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Lambchop en el Guitar BCN

23/01/2017, Barts, Barcelona

8,3
 

Marc García

Fotos Óscar García

 

La primera canción del concierto que Lambchop ofrecía en la sala BARTS el pasado lunes 23 de enero refrendaba, al encabezar su puesta de largo en directo con una exhibición de sus perfiles más acusadamente innovadores, la apuesta decidida de su último álbum “FLOTUS”:  la de saturar los meandros plácidos y caudalosos de sus piezas con grandes dosis de distorsión electrónica, a fin de convertirlas en más abstractas y paisajísticas, transformando decisivamente su envoltorio en busca de formas de una elegancia distinta que, a pesar de todo, desemboquen en puertos no tan alejados; el disco puede ubicarse en la línea exploradora de un Bon Iver menos abrupto y más opulento, más transitable y orquestado. La voz de Kurt Wagner, quizá el elemento cuya mutación resulta más identificable, exhibió en la serpenteante y conversacional “NIV” los ropajes que iban a envolverla durante todo el concierto: robótica, entrecortada y gaseosa, arropada por capas de efectos y replicada mecánicamente mediante autosamplers, a veces se inclinaba hacia un tarareo desdibujado dulce y ensoñador, y en otras se disolvía en secuencias impenetrables, construidas sobre un continuo de emisiones más o menos verbales, sobre un tejido cambiante de ráfagas y onomatopeyas.

 

 

Y es que si el propio Wagner ha afirmado más de una vez tener problemas para escribir las letras de los discos y el grupo de Nashville se ha mostrado siempre muy atento a modular un sonido minucioso, detallista y extremadamente profesional, en “FLOTUS” y su plasmación en directo se despeja cualquier duda que pudiera quedar sobre el fuerte y la agenda de intereses de la banda. Incluso pareciera, vale decir, como si esta vez la encarnación actual de Lambchop (comandada aún por el teclista Tony Crow, cuyas habilidades cómicas le conceden, ante el laconismo bienhumorado de Wagner, la función de líder oficioso de la banda) se hubiera esforzado por resultar aún más tenue y delicada. En la segunda pieza de la noche, y mascarón de proa del disco, “The Hustle”, se descubrieron dos cosas: que el concierto iba a alternar excursos audaces con piezas más convencionalmente estructuradas (sirva como ejemplo la dulce “Poor Bastard”, del disco de 1996 “Hank”), y que, pese los elusivos arpegios de la característica Gibson de Wagner que abrían discretamente el tema, y al marco en que el concierto se encuadraba, iban a ser otras cuerdas las encargadas de dominar la función; esto es, las del bajo de Matt Swanson, de pulsaciones inquietas, extremadamente melódicas y poderosamente amplificadas, a ratos casi retumbantes, que en “The New Cobweb Summer”, del disco “Is a Woman”, dispusieron de un marco privilegiado para el lucimiento. A Swanson le replicaban, a la batería, un Andy Stack que alternaba la insinuación casi imperceptible de las escobillas con los acentos marcados de su kit electrónico, envueltos en los beats entre lo ambiental y lo recrudecidamente urbano que lanzaba Wagner, y al piano el citado Tony Crow, capaz de oscilar entre el suave aliento cósmico y los airosos acordes jazzy. Siempre todos en el lugar exacto, casi nunca los tres (cuatro, contando a Wagner) en el mismo: en una calculada alternancia que se diría destinada a mantener diáfanos y vaciados los contornos de las piezas, (intensificados en el tercio final del concierto en algunos crescendos resultado de la acción colectiva), uno de ellos se retiraba siempre a un segundo plano discretísimo, casi inadvertido, para acabar invirtiendo las proporciones más adelante y reclamar su protagonismo de nuevo.

 

 

El resultado fue capaz de matizar sustanciosamente la imagen que pese a todo aún puede proyectar en cierto modo Lambchop: la de un grupo exacto y rodadísimo al que podría sentarle bien alterar las proporciones de meticulosidad y extravío, y al que Wagner condujo esta vez con su habitual sobriedad reforzada por leves asomos de una retórica gestual renovada, llena de contorsiones animosas entre el cabeceo urbano y el zarpazo rockero, con la que condujo el concierto hasta los bises con el ritmo sexy, grueso bombo mediante, de “Howe” y la intensa escalada de ecos y voces de “Harbour County”. En los bises, el “When You Were Mine” de Prince, lambchopificado hasta lo irreconocible (esto es, ralentizado, esponjado, desprovisto de sus ganchos pop y construido sobre una nueva melodía vocal), ocupó el lugar que en la última visita del grupo a Barcelona estuvo reservado a otra toma sugerente y esquiva de una pieza ajena, en ese caso el “Young Americans” de Bowie: la coincidencia no tiene tanto que ver, respectivamente, con una anticipación fúnebre y un homenaje póstumo como con un modo de hacer patente la inclinación contemporánea que están tomando las influencias negras que siempre han permeado la música del grupo. El breve reprise final de “The Hustle” servía, por su parte, para cerrar el bolo con otra nota imprevista, hecha a medias de impostaciones de crooner paródico, baterías eléctricas de discoteca y barnices de sacarina pianística, desprejuiciada y chistosamente kitsch: si la meticulosidad de Lambchop en directo siempre limita sensiblemente los alcances inmediatos de su propuesta, la sensación de ver a un grupo cuya acreditada solvencia aún se muestra inquieta, capaz de defender con convicción una obra tan innovadora como consecuente, tan sorpresiva como familiarmente lograda, enciende y refresca la vieja y balsámica placidez en la que Wagner y los suyos nunca han dejado de envolvernos y de envolverse.

 

 

 

 

Marc García

Marc García (Barcelona, 1986). Licenciado en Humanidades (UPF) y Teoría de la Literatura y Literatura Comparada (UB). Ha colaborado en medios como Quimera, Qué Leer, numerocero, Revista de Letras, Hermano Cerdo, The Barcelona Review Panfleto Calidoscopio. Trabaja como editor de mesa, y es también corrector, redactor, traductor y lector editorial.