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Aprendiz de Gigoló

John Turturro

EE.UU., 2013

5

 

Marta Armengou

 

Hay muchas parejas más o menos extrañas, pero la de John Turturro y Woody Allen es una de esas raras alianzas que nos brinda el cine de vez en cuando. Si a esto le añadimos que, en muy contadas ocasiones Woody Allen ha actuado en una película sin ser el guionista o el director, la unión de estos dos cineastas todavía resulta más dispar. Allen no había aparecido en una película de otro desde el año 2000 con Cachitos picantes, de Alfonso Arau. “Escenas en una galería” o “Lío en La Habana” son algunos de los guiones ajenos en los que el neoyorquino ha participado como actor. Y, a decir verdad, de todas las películas, pocas de ellas son buenas. No sé si el genial director tiene mal olfato para escoger los proyectos o es que prefiere priorizar el hecho de pasárselo bien pero, el film que ahora nos ocupa, “Aprendiz de gigoló”, también deja bastante que desear.

 

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En el quinto largometraje de Turturro, después de “Mac” (1992), “Illuminata” (1999), “Romance & Cigarettes” (2005) y el documental “Passione” (2010), el ítaloamericano se decanta más por la comedia que por el melodrama, como había hecho hasta ahora. Hay que reconocer que el punto de partida es tronchante: Fioravante (John Turturro) decide hacerse gigoló para sacar algún dinero con el que ayudar a su amigo Murray (Woody Allen), que está sin blanca. A Murray se le ocurre esta disparatada idea cuando su dermatóloga (Sharon Stone) le comenta que busca a un hombre para montarse un trío con unaamiga (Sofia Vergara). Murray se encuentra en una situación financiera muy precaria tras el cierre de su librería y convence a Fioravante, que tiene una floristería, que es la persona más indicada para la tarea. Aunque la idea no le apasiona inicialmente, su economía tampoco anda muy boyante y se da cuenta de que hay peores formas de ganarse la vida que haciendo felices a dos mujeres faltas de cariño. Y así, prueban suerte con el negocio de la prostitución masculina, uno como gigoló y el otro como chulo. Con esas, los dos socios van ampliando el círculo de clientas. El problema es que Fioravante acaba encontrando el amor.

 

Es evidente que “Aprendiz de gigoló” no sería igual sin Woody Allen. Allen hace Allen y, esto, ya sabemos que se le da muy bien. Pero su sombra es muy alargada y parece estar demasiado presente en la película, ya sea en los diálogos pretendidamente ingeniosos, en la caricatura de la comunidad judía (aunque también se ríe de los negros y de las mujeres guapas, blancas y ricas) y de los abismos que separan hombres y mujeres. Incluso, parece imitarle también en la elección de la música. Y ni Turturro es Allen, ni de una buena idea sale, forzosamente, una buena película.

 

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El resultado es una mezcla de cosas que no encajan. A pesar de un planteamiento hilarante, la historia es tan irreal e inverosímil que da lugar a un film, a ratos simpático, a ratos melancólico, pero muy irregular y lleno de sinsentidos. La sensación es de no tener muy claro qué quiere contarnos. Sabemos que Turturro no es especialmente agraciado y, aunque en la película se nos venda que tiene un don extraordinario que encandila a las mujeres: su capacidad de comprensión y atención, se hace difícil de creer en el papel de un Don Juan cuyo encanto trae loco a todas las mujeres. Por lo menos, en la vida real, le habrá servido para subirle el ego y la autoestima y ser la envidia de muchos espectadores.

 

“Aprendiz de gigoló” es más bien una fábula sobre la soledad y la infelicidad contemporáneas. La mayoría de los personajes están más solos que la una. Lo que les une a todos es el deseo de conectar con otras personas. Algo muy manido que, a lo mejor, en manos de Allen podría haberle sacado más potencial y obtener un resultado mucho más cómico. En las de Turturro, se convierte en una película sosa, ligera, intrascendente, divertida en muy contadas ocasiones, y con unos personajes femeninos muy estereotipados y unos masculinos que de tan memos, eso sí, les acabas cogiendo cariño. Lo mejor, la presencia de Woody Allen.

 

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Marta Armengou

Marta Armengou (Barcelona, 1976). Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Ramon Llull. Crítica de cine. Llevo 15 años trabajando en el ámbito de la cultura en general y del cine en particular. Actualmente, dirijo el programa cinematográfico "La Cartellera" de BTV. Durante cinco años fui Jefa de Cultura de los Informativos de Localia TV. También he ejercido de redactora en diversas publicaciones y de realizadora y guionista de programas para TVC o La2.