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Dorian, último concierto

20/11/2016, Sala Apolo, Barcelona

7,3

 

Milo J. Krmpotic'

Fotos Brais G. Rouco

  

1) Lo dijimos en esta entrevista, allá por la primavera: cuando Dorian celebra, celebra de verdad. Es así que, a la que se descuiden, entre recopilatorios reinterpretados, videoclips de auto-homenaje con rostros famosos, edición de directos en CD/DVD y giras por tandas, los fastos de este décimo aniversario acabarán encadenándose con los del tercer lustro.

 

2) De hecho, el último concierto barcelonés “en mucho tiempo” debía ser el del viernes 18, pero, entre el sold out y que Dorian parece ser sinónimo de prórroga, la banda sumó esta nueva fecha dominical, donde ni siquiera la competencia de Pixies impidió un nuevo lleno en la Sala Apolo (calcando, pues, la historia de La Riviera de Madrid dos semanas atrás).

 

3) A la vez, todo caramelo se degusta más desde el hambre que en la repetición. Y, aunque músicos y público estuvieron varios peldaños por encima de la simple complicidad, que ya es nivel, en contados momentos pisaron el ático de la comunión apoteósica.

 

 

4) Prometió Marc Dorian, por ejemplo, numerosas sorpresas. Y ojo que no seré yo quien diga que las necesitaran, pero el caso es que tantas no hubo: lanzamiento de confeti a las primeras de cambio con “Los amigos que perdí”, otra tanda de serpentinas un rato después y, lo más llamativo, un doble número acústico en los bises (“Simulacro de emergencia” y “Te echamos de menos”) donde la banda al completo abandonó el escenario principal y se amontonó entrañablemente sobre una pequeña tarima situada junto a la mesa de sonido.

 

5) Pero dejemos de poner mini-peros quisquillosos. Y convengamos en que diez años dan para pulir muchas cosas. Aunque las guitarras tardaran dos temas en comenzar a sonar al volumen que debían, aunque en ocasiones la contundente batería de Víctor López parezca no cuadrar bien con los fraseos más extendidos de Marc Dorian, algunos de los mejores momentos de la noche estuvieron protagonizados por las partes instrumentales, solo de percusión incluido. Ya en su presente rockero, ya en el guiño al pasado electro, ya en el gesto sencilla y desprejuiciadamente bailable, Dorian están más allá de la solvencia.

 

 

6) Hubo, por cierto, una tercera canción lenta: “Ara”, con Lisandro “el hombre que lo toca todo” Montes al teclado, Belly y Marc a las voces, y una parte del (no tan) respetable aportando su cháchara a modo de base sonora. La cultura de concierto que hizo grandes los shows en esta ciudad se está yendo al garete, constatamos y proclamamos.

 

7) Se acabó la fiesta, pues, sí. Pero, aunque el anuncio por parte de Marc de un nuevo disco y su consiguiente gira pareciera un tanto genérico, también sonó a promesa. Es tan cierto que Dorian se han ganado un descanso como que la palabra “descanso” no acaba de pegarles.   

 

Lo mejor: Lo bien que funciona “Arrecife”, una de las últimas incorporaciones al repertorio, y el clímax con “La tormenta de arena”.

Lo peor: Que María Valverde y Daniel Brühl no corretearan entre el público durante “A cualquier otra parte”.

 

Milo J. Krmpotic’

Milo J. Krmpotic’ debe su apellido a una herencia croata, lo más parecido en términos eslavos a una tortura china. Nacido en Barcelona en 1974, ha publicado contra todo pronóstico las novelas “Sorbed mi sexo” (Caballo de Troya, 2005), “Las tres balas de Boris Bardin” (Caballo de Troya, 2010), “Historia de una gárgola” (Seix Barral, 2012) y "El murmullo" (Pez de Plata, 2014), y es autor de otras tres obras juveniles. Fue redactor jefe de la revista Qué Leer entre 2008 y 2015, y ejerce ahora como subdirector del portal Librújula. Su firma ha aparecido también en medios como Diari Avui, Fotogramas, Go Mag, EnBarcelona, las secciones literarias del Anuari de Enciclopèdia Catalana

 

milo@blisstopic.com