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XIXA en Caprichos de Apolo

10/04/2017, La [2] de Apolo, Barcelona

7
 

Sergi de Diego Mas

Fotos Eric Altimis

 

Y desde Tucson, Arizona, la cumbia oscura de XIXA y los temas de su “Bloodline” llegaron a orillas del mediterráneo. Hay algo en la escasez de agua, en los cactus gigantescos, en las polvorientas ciudades y pueblos para que uno tras otro, como sin querer, surjan artistas como Calexico, Giant Sand, Friends of Dean Martínez. Hablar de mestizaje y frontera puede parecer tópico con semejante intro, mezclando la Chicha (un subgénero de la cumbia) con un rock de ritmos abrasivos, eléctricos, noctámbulos y brunos. Sobre el escenario, el sexteto en la penumbra, con Brian López y Gabriel Sullivan dando la cara (o la sombra), y esa voz gutural y dolida que también nos traía a Mark Lanegan, al güisqui de Waits amenazando ruina. La insolación puede deformar los sentidos y aquí da una dimensión extraña al sonido de XIXA. Se puede escuchar en la naturaleza experimental de la música y también en las letras (“The bad, the blood, the red / A fever hits until you’re sick”, o “Holy ghosts entangled in you / Their minds made up / Your end waits in the shadows”). Con “World Goes Away” nos llevan a otro desierto, el africano (Tinariwen, Imarhan) aunque curiosamente la luz del sol no sienta tan bien en la puesta en escena.

 

 

Homenajean a Meat Puppets (“Plateau”) y a David Bowie (“The man who sold the world”) y todos pensamos en Kurt, rodeado de flores secas sentado en una silla, guitarra acústica en mano, preguntándose dónde estaba NYC, y sólo cuando vuelven a la psicodelia ruidosa consiguen deformar esos ruidos latinos, a veces demasiado presentes, a veces por fin desconectados por el acople: “Dead Man” se combina con “Como un Ave”, y se sienten como en casa, pero no todas son las casas: quédense con lo malsano, experimenten en esa brujería, volvamos a vernos y hablemos de nuevo. Conjurémonos. Más experimento.

 

Sergi de Diego

Melómano compulsivo y urbanita adicto a YouTube. Ha escrito “E-mails para Roland Emmerich” (Honolulu Books, 2012) pensando en J. G. Ballard y los próximos cinco minutos. Sus películas favoritas son “Annie Hall”, “Mulholland Drive” y “Tiburón”. Padece ataques de nostalgia al recordar “Los 4 Fantásticos” de John Byrne. Le gusta repetir que “El final del verano es el principio de los conciertos”. Forma parte del colectivo DJ The Lokos. Es fan de Roy Orbison y Sonic Youth. Lo puedes encontrar en su blog, Interferncia Sónica