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Damon & Naomi + Thalia Zedek en Barcelona

09/02/2018, BeGood, Barcelona

 

Sergi de Diego Mas

 

Fotos Montse Melero

 

Sólo recuerdo lo que recuerdo.

 

Las noches y los días, confundidas entre magisterios, procedimientos, papeles y expedientes que dicen ser electrónicos. Divido las piezas y las horas, el tiempo transcurre y no se perfila.

 

O sí.

 

Observo la agenda que no tengo, apunto en la agenda que no tengo las faltas, las noches y los días. Los conciertos que nunca fueron. "No me tolero: me abrumo, me excedo; caen fragmentos de mí con la inexorabilidad con que amanecen los días y con que soporto los días".

 

Lo escribe Eduardo Moga, aunque yo lo diga distinto.

 

Me mareo en el coche, justo cuando aparco en aquel chaflán del antiguamente industrial Poblenou, manchesteriano sin Manchester, barcelonés (a veces) sin Barcelona. 

 

La magdalena de Proust es una canción de Galaxie 500, y Damon and Naomi son sólo dos tercios matemáticos de una falta.

 

Luego está Come, pero está Thalia Zedek. Aquí sólo funciona la metástasis nostálgica de este escriba desmemoriado, desvinculado del presente.

 

Recuerdo que no recuerdo.

 

Recuerdo que la voz corrosiva de Thalia Zedek era el plato principal, pero todo se invirtió, luego.

 

Sobre el escenario, me refiero.

 

Por primera vez había imágenes, aunque toda imagen es una primera vez, cada imagen es virginal, atrapada en el carrete mágico de una cámara

 

 

Sobre el escenario del BeGood, aparecen una guitarra eléctrica y ella, Thalia Zedek y su guitarra, recíprocas. No reconocemos la marca. Tomo una foto al mástil, a un extremo del cuerpo.

 

Zoom.

 

La imagen se pixela, el abecedario distorsionado en el pentagrama, y suenan furiosas y underground “Fighting Season”, o “We Will Roll”, o “Fell So Hard”, o “By The Hand”, o “You Will Wake”.

 

Su voz es trueno y necesita té y limón, líquido y arma de destrucción masiva, clásica e imprecindible, su presencia es imponente, y quien afirme lo contrario lo hará en silencio, en la intimidad cobarde de una casa en la que nadie le escuche.

 

 

Ella continuará castigándose por nosotros, mientras llega la dulzura extraña y dicotómica de Damon Krukowski y Naomi Yang, Damon & Naomi, alejados de Dean Wareham, si jamás estuvieron juntos. Él, con su guitarra acústica de 12 cuerdas, ella con su órgano, sus voces cálidas y pálidas, sonido austero y anémico, ajenos al futuro imperfecto. Empiezan el set con “How Do I Say Goodbye”, y se van sucediendo, inanes, “Judah and the Maccabees”, “Lilac Land” o “Fortune”, del cortometraje mudo dirigido por Naomi y cuyo visionado puede disfrutarse –mucho– en http://www.naomivision.com/shortfilm.

 

A pesar de las sonrisas y de la infinita química, casi alquimia, continúa faltando algo. Hace más de una década el acompañamiento de Ghost cubría parcialmente –un satélite– el vacío en la Galaxia número 500, aunque el público respondió con calidez y cariño.

 

Yo seguía recordando la pérdida de equilibrio dentro del coche, una hora y poco antes, de aquel viernes, y entonces, de entre el público volvió a aparecer Thalia Zedek, para colocarse en el centro del escenario, y regalarnos el Dance me to the end of love de Leonard Cohen y el “Translucent Carriages” de Pearls Before Swine, (Tom Rapp premonición o no, fallecería pocos días después…), y que todos queríamos rebautizar como versión de la Velvet Underground (la similitud familiar con la sinuosa “Ocean”) sin recordar (porque lo escondido, oculto sigue) que también Psychic TV la versiona.

 

Las ausencias, faltas o no, me emocionan «sin minutos, sin órganos, libre de círculos y sílabas, asistido solamente por la felicidad de la negación, por el resplandor de lo intangible».

 

Lo escribe Eduardo Moga, aunque yo lo diga distinto.

 

La emoción me embriaga, el coche aparcado en el chaflán, el frío en las calles de un viernes de febrero.

 

El camino a casa de un recuerdo ya olvidado.

 

Puntación:

Damon & Naomi 6

Thalia Zedek 8

Sergi de Diego

Melómano compulsivo y urbanita adicto a YouTube. Ha escrito “E-mails para Roland Emmerich” (Honolulu Books, 2012) pensando en J. G. Ballard y los próximos cinco minutos. Sus películas favoritas son “Annie Hall”, “Mulholland Drive” y “Tiburón”. Padece ataques de nostalgia al recordar “Los 4 Fantásticos” de John Byrne. Le gusta repetir que “El final del verano es el principio de los conciertos”. Forma parte del colectivo DJ The Lokos. Es fan de Roy Orbison y Sonic Youth. Lo puedes encontrar en su blog, Interferncia Sónica