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Jóhann Jóhannsson en Barcelona

31/01/2018, L’Auditori, Barcelona

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Manu González

Fotos Montse Melero

 

Tras un grandioso 2016 en el cual el compositor islandés Jóhann Jóhannsson publicó dos de sus mejores trabajos, la banda sonora de “Arrival” y su primer disco para Deutsche Grammofon, “Orphee”, al creador de las partituras de “Sicario” o “Prisoners” le ha tocado un 2017 horribilis. Primero, fue despedido de la superproducción de “Blade Runner 2049” por poco comercial y Warner contrató a Hans Zimmer para hacer el score. Segundo, tras trabaja en el soundtrack de la arriesgada “Madre!” de Darren Aranofsky, director, compositor y el editor de sonido Coll Anderson vieron que la película funcionaba mejor sin música. Esta última fue una decisión consensuada, pero no deja de ser bastante jodido estar trabajando seis meses en un film para que este, al final, no sirva para nada. Esperemos que algún día el autor se atreva a grabar y publicar los scores de estas dos películas. Yo lo espero, francamente.

 

Con la buena noticia de su presencia en el próximo Primavera Sound 2018, Jóhannsson volvía a Barcelona para tocar en un sitio regio, el gran Auditori de la Ciudad Condal. Su último concierto en tierras catalanas fue en 2010 en la sala Apolo acompañado del chelo de Hildur Gudnadóttir. Apenas 150 personas se acercaron a aquel concierto, justo cuando el compositor islandés había estrenado “Fordlandia” (2008) y And In The Endless Pause There Came The Sound Of Bees” (2009). Hoy, con un globo de oro bajo el brazo y nominaciones a los Oscars, Jóhannsson es capaz de llenar L’Auditori de Barcelona donde su concierto es seguido como si se tratase de una experiencia religiosa. No viene solo, le acompañan el quinteto de cuerda Echo Collective y el guitarra Þórarinn Guðnason de la banda islandesa Agent Fresco, grupo que no tengo el gusto de haber escuchado pero pienso arreglarlo en breve.

 

 

Cuando la banda ataca un “Fordlandia” final que suena estruendosa y bastante mal sincronizado en la parte electrónica, el público de L’Auditori rompe en aplausos y todo el mundo se maravilla de la gran noche que ha pasado. Yo ya hacía bastante que estaba fuera del concierto, orbitando solo en el espacio exterior, como diría Margallo. No cogí el móvil y me puse a mirar twitter por respeto a la gente que me rodeaba y al propio artista. Pero la verdad es que fue una sesión agridulce, donde la comunicación entre Jóhannsson, Guðnason y el quinteto de cuerda se dio muy pocas veces. Cuando las cuerdas iban solas, no estaba mal, un poco fría la ejecución, pero correcta. En temas como “A song for Europa”, A sparrow alighted upon our shoulder” o la sobrecogedora “A deal with chaos”, estábamos viendo al Echo Collective interpretando temas de Jóhann Jóhannsson. Pero estos momentos no emocionaron tanto como cuando Jóhannsson participaba íntegramente en el concierto, como la preciosa y triste “Jói & Karen” o la construcción minimalista de “Flight From the City”. Además, que el chelo este llorando en el centro del escenario mientras Jóhannsson manipula un magnetófono que no le funciona durante tres largos minutos no es mi definición de concierto hipnótico, como han escrito algunos en las redes sociales. Es mi definición de desastre visual. Tampoco ayudaba el encargado de las luces del Auditori cuando le daba por dejarte ciego con los focos apuntando a la platea, o cuando se puso “heavy” siguiendo el ritmo de una base con unos focos que parecían rayos láser. En las filas superiores nos perdíamos los detalles de las proyecciones de animales oscurecidos, que en ocasiones me recordaron mucho al escalofriante ciervo negro de la serie “Hannibal”.

 

Aparte de los problemas con el maldito magnetófono que le falló en dos ocasiones y que, francamente, a mí me hicieron sufrir bastante, pocas veces los samplers y la orquesta sonaron bien y conjuntados. También existía el problema de que el sonido electrónico tapaba el piano de cola del compositor islandés. Sucedió con Sálfræðingur”, más cercana a los experimentos de techno con orquesta mal de Flaix FM que al buen arte de Jóhannsson en sus discos, y, sobre todo, con esa “Fordlandia” a la que se le quitó toda su magia para convertirse en una especie de orgía dronera final a lo Sigur Rós bastante disonante (si la gente que fue al concierto no me cree, escuchen la versión con la misma banda que Jóhannsson realizó en el Elbphilharmonie de Hamburgo el pasado 3 de octubre de 2017, aquí). Sólo en “Odi et amo” (también en “Englabörn”) pareció que la parte electrónica encontraba su sitio. Aunque, claro, se trata sólo de un simple sampler de voz manipulado. Esperemos que el concierto del Primavera Sound sea mejor. Yo siempre volveré a confiar en uno de los mejores compositores del siglo XXI.  

Manu González

Hizo su primer trabajo periodístico entrevistando a Derrick May por fax en 1995 para la desaparecida revista aB. Desde entonces, este natural de Hospitalet de Llobregat (1974) ha colaborado en publicaciones como Qué Leer (donde se encarga de la sección de cómic), Guía del Ocio BCN, Playground Mag, Revista Trama, EnBarcelona Magazine, Terra Gum, Hoy Empieza Todo (RNE 3), Agenda San Miguel o los catálogos del Festival Sónar 1997 y el Festival Doctor Music 1998. Experto en cómic y literatura fantástica, ha colaborado con editoriales como RBA, Random House Mondadori y Círculo de Lectores. Pero sobre todo es conocido por haber sido el Jefe de redacción de la revista Go Mag desde mayo de 2001 hasta su último número en junio de 2013.

manu@blisstopic.com