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Low en Barcelona

03/10/2018, Fabra i Coats, Barcelona

9,8

 

Texto Lidia Noguerol  

Fotos Eric Altimis

 

 

De los conciertos de Low siempre salgo de la misma manera: levitando. Fue escuchar los primeros compases del trio de Duluth y dejar de sentir el suelo. Conforme iba avanzando un concierto que duraría casi dos horas y en el que Alan Sparhawk, Mimi Parker y Steve Garrington tocaron entero el excelente, arriesgado y desafiante “Double Negative” y a la vez repasaron sus veinticinco años de carrera, el tiempo pareció suspenderse y el pulso de las canciones de la banda paso a ser el de los asistentes.

 

 

Alan Sparkhawk se dirigió dos veces al público callado y respetuoso (las dos décimas que faltan a la puntuación para llegar a diez es porqué se las merece el respetable). La primera vez recomendó a la gente moverse para que no se durmiera y la segunda dijo que era increíble encontrarse con un público tan tranquilo y callado.

 

 

Una de las claves de tan hipnótico concierto fue las canciones que eligieron, el orden en que las tocaron y cómo las tocaron, manejando con pericia los contrastes. Intercalaron canciones de “Ones & Sixes”, “The Invisible Way”, “C’mon”, “Drums and Guns”, “The Great Destroyer”, “The Curtain Hits The Cast” y “I Could Live in Hope”. De los tres últimos álbumes citados no cayeron sus “hits”. Algunas de estas canciones se fundieron con las de “Double Negative” porqué seguían su misma línea experimental y ruidosa. Otras, más estructuradas, sirvieron para que el público pudiera salir de la maraña de distorsión en la que Low los había envuelto y volvieran a la tierra siguiendo las preciosas y envenenadas melodías del grupo, que no se olvidó de propinar unos cuantos arañazos de slowcore primerizo a sus áridos pasajes instrumentales.

 

 

La austeridad, la luz y la oscuridad, la desolación y la esperanza y los crescendos sostenidos brillaron como los vidrios de un rosetón de iglesia. Y las voces celestiales de Alan y Mimi y sus dinámicas embelesaron cómo siempre, apareciendo y despareciendo tras capas de distorsión, ecos y tremolos cortesía de Steve Garrigton y su bajo sostenido que ha encontrado su lugar en la cotidianidad matrimonial que comparten también sobre el escenario Sparhawk y Parker. La pareja bebía del mismo vaso y Mimi se limitó a taparse los oídos y poner cara de disgusto durante un pitido demasiado largo de la vibrante e hiperactiva guitarra de su marido. Low se despidió con un solo bis y aunque hablará de un asesino, a mi me sonó como la frase final de una misa: “Hermanos iros en paz”.

 

Balago fueron los encargados de abrir para el trio con su nuevo disco “El demà”. Un disco de electrónica oscura, de pasajes ambient y bajos gordos que con sus cuerdas brumosas, sus ritmos marciales, sus sonidos rugosos y unas melodías que parecían salidas de un abismo fue un buen preámbulo para la ceremonia que se ofició después. 

 

Lidia Noguerol

Lídia Noguerol comparte profesión con Barbara Gordon (Batgirl). Cuando no le toca lidiar con adolescentes descarriados, borrachos y indigentes, se dedica a seleccionar música, cine, libros y cómics. Por la noche, cuando no va al cine o se queda en casa leyendo, transita autopistas y carreteras secundarias y recorre los ejes de comunicación del país, en busca de conciertos de los que hablar por la mañana siguiente en prensa local, portales culturales, blogs y prensa especializada como la extinta Go Mag. Buscando un mundo mejor, ha ido a parar a Blisstopic, un lugar tan excitante como Gotham.