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Benjamin Biolay en el Mil·leni

24/03/2017, Teatre Barts, Barcelona

8,5
 

Marc García

Fotos Javier Burgueño

 

La indumentaria con la que Benjamin Biolay tomaba el teatro BARTS el viernes pasado: he ahí, a su modo anecdótico, un primer indicativo de las líneas maestras de la propuesta sonora y desempeño escénico del cantante francés. Y es que su combinación de elegante traje negro con inmaculadas bambas blancas sugería, además de una actitud desacomplejada análoga a la que exhibió sobre las tablas, una estampa de clasicismo remozado que, en su música, se percibe en el injerto en el tronco central de la tradición chansonística de esquejes de muy variados estilos, que hoy suenan siempre cálidos, crecientemente contemporáneos y rítmicos y con claras simpatías meridionales.  

 

 

Sí: el Biolay que nos visitaba esta vez tras siete años de ausencia ha viajado a latitudes muy australes para recuperar, pese a algunos desajustes y derrapes hacia lo kitsch, la capacidad de redondear un álbum a la altura de sus mejores obras después de incursiones erráticas y poco inspiradas: un álbum que responde por “Palermo Hollywood”, cuyo tema titular marcó los primeros compases del concierto, con su arranque percusivo y sus teclados ululantes y fantasmagóricos, y al que sucedió una animosa Palermo Queens, con pulso de cumbia, declamación casi rapeada y recurso al sampler. Y, a partir de aquí, predominio de un Biolay particularmente expansivo: con sus contoneos por todo el escenario, entre lo urbano y lo latino, con sus confianzudos modos de seductor provisto del utillaje completo del oficio (copa de vino incluida), comandaba una banda servicial y robusta, en la que no se distinguían protagonismos ni arranques virtuosos, más allá del remanso ensoñador y grácil de la instrumental Borges Futbol Club, pero que dotaba al repertorio de una solvente continuidad y una sorpresiva contundencia; un combo que se dosificó en un par de ocasiones (Négatif, Ton heritage) para permitirle al líder puntuales remansos pianísticos, coloreados en su crescendo final por inyecciones de una épica discreta.

 

 

Aunque el piano no fue el único instrumento al que recurrió Biolay, que se colgó la guitarra eléctrica del cuello en el intervalo más acelerado de la velada, con tomas extrovertidas de la jovial Pas d’ici o una Mon amour m’a baisé” con plus de crudeza, o barnizó de nocturna languidez romántica la latinidad sugestiva del Tuyo de Rodrigo Amarante con una trompeta que le vimos tocar de perfil, digno discípulo de la retórica escénica de todo un Miles Davis. Roma (amoR), el sintético, ultrapop single de su próximo disco Volver, hecho de remolinos de cuerdas, coros desinhibidos, insertos de hip hop y figuras de guitarra de un disco-funk casi nilerodgeriano, condujo la velada hacia la cumbiera Palermo Soho, con versos en castellano y paradas en el rap latino, cuya mención final al Me gustas tú de Manu Chao era, más que un guiño, la honesta admisión de una genealogía muy evidente.

 

 

El bienhumorado contoneo circense de “Resources humaines” precedió al apacible remanso bossa del “Jardin d’hiver” compuesto para Henri Salvador, parada previa a la contemplativa Mon amou, ma chérie, erigida sobre un riff que proyectaba la imaginación inquieta hacia orillas vagamente orientales. Y en la recta final, la artillería: si La Superbe, una de las cumbres de su producción, vio un tanto mermado su impacto escénico por la inevitabilidad de recurrir al sampleo para reproducir el irresistible trenzado de cuerdas dramáticas y ritmos programados sobre el que se levanta, Biolay lo compensó con el momento interpretativamente más memorable de la velada: un inserto desbocado, que entregó a voz en grito, de la muy contemporánea A l’origine, en la que trocó los acentos electro de la toma original por una avalancha de la mejor furia rockera. Les Cerfs Volants, uno de sus hitos más antiguos, prolongó la racha triunfal, demostrando de nuevo el modo en que Biolay reformula su tradición nacional con personales barnices de contemporaneidad, y redondeando, junto con la serena Pas Sommeil, un concierto seguro y vivificante, de un insospechado dinamismo capaz de desbordar los límites del escenario.  

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Marc García

Marc García (Barcelona, 1986). Licenciado en Humanidades (UPF) y Teoría de la Literatura y Literatura Comparada (UB). Ha colaborado en medios como Quimera, Qué Leer, numerocero, Revista de Letras, Hermano Cerdo, The Barcelona Review Panfleto Calidoscopio. Trabaja como editor de mesa, y es también corrector, redactor, traductor y lector editorial.