tedeschi

Francia, 2013

7

 

Marta Armengou

 

“Un castillo en Italia”, la película que inauguró la cuarta edición del D'A, el Festival de Cine de Autor de Barcelona, es la tercera incursión en la dirección de la actriz Valeria Bruni Tedeschi. Y al igual que con sus anteriores películas, ”Es más fácil para un camello...” y “Actrices”, la mayor fuente de inspiración sigue siendo ella misma, su propia vida y la de su familia. La participación de Bruni en este proyecto tan personal es triple, ya que, además de dirigir, se reserva el papel protagonista y coescribe el guion, junto con Noémie Lvovsky y Agnès de Sacy, ambas colaboradoras habituales.

 

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Un castillo en Italia” es la historia, en parte autobiográfica, de Louise (interpretada por la propia Valeria Bruni Tedeschi), una actriz retirada de 43 años en plena crisis existencial. Mientras busca algo que de sentido a su vida, tiene que lidiar con su madre (la actriz y pianista Marisa Borini, madre en la ficción y en vida real de la cineasta) y con su hermano enfermo de sida (espléndido Filippo Timi). Ante la dificultad de mantener el ostentoso patrimonio de su difunto progenitor, y ahogados por las deudas, madre e hijos necesitan actuar y aligerar el dispendio económico que supone el mantenimiento de su patrimonio (como el castillo familiar en Italia que da título a la cinta). Paralelamente, Louise conoce a Nathan (Louis Garrel excompañero de Bruni), un joven e inseguro actor francés que despierta de nuevo en ella sus deseos de amor y maternidad.

 

La directora se enfrenta a sus traumas y nos muestra su lado más vulnerable y frágil. A pesar de su condición social, para nada modesta, sabe mantener una distancia muy prudente sobre sí misma lo que hace que sus problemas no resulten triviales, si no parecidos a los de cualquier otra persona. Cómo en sus dos obras anteriores, personaje y artista llegan a confundirse y, con sinceridad y sin condescendencia, Bruni deja a cuerpo descubierto aquello más íntimo para hablarnos con franqueza, dureza pero también con mucho humor de esa incansable búsqueda para encontrar la tan ansiada felicidad. En ese camino, nos va exponiendo sus angustias, sus neurosis y sus recuerdos, mientras la enfermedad de su hermano se agrava, su novio le asegura que no quiere tener hijos y las disputas familiares por la herencia la desestabilizan todavía más. A pesar de la gravedad de algunos de los temas tratados, la película no pierde nunca la gracia. Al tratarlo casi todo desde un punto de vista sarcástico y crítico, Bruni consigue que empaticemos con esa familia bien de la que, poco a poco, vamos conociendo sus inseguridades e interioridades.

 

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En la película, lo íntimo se vuelve universal, lo luminoso se tiñe de negro, lo ligero se transforma en solemne y lo trágico se convierte en cómico (Bruni demuestra un innegable talento para la comedia). A veces, lo hace de manera más fluida, otras, de manera más torpe, pero siempre consiguiendo que estallen de manera vívida todas las emociones humanas, de la misma manera que lo hace la protagonista, capaz de pasar de las risas a las lágrimas en cuestión de segundos. Sólo desentona, en su conjunto, una frivolidad tan caprichosa como chocante: el cameo del actor Omar Sharif.

 

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“Un castillo en Italia” es el retrato de una familia de origen burgués que se desmorona. A través de personajes algo extravagantes (sin llegar a resultar exasperantes) y con un acertado tono que bascula entre la comedia y el drama, como si Bruni (italiana de nacimiento, pero francesa de adopción) cogiera, a grandes rasgos, lo más identificativo de cada cinematografía, lo a menudo introspectivo, reflexivo, literario e intelectual del cine francés, y lo más liviano, alegre, desenfadado y caricaturesco, por lo general, del cine italiano, para reflejar la decadencia de una cierta aristocracia europea que se viene abajo y de un mundo que se derrumba ruidosamente como el castaño centenario del castillo familiar. Un momento impagable (tiene muchos otros) que parece una clara referencia a “El jardín de los cerezos”. En la película de Bruni la tala del árbol se convierte en un reflejo del declive económico de una familia, del mismo modo como sucedía en la obra de Ánton Chéjov. Es el fin de una época pero, también, el inicio de otra.

 

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Marta Armengou

Marta Armengou (Barcelona, 1976). Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Ramon Llull. Crítica de cine. Llevo 15 años trabajando en el ámbito de la cultura en general y del cine en particular. Actualmente, dirijo el programa cinematográfico "La Cartellera" de BTV. Durante cinco años fui Jefa de Cultura de los Informativos de Localia TV. También he ejercido de redactora en diversas publicaciones y de realizadora y guionista de programas para TVC o La2.

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