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La imagen perdida

Rithy Panh

Camboya / Francia, 2013

7,5

 

Marta Armengou

 

Vivimos rodeados de dispositivos preparados para grabar en cualquier momento. Cada minuto se cuelgan en la red millones de fotos y vídeos. Todo el mundo es susceptible de fotografiar y registrar y de ser retratado o filmado. Creemos haberlo visto todo. Pero no es así. De algunos hechos históricos, no hay imágenes o se han perdido. Lo que si hay es testigos.

 

Rithy Panh es cineasta y escritor, pero también fue una de las víctimas del genocidio camboyano perpetrado por los guerrilleros conocidos como jemeres rojos entre 1975 y 1979. En cuatro años, casi dos millones de personas –un tercio de la población– murieron dentro de las fronteras del país. Cuando el régimen comunista de Pol Pot tomó la capital de Camboya, Panh tenía 11 años. Fue en un campo de trabajo donde fue asesinada toda su familia aunque él pudo escapar. El germen de "La imagen perdida" es una instantánea de una ejecución tomada por los propios jemeres rojos, de la que el director tuvo conocimiento, pero que nunca llegó a encontrar. Ante esa imagen ausente, una imagen que probaría el exterminio, él decide crearla. A partir de ahí, reconstruye su propia experiencia basándose en sus recuerdos y anécdotas.

 

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La solución, arriesgada y poco convencional, para recrear su historia es el uso de figuras de arcilla talladas y pintadas a mano. La escasez de documentos gráficos lo lleva a completar su testimonio fílmico con estos muñecos de barro que conviven e interactúan con material de archivo e imágenes oficiales y de propaganda en blanco y negro. Todo ello, acompañado de una voz en off (en primera persona) a cargo del actor Randal Douc.

 

"La imagen perdida" (Mejor película en la sección Un Certain Regard de Cannes y nominada al Oscar a la Mejor Película Extranjera) es una adaptación de algunas secciones autobiográficas de su libro “La eliminación” y supone la tercera parte de la trilogía sobre la masacre de Camboya, completada por "S-21, la máquina roja de matar" (2003) y "Duch, El maestro de las forjas del infierno" (2011). Si en la primera reunía víctimas y varios de los que fueron sus torturadores para tratar de entender el porqué de las violaciones, abusos y maltratos sobre gente inocente; en la segunda entrevistaba a uno de los mayores responsables de aquel genocidio, encarcelado y juzgado por crímenes de guerra.

 

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El nexo común de toda la obra de Panh es la obsesión por encontrar sentido a la exterminación que vivió. "La imagen perdida" profundiza en la memoria y en la representación del dolor, la crueldad y la locura de los jemeres rojos e intentar llenar un vacío histórico y emocional, como también hizo el cineasta francés Claude Lanzmann en "Shoah" (1985), la más reciente "El último de los injustos" (que reunía víctimas, testigos y verdugos del exterminio judío durante la 2ª Guerra Mundial), "The Act of Killing" (2012) de Joshua Oppenheimer, que recreaba los crímenes y los métodos utilizados para matar a sus víctimas durante el genocidio perpetrado en Indonesia tras el golpe de Suharto en 1966, o también "Approved for adoption" (2012) de Laurent Boileau y Jung Henin, que contaba la historia de un niño abandonado tras la guerra de Corea, adoptado después por una familia belga, y que alternaba la imagen real con la animación, para llenar los huecos de los que tampoco había imágenes. 

 

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Rithy Panh ha tratado de extraer el mayor jugo posible a las posibilidades que ofrece el cine para rehacer y rememorar las imágenes que faltan. Un viaje que tiene una vertiente creativa, histórica, didáctica y también catártica, porque en él saca a relucir sus sentimientos y sus traumas más profundos como si quisiera reconciliarse con su pasado. En cualquier caso, no quiere hacer un espectáculo truculento de lo que ocurrió, únicamente quiere representarlo, pero de manera bastante distante. De ahí, su elección por unas figuritas de barro. El problema es que esta apuesta, a pesar de ser única y original, crea cierta distancia con el espectador. Las figuras son estáticas, inmóviles e impasibles, con lo que es bastante difícil concentrar en ellas las emociones más primarias.

 

Lo mejor de "La imagen perdida" es que nos vuelve a demostrar la capacidad del cine por reinventarse constantemente y para ofrecer un documento novedoso y osado que nos permita, no sólo comprender y reflexionar sobre lo que pasó, sino seguir recordando unos hechos que es imposible (y que no se deben) olvidar. Un film intimista, universal y conmovedor, alejado de todo sensacionalismo, y con discurso sereno y poético. Es la imaginación hecha realidad. Es la pesadilla convertida en arte.

 

Comentarios
Marta Armengou

Marta Armengou (Barcelona, 1976). Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Ramon Llull. Crítica de cine. Llevo 15 años trabajando en el ámbito de la cultura en general y del cine en particular. Actualmente, dirijo el programa cinematográfico "La Cartellera" de BTV. Durante cinco años fui Jefa de Cultura de los Informativos de Localia TV. También he ejercido de redactora en diversas publicaciones y de realizadora y guionista de programas para TVC o La2.

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