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Primera Persona 2016

06-07/05/2016, CCCB, Barcelona

 

Half Nelson y Marc Ferreiro

Fotos Ferran Martínez

 

Una de las mayores virtudes del Primera Persona es que es muy difícil de definir. Se habla de libros, pero no es un congreso literario; se escuchan canciones, pero no es un festival de música; se hacen confesiones, pero no estamos en una iglesia… Primera Persona busca el factor personal en la obra de artistas de diferentes ámbitos y procedencias, pero que han sabido dar a su obra un barniz personal e intransferible conectado con su yo más íntimo.

 

VIERNES, 6 DE MAYO

Abrió la Sesión 1 la dibujante libanesa Zeina Abirached, que explicó en francés (con posibilidad, como en el resto de artistas foráneos, de acudir a un servicio de traducción simultánea) la génesis del cómic “El Piano Oriental” (Salamandra, 2016), donde la autora narra el desvelo de su abuelo para diseñar un instrumento que permitiera interpretar música oriental y occidental como metáfora de la encrucijada de la propia sociedad libanesa.

 

 

Le siguió el periodista Sergi Pàmies, quien charló con un nerviosillo Aitor Lagunas de la revista Panenka sobre el reciente “Confesiones de un culé defectuoso” (Destino, 2016) y su visión, como siempre distanciada y poco comprometida de la afición del Barça. Debo reconocer que pese a admirar su técnica y sentido del humor me cuesta dejarme convencer por los argumentos de Pàmies, que siempre me parecen teñidos por un deje de superioridad que intenta hacer pasar como distancia crítica. El carácter autobiográfico de la obra en cuestión, centrada en el análisis de su cambiante relación con el F.C. Barcelona, sus hinchas y sus dirigentes (“Nuñez me dio una mano que parecía un pescado muerto”) se escenificó muy bien al encargar a diversos jóvenes la lectura de párrafos del ensayo que correspondían a las diversas edades del autor desde la niñez a la post-adolescencia. Pàmies, bien acostumbrado a “actuar” en directo se divirtió y divirtió con unas cuantas perlas (“ver un partido de fútbol con Johann Cruyff es como estar con Miles Davis mientras toca “Baixant de la Font del Gat””).

 

 

Mucho más sobrio fue el encuentro entre la periodista Begoña Gómez y la mítica periodista estadounidense Renata Adler, una de las grandes ensayistas estadounidenses de los años setenta y ochenta, novelista e histórica redactora y crítica de cine del The New Yorker. De Adler, siempre con su sempiterna larga trenza de cabello ya totalmente blanco, se acaban de traducir al castellano sus dos primeras novelas, “Speedboat” (1976) –“Lancha rápida” (Sexto Piso, 2015)– y “Dark Pitch” (1983) –“Oscuridad Total” (Sexto Piso, 2016)–, pero la conversación se centró en su labor como crítica cinematográfica y literaria (con la mítica y devastadora crítica a su intocable compañera en The New Yorker Pauline Kael, que casi le cuesta el puesto) y sus completos y precisos informes sobre algunos de los acontecimientos más importantes del final del Siglo XX en los Estados Unidos desde la marcha por los derechos civiles en Selma hasta el caso Lewinsky siempre con su extraordinaria habilidad para contradecir las versiones oficiales a base de datos (“Einsenhower tuvo amantes y George Bush padre también, el ataque a Bill Clinton fue totalmente gratuito”). Sin ninguna duda, la entrevista con Adler fue el momento estelar del festival y, por la enjundia de su protagonista, quizás merecía una mayor extensión.

 

 

El torturado pianista James Rhodes fue la estrella mediática de la primera jornada, con las entradas agotadas con bastante antelación, gracias a las confesiones de su libro “Instrumental” (Blackie Books, 2015). Junto al periodista Javier Blánquez, repasó alguno de los aspectos más significativos de su libro, nos contagió su pasión por la vida y la música clásica y confirmó su próxima visita al Festival Sónar. Además, la charla se vio cumplimentada por las aportaciones al piano del propio Rhodes que interpretó algunas de sus piezas favoritas de Rajmáninov, Bach, Schumann y Glück que redondearon una primera sesión de muy alto nivel.

 

 

La Sesión 2 nos dejó con una clara sensación de bajón. Pese a los chispeantes y surrealistas diálogos de Pau Riba y Jaume Sisa en presencia de un Quique Ramos al que casi no dejaron intervenir, el nivel de los participantes en la sesión nocturna no se podía comparar. Abrieron los dos referentes de la psicodelia barcelonesa, galáctica en el caso de Sisa y cósmica en el de Riba, quienes entre bromas y veras dejaron muy claras sus diferencias personales y de enfoque vital. Ni siquiera llegaron a ponerse de acuerdo sobre el momento exacto en que se conocieron y tuvieron un divertido rifirrafe sobre la extracción geográfica (y social) de cada uno de ellos. Además, interpretaron cada uno una canción inédita en un pase que supo definitivamente a poco.

 

 

Para presentar a El Guincho, Miqui Otero¸ uno de los responsables del festival, ejerció de presentador de una especie de documental sobre los primeros meteóricos pasos de la carrera del productor canario: desde un concierto en una pequeña sala barcelonesa a su fichaje millonario por la prestigiosa discográfica XL. Pese al despliegue escénico, el espacio se dividió en tres sets que representaban los sucesivos momentos de su carrera y se usaron vídeos de diferentes testimonios, nunca se consiguió superar una incómoda sensación de colegueo y de abuso de las anécdotas personales.

 

 

Para cerrar, un breve concierto del siempre distante Stephin Merritt (supongo no fue casualidad que fuera el único que no fue entrevistado) a solas con su ukelele que empezó con algunas de las breves piezas (casi greguerías) del libro, a medias con el dibujante Roz Chast, “101 Two-Letter Words” (2014) y siguió con un repertorio con algunas de sus mejores canciones: “Andrew in a Drag”, “The Book of Love”, “100,000 Fireflies”, “I Wish I Had an Evil Twin”, “Love Is Like a Bottle of Gin”, “The Nun’s Litany” y “This Little Ukelele”. Pese a su (eterna) aparente desgana y que su voz arrastraba un evidente resfriado, la magia de las letras de Merritt, ácidas y románticas al mismo tiempo, nos volvió a reconciliar una vez más con su esquivo genio. Half Nelson

 

 

SÁBADO, 7 DE MAYO

La gran idea que explica el éxito del festival Primera Persona es su tono. La fusión entre la confesión de experiencias personales, su representación teatralizada con la inclusión de elementos de atrezzo y la amalgama de géneros da coherencia a la propuesta, edición tras edición. De hecho, podría parecer que los temas tratados sean una mera excusa argumental, pero los momentos más elevados de la segunda jornada fueron aquellos en los que, dejando de lado la función, se exigió a la audiencia una atención plena ante la profundidad de lo que se explicaba.

 

Este fue el caso de la presentación a tres que inició la sesión de la tarde de la segunda jornada. Alberto Arce, Nacho Carretero y Juan Pablo Villalobos analizaron la realidad tras el tráfico de drogas en Honduras, Galicia y México, respectivamente. Arce, corresponsal de Associated Press, lanzó el primer mazazo al colocar el espejo ante nosotros para mostrarnos que, tras cada noche de fiesta, tras cada raya esnifada que nos acelera, hay una realidad de muerte y violencia que mantenemos y alentamos con nuestro consumo. ¿Tienen o no responsabilidad nuestros actos? ¿O nos es indiferente lo que pase a nuestra espalda mientras no lo veamos y podamos seguir con la diversión sin fin? ¿También disparamos nosotros con cada tirito? Un silencio incómodo se apoderó del patio de butacas del teatro del CCCB.

 

Carretero, autor del reconocido “Fariña”, anunció que intentaría mostrar, en 10 minutos, la relación entre la típica escena gallega de una señora que saca a pastar su vaca y un alijo de 3.500 kilos de cocaína. Y bien que lo logró, en una de las presentaciones más bien hilvanadas, divertidas y llenas de pasión de la tarde. El escritor gallego mostró las turbias relaciones entre narcotráfico y poder político así como la esquizofrénica realidad gallega en la que una señora lava los platos con un Rolex de oro en su muñeca o un campesino se dirige a arar su terreno en un Porsche Cayenne. Pero no sólo se centró en la anécdota. En esos escasos diez minutos fue capaz de explicar la historia desde sus inicios, el contrabando de posguerra, hasta la última y hermética generación de narcotraficantes, de manera didáctica y fascinante. Su presentación fue uno de los momentos más poderosos de esta edición.

 

Para finalizar el recorrido, el escritor Juan Pablo Villalobos nos mostró cómo México ha interiorizado la violencia derivada del tráfico de drogas y ha convertido la destrucción en su paisaje diario. Hizo pasar al estrado a su hijo Mateo para que diera voz al hijo de un traficante que explicaba las probabilidades de supervivencia de una persona en función de la zona del cuerpo a la que se apunta y el número de disparos.

 

 

Bajó el telón y esa sombra de inmundicia denunciada en la primera presentación desapareció de un plumazo con la introducción de Isabel Fernández Riviriego, Aries, que trasmitió a la audiencia su alegría ante un festival que le animaba a ser ella misma y cuya primera jornada la había sorprendido como una gran fuente de inspiración. Tras su emotivo parlamento, atacó su mesa de samplers y cacharrería electrónica para ofrecernos una interpretación de su obra, que, con su emotividad rítmica, se antoja el contrapunto perfecto para contrarrestar una vida que, como explicó, le había deparado pocas alegrías en los últimos tiempos. Aupada como una de las grandes esperanzas de la escena actual, Aries evidenció que es una gran generadora de endorfinas, pero, también, que su música es todavía demasiado uniforme. Habrá que esperar su evolución para saber si es capaz de ampliar la gama de colores de su propuesta.

 

 

La traca final de la primera sesión vino de la mano del Dr. John Cooper Clarke. Superviviente del punk de los 70 y compañero de jeringuilla de Nico, el enjuto bardo presentó un grandes éxitos de sus poemas, centrados en las miserias de nuestra sociedad industrial. La actuación fue atropellada, desmadejada. Escupía versos a la velocidad de una metralleta, los reelaboraba en directo cambiando su orden y duración, se olvidaba de un poema y creaba un gag de stand-up comedy con ello. Intentaba marchar del escenario y su manager le obligaba a subir de nuevo. Se puede decir que su actuación fue incoherente, imperfecta, pero también llena de verdad. El punk era esto.

 

 

Tras el descanso, la segunda sesión se inició con el diálogo entre maestro y discípulo protagonizado por Juan Marsé y Carlos Zanón. El cronista de la Barcelona de los 50 afirmó que lo que menos aguantaba era la aparente obligatoriedad de que el escritor se convierta en personaje y, sin embargo, ejerció como tal durante toda su intervención. Rindió pleitesía a grandes contadores como Robert Louis Stevenson y explicó anécdotas maravillosas como esa firma de libros en El Corte Inglés en la que una señora sólo estaba interesada en comprar la mesa sobre la que él pretendía firmar sus novelas. Certero, categórico y algo despótico, descentró a su entrevistador, que fue devorado por la apabullante personalidad de ese escritor que decía no querer ser personaje.

 

 

La siguiente conferencia, la presentación, por parte del escritor Jordi Puntí, de ese creador de sí mismo que fue Xavier Cugat, se saldó con decepción. El material de partida –la vida, la obra, las mujeres y las reinvenciones de Cugat– puede generar un libro más que interesante, Puntí desarrolló una conferencia que se perdió en una maraña de datos, vídeos y versiones de temas que parecían dar vueltas sobre ellos mismos y no conducir a ningún sitio. Al tratar de narrar la vida de un gran impostador, Puntí quiso representar una versión del “F for Fake”, de Orson Welles, en la que cambiaba a Elmyr de Hory por Cugat. La gran equivocación fue no darse cuenta de que, por mucho que se vista de gala, él no es Welles.

 

 

Tras el bajón, el Primera Persona cerró con honores con la recuperación de los The June Brides, tras veinte años desaparecidos. Su pase, breve pero energizante, nos desveló las bondades de aquello que daba en llamarse pop-rock, tal como nos recordó Phil Wilson, subterráneo creador de una obra con ecos de resonancia en autores posteriores. El perfecto héroe para un festival como el Primera Persona. Marc Ferreiro

Redacción

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