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Cat Power en Cruïlla de Tardor

01/11/2018, Razzmatazz 1, Barcelona

7,5

 

Texto Marc García 

 

 

Orillando a un tiempo los riesgos de la autoexhibición desbordante y de la corrección levemente formularia que sabotearon (en grados disímiles) sus dos últimas visitas a Barcelona (sin contar su pase como telonera de Lana del Rey el pasado abril), Cat Power ofreció el pasado jueves en Razzmatazz el mejor concierto que se le recuerda en fechas recientes, por la vía de aplicar a su directo la receta esencializadora que ha convertido “Wanderer” en un deseado regreso a la forma tras la leve decepción que supusieron las superficies relucientes de “Sun” (2012). Una especie de back to basics, esto es, que en vivo cristalizó en un austero repertorio de canciones frágiles y quebradizas, vaciadas, que erigen su neblinoso encanto, en la frontera entre la dulzura y la tiniebla, sobre muy pocos elementos, dosificados con sabiduría y reiterados para aumentar sus propiedades incantatorias, y sobre la voz y la presencia escénica de una frontwoman de carisma ambivalente y fuerza irregular, pero que exuda honestidad en sus ademanes nerviosos, su discreción retraída, el aturullamiento inconexo de las palabras que, al final del concierto, rompieron al fin su sostenido laconismo, camuflado entre las luces tenues del escenario.

 

Los movimientos que, modestos pero decisivos, marcaron la dinámica de los noventa minutos que tocó Cat Power el jueves, pues, podrían capturarse a través de una serie de sucintas figuras instrumentales encadenadas como instantáneas del concierto. Así, los arpegios de guitarra y el tejido levísimo de sintetizadores de la inicial “He Turns Down”; el piano jazzy, bluesy de “Horizon”; el repicar del bombo tras el estribillo de “Robin Hood”; el fingerpicking y la batería rezagada de “These Days”, que escribió Jackson Browne e inmortalizó Nico; los ecos del teclado en la intensa y aclamada “Me Voy”, con sus aires incitantemente tex mex; el vaivén entre el piano minimalista y los timbales en “In Your Face”. Pero también la inyección de electricidad que supusieron la obsesiva “Metal Heart” o los power chords de la punzante “Cross Bones Style”, de cuando en “Moon Pix” la indie Cat Power de sus primeros compases no estaba tan lejos de una P. J. Harvey, sin olvidar los trazos sintéticos, con un tintineo casi oriental, de “Manhattan”, además de la guitarra muteada de la tradicional “He Was a Friend of Mine”, o la que, repitiendo incansable un único motivo, sirvió como el cañamazo sobre el que Chan Marshall enhebró una versión de “The Moon” arrancada a la tiniebla. Entre medio, “Woman” rubricó su estatus de nuevo clásico y, con la serena dinámica ascendente que moldea su discurso autoafirmativo, aceleró un tempo que sostuvo la versión de “Pa Pa Power” de Dead Man’s Bones“Wanderer” se escoró hacia un blues fantasmagórico y rural a lo “In the Pines” y una “Good Woman” entre susurros de voz y escobillas mereció, quizá por ser una de las canciones más brillantes que en ella sonaron, las primeras, ruborizadas, palabras de la noche. Una noche imperfecta pero notable que una Cat Power sonriente y agradecida cerró con saludo de mando y puño en alto, tranquilizadoramente dispuesta a continuar desmintiendo esa sentencia lapidaria que profería en su concierto de 2014 en el Auditori: “Creo que ya no puedo con lo de seguir cantando para la gente”. Los que estuvimos el jueves en Razmatazz para verla en su versión más sobria, contenida, desnuda e insinuante de los últimos tiempos celebramos la oportunidad de llevarle la contraria. 

Marc García

Marc García (Barcelona, 1986). Licenciado en Humanidades (UPF) y Teoría de la Literatura y Literatura Comparada (UB). Ha colaborado en medios como Quimera, Qué Leer, numerocero, Revista de Letras, Hermano Cerdo, The Barcelona Review Panfleto Calidoscopio. Trabaja como editor de mesa, y es también corrector, redactor, traductor y lector editorial.