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Tony Visconti and Woody Woodmansey’s Holy Holy al Festival Internacional de Jazz de Barcelona

03/11/2017, Barts, Barcelona

6,5
 

Sergi de Diego Mas

Fotos Eric Altimis

 

 

Cuatro años después del viaje a un nuevo plano de Lou Reed y casi dos años después del viaje interdimensional de David Bowie, llegó un momento de celebración especial, de fiesta por haber coincidido en el espacio tiempo con, en este caso, el Duque Blanco.

 

No es Holy Holy una banda cualquiera, pues entre sus miembros se encuentran Tony Visconti (eterna su amistad con Bowie y afamado productor de centenares de discos que forman parte del presente y para siempre del futuro; es suficiente recordar las pistas múltiples de “The Man Who Sold the World”, “Low”, “Heroes”, “Scary Monsters”, “The Next Day” o el majestuoso “Blackstar”) y Woody Woodmansey, único miembro con vida de los míticios Spiders from Mars que acompañaron a Ziggy Stardust. A estos se les añadía en las voces (difícil papel) Glenn Gregory, del grupo de synth-pop Heaven 17, con ese tan característico aspecto de humorista británico a te una sesión de micro en un pub, aportó el tono glam que requería la revisitación y viaje en el tiempo a esos muy primerizos años de la década de los setenta.

 

Así pues, la celebración era a toda una época que todavía nos envuelve en teatros, cabarets, discotecas y tugurios que se apartan de la mirada superficial. La banda dio inicio al show con “Width Of A Circle” de “The Man Who Sold The World”, antes de anunciar que la fiesta iba a proseguir con la interpretación del álbum “The Rise and Fall of Ziggy Stardust and The Spiders From Mars”. Woody comienza el inconfundible ritmo que sustenta el tema “Five Years”, y nos damos cuenta de cuánto se le debe a Bowie (pienso repentinamente en la voz de principios de siglo 21 de Wayne Coyne y sus Flaming Lips, y que no ha logrado mantener en esas alturas) y de que Gregory se enfrenta a una tarea imposible porque simplemente él no es David Bowie.

 

 

A las guitarras, tanto James Stevenson como Paul Cudderford, quienes han participado de proyectos con The Cult o Ian Hunter, recrean a la perfección el clásico agudo gruñido glam, acompañadas en la acústica (y en un saxo en demasiado segundo plano) por Jessica Lee Morgan, hija de Visconti. Éste y Woodmansey son una sección rítmica sólida como una roca. Woody impresiona con rellenos hábiles que no quieren sobresalir del resto: a eso se le llama clase, y los conocimientos de Visconti como "violonchelista" hacen que sus dedos acaricien el cuello de su bajo y su interpretación sea tan melódica como rítmica.

 

Prosigue la performance (vigilante el ojo del gran Duque desde el bombo de la batería) con “Soul Love” y “Teenage Moondream”. Pocas guitarras acústicas son tan deudoras de una época como la acústica de Bowie durante este período de su carrera. El resto siempre serán copias, bendecidos plagios, aunque no lo queramos reconocer. No hace falta que los acordes de “Starman”, “Lady Stardust”, “Star” nos den la razón y emocionen al público (en una floja asistencia a la que seguramente no ayudaron ni el estado de la cuestión –catalana-, ni los elevados precios en taquilla).

 

También llegaron los riffs juguetones de “Hang On To Yourself”, con una divertida línea de bajo, hasta uno de los puntos álgidos de la noche: la intro de guitarra de “Ziggy Stardust”. No nos hemos dado cuenta y hemos llegado en una carrera contra el tiempo al final de un clásico (¿qué mejor título que “Rock ‘N’Roll Suicide?).

 

 

A partir de aquí, todo se convierte en un regalo de cumpleaños: el medley del directo de Hammersmith Odeon del 3 de julio de 1973 (“Wildeyed Boy From Freecloud / All The Young Dudes / Oh, You Pretty Things”) se convierte en un karaoke del público, que se desgañita derramando cerveza de sus manos, y a éste le siguen un paquete de grandes éxitos de los años setenta: “Changes”, “Life On Mars?”, “The Supermen”, “The Man Who Sold The World” y “Black Country Rock”, con la que pondrían fin al concierto.

 

Glenn Gregory, socarrón y feliz, prometía que si se hacía suficiente ruido, Visconti y Woodmansey no darían uno, sino dos bises. Y así fue, con “Time”, del “Aladdin Sane” y un “'Heroes'” algo deslabazado en la guitarra: Cudderford luchaba para domar sus líneas, careciendo de la delicadeza que Robert Fripp dejó en el original.

 

Nadie se queja excepto yo, porque repentinamente me faltaba algo. Y me faltaba desde hacía dos horas Desde hacía dos años. Y me voy a casa reverenciando la eternidad inigualable del ausente. Gracias, David.

 

Comentarios
Sergi de Diego

Melómano compulsivo y urbanita adicto a YouTube. Ha escrito “E-mails para Roland Emmerich” (Honolulu Books, 2012) pensando en J. G. Ballard y los próximos cinco minutos. Sus películas favoritas son “Annie Hall”, “Mulholland Drive” y “Tiburón”. Padece ataques de nostalgia al recordar “Los 4 Fantásticos” de John Byrne. Le gusta repetir que “El final del verano es el principio de los conciertos”. Forma parte del colectivo DJ The Lokos. Es fan de Roy Orbison y Sonic Youth. Lo puedes encontrar en su blog, Interferncia Sónica