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PJ Harvey © Rosario López

Primavera Sound 2016 Sábado

04/06/2016, Fòrum, Barcelona

 

Textos Javier BurgueñoAlbert FernándezHalf NelsonRosario LópezVictor Cañameras y Marc Ferreiro.

Fotos Rosario López 

 

SIX ORGANS OF ADMITTANCE

Hay algo borroso en la música de Ben Chasny al frente de Six Organs of Admittance. Solo sobre el escenario del Auditori trenza con su guitarra arabescos que casi solo él puede ver: psicodélicos, a veces hasta aflamencados, pero siempre buscando un más allá que en ocasiones no existe en largas intros o divagantes (pero hermosos) solos. Gira sobre los acordes con la mano desnuda mientras canta con ese susurro levemente amenazante (algo sobreactuado) que recuerda a un Michael Gira campestre, pero no quiere darnos miedo: se lo toma con humor aunque cada vez más la gente se levanta y abandona la sala. “Parece ser que aún hay gente que no ha visto nunca a The Boredoms” y sigue con “A Thousand Birds” de “Ascent” (Drag City, 2012), la breve joya “Shelter from the Ash” de “Shelter From The Ash” (Drag City, 2007) y cierra acompañado al bajo por el guitarrista experimental británico James Blackshaw. HN

7,9

 

Six Organs of Admittance © Rosario López

 

BOREDOMS 

Cada concierto de Boredoms es una experiencia única y singular, que muchas veces depende del momento y del lugar, quizás de ahí que la banda dé prioridad a los directos sobre las grabaciones (no en vano su último álbum data del 2009).  En esta gira los de Yamatsuka Eye han adoptado un formato más convencional con 3 percusionistas (la formación es un ente mutante con Eye como único nexo común a lo largo de los años que lo mismo te puedes encontrar como trío, acompañados por 14 guitarristas o con 77 percusionistas, dependiendo de la idea que quieran plasmar en ese momento concreto). La pieza interpretada viajó de la calma inicial de los sonidos de una especie de carrillón minimalista hasta el caos controlado final, jugando con el dron y llevando la experimentación hacia un noise quirúrgico  y selectivo en lugar de avasallador, donde todo material susceptible de emitir sonido es bienvenido, como pudimos apreciar en las pantallas del escenario cuando nos mostraban como varias piezas de una vajilla saltaban sobre el cono de un bafle respondiendo acústicamente a sus vibraciones. Diez años después de su anterior visita al festival Boredoms demostraron que siguen recorriendo con paso rápido y seguro los caminos de la vanguardia y el free noise. JB

7,8

 

The Chills @ Rosario López

 

THE CHILLS

Este año el festival nos ha regalado una buena ración de buen pop llegado desde las antípodas. Si el viernes Robert Forster y su banda nos recordaban desde Australia lo grandes que fueron The Go-Betweens y la solidez de la carrera en solitario de Forster el sábado lo tocó el turno a Nueva Zelanda y a los encantadores The Chills. La mala suerte y las malas decisiones minaron la carrera de los de Martin Phillipps, que parece haber recuperado la buena estrella tras reformar la banda y publicar el notable “Silver bullets”. Sobre el escenario algo de nostalgia, “Hemos tardado más de veinte años en venir a Barcelona” comentó Phillipps al poco de comenzar, y también una mirada hacia delante: hits (“Heavenly pop hit”) se mezclaban con nuevos temas (“America says hello”) en una actuación convincente y llena de melodías infecciosas en la que destacó el buen hacer de Phillips y la aportación de Erica Stichbury al violín (y teclados, guitarra y voz). Esperemos que la próxima vez tarden menos tiempo en volver. JB

7,5

 

US Girls © Rosario López

 

U.S. GIRLS

Como si fueran las mismísimas Baccara, Meghan Remy y su vocalista vestían de blanco y negro respectivamente. Cantaban sobre bases pregrabadas y, entre tema y tema, sonaban intros y speeches grabadas en directo (me pareció reconocer a Nina Simone) que la propia Remy seleccionaba de una colección de cassettes mientras se cuidaba un resfriado monumental: quizás todo demasiado sutil para un festival, aunque fuera el escenario más pequeño. A medio camino entre el cabaret, la performance y unos Suicide sin vena punk, Remy, una de las reinas de esta edición, se contoneó con gesto severo, nos regañó por no bailar y, nos sugirió que ya que estábamos tan contentos de regalar nuestras vidas a las grandes corporaciones (como las que patrocinaban cada uno de los escenarios, incluido el suyo), que le enviáramos cosas gratis a su casa: y nos dio su dirección en Toronto (aunque ella es de Illinois). Hay que seguirla de cerca. HN

8,3

 

RICHARD HAWLEY

Que Richard Hawley destila elegancia, saber estar y porte de crooner atemporal es algo de sobras conocido, como también es sabido que sus  discos son un buen muestrario de temas de pop melódico y agridulce repletos de clase a los que ha ido añadiendo a lo largo de los últimos años pinceladas de rock con dejes psicodélicos que expanden su radio de acción y aportan más matices a su repertorio. Con estas bazas en su mano la apuesta es segura si la banda tiene un buen día, justo lo que sucedió durante su concierto en el escenario Ray-Bann. Del regusto clásico de “Tonight the streets are ours” al toque canalla de “Don’t stare at the sun”, Hawley y acompañantes destilaron buen gusto y clase a raudales en una actuación inmaculada en la que no faltaron las habituales referencias a su Sheffield natal. JB

7,5

 

Brian Wilson © Rosario López

 

BRIAN WILSON "PET SOUNDS"

Es difícil hablar de lo que pasó en el concierto de Brian Wilson con motivo de la gira del quincuagésimo aniversario de la publicación del álbum de The Beach Boys “Pet Sounds” (Capitol, 1966), y no dejarse llevar por las emociones, más allá de la calidad, indiscutible, de la música y de la interpretación sobre el escenario. Por un lado, la emoción de poder devolver en persona (con toda la intimidad que supone estar rodeado de otras 25.000) el calor y las ganas de vivir que esas canciones nos han transmitido a lo largo de estos años y por otro la desagradable sospecha de que el bueno de Brian, sentado tras un piano que ni siquiera tiene micro, está en medio de un entramado económico en el que tiene muy poca capacidad de decisión pese a ser el centro de atención y que su presencia sobre el escenario, por sus obvias limitaciones físicas y cognitivas, tan sólo obedece a un exhibicionismo pérfido que raya la indignidad. Este malestar se vio incrementado por la pobreza del sonido: flojo y desvaído, con muchos problemas de micrófonos que provocaron un arranque de concierto con sensación de descontrol y nulo respeto hacia el público, la obra a interpretar y el propio Brian. A todo esto, ¿no sería más efectivo y justo que Brian hiciera su aparición una vez la banda ya ha calentado el equipo y ha probado el sonido? ¿Por qué tiene que aparecer Wilson en escena junto al resto de músicos como si fuera uno más de una multitudinaria banda cuando él debería ser el auténtico, y único, protagonista? ¿Por qué Al Jardine (el otro único Beach Boy original) se pone a su lado y simula dirigir a la banda cobrando un protagonismo que apenas tuvo? Demasiados intereses, celos y envidias se ciernen todavía sobre el eternamente joven Brian.

 

En lo estrictamente musical, el concierto tuvo dos partes diferenciadas. Al contrario que en citas previas en Australia, Escocia e Inglaterra, el repertorio empezó por las canciones de “Pet Sounds”. Esa primera parte con un sonido débil y el protagonismo vocal, muy disminuido, del propio Brian acentuó la sensación de cierto desorden e improvisación que fue incrementada por la pésima realización de las pantallas laterales (algo que no debería ser un detalle menor cuando será el único medio de seguir el concierto en condiciones para la inmensa mayoría de la audiencia) que nunca mostraban al músico correcto cuando se producía un cambio de solista. Sólo el buen nivel vocal de Matt Jardine (sobrino de Al) permitía rememorar las agudas armonías vocales de la obra original sobre unas interpretaciones correctas de una banda formada por diez músicos habituales de los últimos años de Wilson. Pese a todo, fue emocionante ver a Wilson esforzarse en cantar "Don't Talk (Put Your Head on My Shoulder)", nuestro padrenuestro particular "God Only Knows", la polémica "I Know There's an Answer", la profética "I Just Wasn't Made for These Times" y el brillante cierre con "Caroline, No". A partir de ahí, el concierto se convirtió en una auténtica fiesta con todo un carrusel de hits de The Beach Boys (“Surfer Girl”“Don’t Worry Baby”“Monster Mash”, “Wild Honey”Sail On, Sailor”“California Girls”“I Get Around”“Help Me Rhonda” y “Surfing USA”) y absoluto protagonismo de la banda, encabezada por un desatado (y demasiado rockero) Blondie Chaplin a la guitarra y la voz, mientras Wilson apenas participaba de una celebración que llevaba su firma pero de la ya no parecía formar parte.

 

Por lo menos, sobre el bombo de la batería, junto a una imagen del joven Brian, podía leerse “Brian Wilson Pet Sounds”: finalmente, Brian se ha tomado su venganza y esa obra maestra, pese a todas las dificultades, ha quedado definitivamente asociada únicamente a su nombre, como siempre debió ser. HN

7,5

 

DRIVE LIKE YEHU

Esto es lo que entiendo yo por un concierto. Un ciclón furioso y a la vez fraternal, que circula entre lo ebrio y lo matemático. El despliegue de de Drive Like Yehu sobre el escenario Primavera congregó a una nutrida representación de los seguidores de esta banda seminal del emocore y el post-hardcore, disuelta hace más de dos décadas. La cita era histórica y, en consecuencia, el intercambio de energía entre la banda y el público fue memorable. Solo dos discos, el debut homónimo de 1991, y "Yank crime" de 1994, bastaron para que la banda de San Diego derrochara poder himno tras himno· "If it kills you" en efecto nos mató,"Here comes the Rome plows" llegó como un martillo pilón y las cadenciass rudas y sinuosas de "Caress" nos golpearon donde más nos gusta que nos den. Entre canción y canción, Rick Froberg, se apostaba silencioso al lado de su batería, Mark Trombino, que a su vez es legendario productor de bandas como Jimmy Eat World y ahora vive de su tienda de donuts en Los Angeles. En esos momentos, el líder de la banda aprovechaba para saludar con algunas palabras en castellano, o simplemente permanecía quieto, sin pestañear, observando a sus compañeros por un instante. Hacía falta esa pausa, esa respiración, estar preparado antes de volver a desatar esa circulación de arañazos de contundencia y distorsión, esa bomba de antimateria que maneja Drive Like Yehu, que es algo que está siempre a punto de estallar, pero siempre acaban por mantener bajo control. AF

9

 

DEERHUNTER

Aquella sensación de peligro inminente que Deerhunter producía en directo ha sido sustituida por un remarcable profesionalismo que no ha hecho sino incrementar su contundencia. Antes el turbio carisma de Bradford Cox llenaba el escenario, ahora la banda le lleva en volandas. Cox se relaja y hasta se permite dedicarle “Desire Lines” (cantada por Lockett Pundt: magnífica como siempre) al festival y darnos su bendición para seguir disfrutando de la noche. Pese al protagonismo del reciente “Fading Frontier” (4AD, 2015), con la rotunda “Living My Life” enmarcada por las congas y el saxo y el cierre con “Snakeskin”, siempre saben hacer destacar las joyas de su repertorio como “Revival” o “Cover Me (Slowly)”. HN

8,5

 

PJ HARVEY

Comienzan a sonar los primeros compases de “Chain of keys” mientras PJ Harvey y los suyos hacen entrada en el escenario como si de una marching band de Nueva Orleans se tratase. Suenan los tambores y el saxofón de Polly Jean y la tensión se adueña del escenario, entrando en un círculo que no se romperá hasta el final con las últimas notas de “River Anacostia”.  “Ministry of defense”, “The community of hope” y “A line in the sand” se van sucediendo, concisas y demoledoras, afianzadas en la voz de PJ y en una excelente banda integrada por John ParishMick Harvey o Terry Edwards, entre otros. El listón se ha puesto muy alto de inicio pero no baja, sigue ahí arriba, mantenido ahora por los mejores temas de su anterior álbum, “Let England shake”.  Tras tanta tensión llega un momento de calma con “Dollar, dollar”, pero no dura mucho ya que “The Wheel” vuelve a disparar la adrenalina acto seguido, sirviendo de antesala a temas históricos como “50ft queenie”, “Down by the water” o “To bring you my love”. Una sentida “River Anacostia”, con todos los integrantes de la banda en primera línea del escenario cantando las estrofas finales del tema, cierra uno de los mejores conciertos, si no el mejor, de la edición de este año del festival. JB

10

 

Julia Holter © Rosario López

 

JULIA HOLTER

Julia Holter maneja tramas de oscuridad y belleza que estremecen al más despistado. Por eso, aunque muchos echaron de menos un Auditori (donde ya actuó en pasadas ediciones) o la hora de la caída de sol para su actuación, cuando la californiana se apostó sobre las tablas del RayBan pasada casi una hora de la medianoche, la escena adquirió sentido desde el priimer minuto. Holter creó lazos de comunión proyectando su voz nítida y medidamente emocionada, envuelta de la alta sensibilidad de sonidos de teclados y violines. Las delicadas cadencias de piezas como "Sea calls me home""Feel you" promovían abrazos, miradas al cielo, párpados cerrándose y cabezas bamboleando. "Have you in my wilderness" (Domino, 15) nos ha tenido un año soñando, y ver a Julia Holter musitar sus versos tan cerca fue, como se suele decir, un sueño hecho realidad. AF

9

 

TY SEGALL AND THE MUGGERS

Ni siquiera el amigo Mani, un espontáneo poguero que arrebató el micrófono a la estrella del show, pudo arruinar el imponente concierto de Ty Segall And The Muggers. El espectáculo de este rockero californiano nos dejó con la boca abierta desde sus primeros acordes, por lo poderoso del volumen y la destreza en la ejecución, y describió un universo enriquecedor de rockandroll con aristas de otros muchos géneros, capaz de complacer a cualquier ser humano con orejas. Con su inquietante máscara de látex, Segall dominó todos los registros de un repertorio histriónico y magistral, desató pogos salvajes en las primeras filas y navegó sobre las masas con una soberbia enloquecida, merecedora de todos los aplausos. AF

8,8

 

Ty Segall © Rosario López

 

THE MEANIES

Si el Primavera Sound fuera un videojuego, el concierto trasnochado de The Meanies en el diminuto escenario NighPro vendría a ser un bonus extra o una pantalla escondida. En todo caso, los afortunados que nos acercamos a ver qué demonios hacían a esas horas estos veteranos rockeros con sus melodías ramoniana, nos llevamos uno y muchos regalos. Cerveza, puños atravesando el cielo, melodías fáciles de seguir y un caos creciente sobre el escenario, que poco a poco fue poblándose de amigos de la banda hasta que la escena resultó abarrotada. Abrazos, golpes, saltos, tres cantando en un micrófono, cuatro tocando la bateria, bolas de gente por el suelo, pero la música seguía sonando, escalando cada estribillo entre aplausos, alaridos y verdaderas carcajadas. AF

8

 

ISLAM CHIPSY & EEK

Teníamos el cerebro hecho fostatina y los pies llevaban horas derretidos dentro del calzado, pero lo de estos egipcios nos puso por las nubes. Los ritmazos febriles de “Kahraba" (Nashazphone, 15) elevaron los latidos a la enésima, y los bailoteos fueron de traca. Había por allí un tipo con muletas que lo daba todo, hasta el punto que en algún momento algunos cogieron una de las muletas por los dos extremos, mientras el personal iba pasando por debajo del palo como en la ceremonia típica jamaicana. La tropa iba fina, psicodélica y pasada de vueltas, la orgía de ritmos organizada por Islam Chipsy & Eek fue colosal y allí, en pleno Primavera, se podía haber declarado una nueva Primavera Árabe; pero del buen rollo. AF

8

 

DJ COCO

...Y Coco acabó con el "Heroes" de BowieAF

 

Joanna Serrat © Rosario López 

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