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Monkey Weekend 2017

El mono se va a los puertos

  

Redacción 

 

 

Cuando el Monkey Week hizo las maletas para mudarse a Sevilla (un cambio que resultaba imprescindible para que este particular híbrido de festival y feria musical pudiera seguir creciendo), se comprometió con la localidad que le vio nacer, El Puerto de Santa María, a que no perderían el contacto, a que inventarían  alguna excusa para volver a casa. Una excusa que ha ido creciendo hasta convertirse en todo un hermano pequeño del festival padre, que concentra sus actividades en un día y pico (16 y 17 de junio), y en el que sólo se queda fuera, por razones obvias, la parte dedicada a los profesionales de la industria.

 

Fiel a su modelo original, Monkey Weekend se desparrama por varios puntos de la ciudad, ocupando edificios singulares (algunos ya conocidos, como la Plaza de Alfonso X; otros nuevos, como el Museo en el Hospitalito o el interior del Castillo de San Marcos), bares que sonarán a gloria a los peregrinos habituales del festival (Bar Santa María, La Cristalera, Sala Milwaukee, El Cielo de la Cayetana) y hasta algún invento para la ocasión, como un garaje enfrente del Bugalú o uno de los barcos que están atracados en el muelle. Un laberinto de locales y espacios, por el que se repartirán más de cincuenta conciertos de bandas nacionales e internacionales, en los que se hace gala de la particular apertura de mente y de estilo de la que siempre ha presumido este festival.

 

Así, se podrán ver desde la fusión de rock y flamenco que facturan Rosalía & Refree hasta el trap de Pedro Ladroga, desde el pasacalles folkie de Lorena Álvarez a la actualización del sonido post-punk de Fiera o el techno de Perla DJ. Añadan a lo anterior el rock desacomplejado de Cabezafuego, el surrealismo sintético de Perlita, los ecos a bolero de La Big Rabia, el sonido new wave de All La Glory, el rock cochino de Little Cobras, la cumbia digital de Caballito, el habitual bien hacer de Za!, apuestas personales de los organizadores, como Bronquio o Space Surimi y la inevitable actuación de Paco Loco (esta vez con Los Jaguares de la Bahía), y verán que tienen entre las manos una programación tan variada como inabarcable. Suerte entonces que, mientras van saltando de un concierto al siguiente, tropezarán con infinidad de tascas, bares y restaurantes en los que reponer fuerzas a base de tortillitas de camarones, langostinos del tamaño de un brazo, pescaíto frito de la Bahía, manzanillas y vinos generosos. Y todo esto sin olvidar, como bien saben los más valientes, que siempre nos quedará La Gaviota.

 

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