Menu

Primavera Sound 2017 Jueves

01/06/2017, Fòrum, Barcelona

 

Textos Javier Burgueño, Albert Fernández, Lídia Noguerol y Rosario López.

Fotos Rosario López 

 

THIS IS NOT THAT HEAT

A esa hora en que el sol quiere despedirse mezclando perversamente el placer de las sensaciones de la última hora de la tarde con el fastidio de sus rayos negándonos parte de la perspectiva, Charles Hayward se apostó tras su batería como un brujo antiguo, y comenzó a congregar con golpes metronómicos las andanadas de lo que llegarían a ser verdaderas crestas de distorsión convulsiva. El calor hacía que el día nos resbalara por la frente, la brisa confundía las épocas y se nos llevaba a los tiempos del sonido experimental, y Kate Tempest con su crew se balanceaba junto a nosotros en el cameo perfecto de un concierto para gente despierta y soñadora a la vez. Y aquello era todo lo que podíamos pedir mientras sentíamos el ovillo pionero del rock experimental desplegándose sobre un alud de gente confusa que bailaba cosas inbailables a hombros de gente más confusa aún, que de todas maneras trataba también de bailar cosas inbailables. Aquello era todo lo que le podíamos pedir a una tarde con aristas. AF

8,2

 

 

ALEXANDRA SAVIOR

Es ver a Alexandra Savior y pensar en ese interior norteamericano oscuro y tenebroso, en “Murder ballads” y en muchachos incautos cayendo bajo la influencia de mujeres en apariencia inocentes pero letales. La inclusión de uno de sus temas en la banda sonora de “True detective” y la puesta en escena ayuda a amplificar esa sensación, a veces encorvada sobre un pie de micrófono que se levantaba poco más de metro y algo del suelo con su vestido negro recordaba a la bruja de cenicienta jugando con la manzana. Los temas siguen por esos derroteros, no en vano el álbum se llama “Belladonna of sadness”, jugando con la penumbra y las tinieblas de los pantanos. Si logra abrir su mundo más allá del que le proporciona Alex Turner, el futuro de Savior se augura prometedor. JB

7

 

NO ZU

La propuesta de la numerosa banda australiana se puede resumir en dos palabras: hedonismo y fiesta. O como cantaban ellos “Move your body/Relax your soul”. Esta formación multiracial de ocho músicos ya tocó la noche anterior en el Apolo y entre el público había gente que repetía.  Su combinación de post-punk, ritmos tropicales y africanos, disco y exotismo oriental fue muy bien recibida por la gente que bailó la totalidad de sus canciones, lideradas a veces por los sintes, otras por los metales o la percusión. LN

7,2

 

KEVIN MORBY

Kevin Morby parece ser el hombre señalado para renovar el rock clásico, con la vista puesta en la década de los 60 y 70 a la hora de escribir, pero aportándole una bocanada de aire fresco a sus temas que los hace sonar actuales. En directo no decepciona, engalanado con una americana blanca adornada por corcheas, y acompañado por una potente banda, Morby impartió una lección de clasicismo sabiamente actualizado, con más de un guiño hacia la Velvet Underground pero plagado de personalidad. Temas como “I have been to the mountain” o “Aboard my train”, adelanto de su próximo LP “City Music” brillaron en directo. JB

8

 

 

 

SOLANGE

Con ella subimos a primera división y vimos cómo se juega en la liga de las estrellas. Miguel todavía no había acabado su concierto en el otro escenario y ya había gente cogiendo posiciones para ver de cerca a la hermana pequeña, que no menor, de Beyoncé. Cuánto más se acercaba  la hora de su actuación más expectante estaba la gente y cada movimiento en el escenario era recibido con “ahs” y después “ohs” cuando solo era una de los técnicos de sonido. Pero la verdad es que la preparación del escenario también paso a formar parte del espectáculo: Un círculo que recordaba a una luna nueva, que se transformaría en llena tiñéndose de un lila suave, atraía la atención hacía el centro del escenario.

Con los alrededores del Mango prácticamente llenos y diez minutos más tarde de lo previsto apareció...la banda y las dos coristas que acompañaron a Solange. Vestidos todos de rojo se fueron situando solemnemente a sus puestos. Los metales –trombón y trompeta- se situaron en un extremo para recibir, ahora sí, a su alteza Solange. Con un porte erguido sin ser altivo y marcando dignidad y orgullo en cada paso que daba, la estrella se situó junto a sus coristas y empezó el espectáculo.
“Rise” abrió el festival de hitazos y Solange demostró su total dominio escénico, dirigiendo discretamente las coreografías que implicaban a toda la banda. Con las coristas se alzaba y bajaba como si fuesen los pistones de una trompeta. Levantaba la mano y todo el grupo formaba una fila. Se giraba y se terminaba, con una precisión que ni los relojes suizos, la canción y empezaba sin tiempo a coger aire, la siguiente. Y entre paso de baile, meneó de la cabellera e incitación al público a cantar,  iba cayendo las joyas del espléndido y comprometido “Seat at the table”: “Weary”, “Cranes in the sky”, “Don’t touch my hair”, “For us by us” y compañía.  El único pero que se le puede achacar al show de la tejana fueron unos graves que retumbaban un poco.
 
 
Cada vez más suelta y más a gusto, Solange bajo al foso a cantar con los afortunados de las primeras filas y luego se fue pasillo abajo para mover el cuco y marcarse un twerking antes de volver a su habitat natural, el escenario donde tuvo un momento Sabrina, no previsto, que la tejana encajó con cara de sorpresa y una sonrisa.
Ya en la recta final del concierto, Solange explicó que estos días eran mágicos para ella, que llevaba cantando desde los quinze años porqué cantar le daba libertad. También tuvo unos palabras para Carlota Guerrero la responsable de la imagen del álbum “Seat at the table”. Con esta dedicatoria cogía especial relevancia el neón que brillaba entre los escenarios Heineken yMango: “Created in Barcelona”. Después de este interludio, Solange se despidió con una canción de su primer álbum “Losing You”. Y naturalmente volvió para un bis, para el que eligió “Junie”. LN

9,5

  

ALDOUS HARDING

Increíblemente, las entradas para ver a Aldous Harding en el Hidden Stage tardaron en agotarse, algo que el redactor agradecerá eternamente ya que no siempre es sencillo escabullirse hacia el fórum para estar allí a las cuatro de la tarde (salvo que seas guiri y estés de vacaciones). Parece que el excepcional segundo álbum de la neozelandesa, “Party”, sigue todavía bajo el radar, a punto de eclosionar. En formato dúo, guitarra y teclados, Harding emocionó con cada nota, con cada quiebro de su portentosa voz, con la que juega como quiere, ahora más aguda y frágil (“Blend”, “Living the classics”), ahora grave y contundente (la demoledora “Imagining my man”). La audiencia, respetuosa y silenciosa; las canciones oscuras, arrolladoras, de esas que desarman con su calado y sencillez; la presencia de Harding, todo junto dio lugar a uno de los grandes conciertos de esta edición del Primavera Sound. JB

9,2

   

THE ZOMBIES

Como no podía ser de otra manera el paso de la gira “The Zombies perform "Odessey & Oracle" 50th Anniversary” por el Auditori del Primavera Sound devino una gran y entrañable fiesta de aniversario, alegre y colorida, llena de detalles y sonrisas, con un público entregado a cada tema que se sabía los temas de memoria. Por suerte Blunstone, Argent y compañía se defienden perfectamente a pesar de que ya tienen una edad (ambos tienen 71 años), con lo que a lo entrañable se unió también lo musical, provocando momentos de pura emoción y felicidad. Tocaron las canciones sin arreglos añadidos y en el orden que se publicaron, evocando su grabación, con la única concesión de una pequeña jam tras “Time of the season” en la que juguetearon con su primer tema, “She’s not there”. Imagínense qué épico final. JB

9

 

BADBADNOTGOOD

La versión pachanguera de “Tequila” con la que abrieron su concierto hizo temer lo peor. A ver, tampoco era cuestión de ponernos la mano en la barbilla y cara de serios, pero es que su concierto no dinamitó ninguna frontera entre estilos y sí, hubo momentos jazzys pero que acabaron en un acelerón que no llevaba a ninguna parte ni aportaba nada a ninguno de los géneros que tocan como la electrónica o el hip hop. Una chapa. LN

5

 

 

 

THE AFGHAN WHIGS

Si hay alguien a quien no tengo problemas en aplaudir, ese es sin duda Greg Dulli. Mientras el imbatible líder de una de las bandas más distinguidas del planeta se desgañitaba en el crescendo final de otro concierto apabullante, recitando los nombres de cada uno de los héroes de su banda, uno sentía que, aunque la humildad nunca ha sido una de las virtudes del líder de The Afghan Whigs, en noches como aquella se merecía reclamar todos los tronos. Dulli arañó los cielos de una noche que se volvió vaporosa y trascendente con cada uno de sus lamentos agudos, y rasgó su garganta con la emoción de toda la vida para regalarnos un repertorio que nos dejó sin aliento. Como ya adivinábamos, esta vez el cancionero levitó más entre los medios tiempos en crecida que abundan en el reciente disco de los de Cincinnati, "In spades", pero estaba claro que Dulli y los suyos no nos iban a dejar con la miel en los labios, y allí no faltaron las míticas escaladas de "Debonair", "Gentlemen" o "It kills", para dejarnos a todos extasiados y demolidos. AF

9,6

 

 

 

KATE TEMPEST

Además del disco también tengo el libro de poemas de “Let them eat chaos” y tenía muchas ganas de verla. La pude ver, sí, pero desde la lejanía. Aún así, su concierto me hizo pensar que oír a Kate Tempest y lo que cuenta debe ser lo más similar a oír lo que les pasó a la gente que escuchó la versión radiofónica de la “Guerra de los Mundos” de Orson Welles: Dan ganas de huir del mundo que radiografía. De huir o de enfrentarse a él. Acompañada de tres músicos ,una puesta en escena minimalista y tres haces de luz que iban cambiando, Kate Tempest derrochó actitud, carisma y estilo propio. Lo mejor cuando escupía sin descanso versos “a cappella”. LN

8.7

 

 

SLAYER

No había rastro de chanza o broma en la tormenta perfecta que Slayer invocó sobre uno de los escenarios que peor acostumbra a sonar en el Primavera, pero pese a las intenciones de Tom Araya y los suyos, su actuación demoledora estuvo turbada por ridiculeces ajenas. Para empezar, la travesía hasta los escenarios de Mordor se convirtió en una tortura del holocausto, un avance penoso entre un amasijo de cuerpos apretados con las idas y venidas propiciadas por Bon Iver. Aunque sin duda lo peor fue asistir al patético despliegue de cuernecitos gratuitos y posturas heavys del personal haciéndose fotos con el logo de la banda de fondo, como si la descarga brutal de "Reign in blood" fuera algo de risa, como si los duelos de punteos entre Kerry King y Gary Holt fueran puro circo, como si el poder de toda aquella música sirviera solo de divertimento para gente que se compra camisetas en H&M. Delante de todo eso, a uno solo le queda pensar la misma cosa una y otra vez: "Que us follin".   AF 

8,7

 

 

 

THE BLACK ANGELS

Drones y psicodélia en vena, proyecciones hipnóticas, Stephanie Bailey a la batería marcando ritmos por momentos tribales, la guitarra de Christian Bland haciéndonos caer dentro de sucesiones de círculos concéntricos infinitos, Velvet Underground, 13th Floor Elevators, Syd Barrett y su legado, canciones revueltas para tiempos revueltos, un viaje temporal en el que no hubiese importado quedarse suspendido, atrapado en el tiempo, cual derviche girando sin afán ninguno de parar, así fue el concierto de The Black AngelsJB

8 

 

APHEX TWIN

Solo vi veinte minutos de su actuación y parecía que progesaría adecuadamente. Richard D. James estaba rodeado de pantallas de diferentes tamaños que retransmitían garabatos que iban cambiando hasta convertirse, por unos segundos, en el icónico logo del irlandés al ritmo de beats retorcidos, infestados de ácido hasta convertirse en ruido del que emergiría una melodía que nos llevaría a la IDM y que quedaría sepultada por unos bajos gordísimos. Los beats no fue lo único que retorció y desfiguró Aphex Twin, convertió al público en parte de su espectáculo al meterlos dentro de sus pantallas, desfigurarles el jeto y pintarles garabatos encima. Más tarde, también aparecieron rostros deformados de famosos como Marta Ferrusola, Jordi Hurtado, Javier Cardenas, Javier Gurruchaga disfrazado de Donald Trump, Carmen de Mairena, Paquirrín, Ana Botella y el Pequeño Nicolás, que la organización del Primavera Sound le había pasado al bueno de James (DJ Coco fue el responsable de uno de los espectáculos más alucinantes que se han visto nunca en el festival) . LN

7,2

 

 

 

KING GIZZARD & THE LIZARD WIZARD

La verdad es que esperaba más de este grupo. Tuvieron buenos momentos pero su propuesta, con un montón de músicos y dos baterías, acabó siendo un poco repetitiva y la banda acabo siendo una caricatura de ella misma. Hubo velocidad, riff metálicos y deformados, gente volando entre el público, velocidad y cambios de ritmo pasados de vueltas, pero sonaron más abrasivos que ácidos y les faltaron matices que si se aprecian en sus discos. LN

7

 

TYCHO

Hansen fue de menos a más con esa mezcla de dream pop, shoegaze y ambient y en algunos sonidos recordó a Boards of Canada. Proyectó multitud de imágenes “relajantes”, las mejores para mí la de los surfistas, pero faltó la que mejor define su música y cómo progresa, como un conjunto de eslabones que los dientes de un plato de bicicleta van mordiendo para ensamblarlos y llevarnos a una velocidad constante por una luminosa recta sin fin. LN

7,3

 

 

Redacción

El equipo de redacción de Blisstopic. Somos gente mala y peligrosa, pero queremos un mundo mejor, una blisstopía.

 

blisstopic@blisstopic.com