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Lapsus 2016 Crónica

02/04/15, CCCB, Barcelona

 

Half Nelson

Fotos Javier Burgueño

 

Sólo por recuperar para la música electrónica en directo un espacio tan legendario como el Hall del CCCB ya ha valido la pena esta tercera edición del Festival Lapsus. Pero es que además, el crecimiento exponencial del festival –de un único escenario se ha pasado dos escenarios con unos horarios excesivamente ajustados– no ha afectado en absoluto al buen olfato de sus programadores que han sabido confeccionar un cartel de campanillas que pese a la desafortunada cancelación a última hora de la estadounidense Karen Gwyer nos acabó proporcionando una jornada tan agotadora como satisfactoria.

 

No hay duda de que el mejor momento de los cada vez más maratonianos festivales musicales es aquel en que llegas a casa y te quitas las zapatillas después de horas de deambular entre escenarios, barras y guiris despistados. En muchas ocasiones, el suspiro de alivio es mayor que cualquier orgasmo musical que hayas podido experimentar durante la jornada festivalera: mala señal. No fue esa la conclusión al llegar a casa y poner las Munich a airear: muy pocos de los diecisiete conciertos y sesiones de esta edición han quedado por debajo del notable y varios han sido de los de oreja y vuelta al ruedo, no sólo en cuanto a la estricta ejecución sobre las tablas si no también, y sobre todo, por el carácter rompedor o innovador la propuesta defendida. En conclusión, pocas veces vamos a estar tan cerca de un festival perfecto.

 

 

Empezaron las hostilidades pronto, muy pronto, las huestes del Soul Jazz Records Sound System (8,3)que, en horario vermut –la idea era aprovechar al máximo las horas de sol en el no menos mítico Pati de les Dones del CCCB (el centro del antiguo hospicio, que según un periodista inglés que cubría una de las primeras ediciones del Sónar era tan lujoso que “los niños barceloneses mataban a sus propios padres para ser cuidados allí”)–. A buena fe que dieron buena cuenta de ellas con una tórrida selección de hip hop, reggae y dub que nos dejó con ganas de más. El escenario exterior del Pati de les Dones, sin competencia de otros escenarios hasta media tarde, estaba concebido como un espacio de continuidad y esparcimiento, pero la sesión en progresión del periodista estadounidense Philip Sherburne (8,9) fue digna de una ubicación más destacada. Empezó calmada y eterea, pero inquietante, con indisimulado espíritu experimental hasta desplegarse por terrenos menos abruptos entre promos todavía inéditos y clásicos de Aphex Twin, Seefeel, o Mr. Fingers: una delicia. Si no me crees, puedes escucharla aquí. No pudimos seguir con tanta atención el set del barcelonés DJ2D2 (8,1), aunque no nos costó mucho volver a corroborar que su buen gusto y eclecticismo (hip hop, soul, funk y todos los géneros afines pasaron por sus manos) seguían intactos.

 

 

Los encargados de abrir fuego en el mítico Hall del CCCB (algún día tendremos que hacer recuento de los conciertos y sesiones legendarios que hemos disfrutado ahí) fue el colectivo madrileño Downbeat. F-ON (Alfonso Pomeda) & Urtzi (7,5) abrieron con un comedido b2b vinílico de ambient house primigenio y les siguió José Rico (7,8) con un evocador directo de pura electrónica analógica y ambiental que remitía a las desiertas avenidas del primer Detroit techno con una cocción quizás demasiado lenta. La estadounidense Karen Gwyer debía de empezar a subir las revoluciones, pero la inoportuna enfermedad de su hija la obligó a cancelar siendo sustituida por la artista madrileña, recientemente afincada en Barcelona, Lanoche (7,9) que propuso un elegante DJ set de formas clásicas (cuando techno y house eran lo mismo) y aliento contemporáneo con indudable clase y saber estar. Tras ella, Jeremías Carroza, es decir, Pyrénées presentó en directo “Itinerary #6: London” (High Mountains, 2016), el EP que cierra, de momento la serie “Logbook” con itinerarios en Barcelona, California, Berlín y Don Benito.

 

 

Nada podía prepararnos para la que nos cayó encima después. Andy Jenkinson es, además del hermano de Tom Jenkinson (Squarepusher), un incendiario productor e intérprete que responde por Ceephax Acid Crew (9,3) con fama de bombardear a la gente con electro, acid y demás subproductos de regusto ochentero. Sin ninguna duda, Jenkinson protagonizó el directo más abrasivo y divertido del Hall con una combinación irresistible de ráfagas, breaks y melodías 8-bit que sonaban a smileys y a colores fluorescentes acompañados de unos vídeos sencillamente desopilantes (tremendo el cachondeo con Chelmsford, “birthplace of radio” gracias a Marconi). Además, la incesante actividad de Jenkinson sobre sus cacharros analógicos (era fácil reconocer la Roland TB-303 y el sintetizador SH-101) quedaba perfectamente reflejada gracias a la cámara cenital que dejaba en mal lugar a todos aquellos que opinan que la música electrónica es tan sólo “apretar un botón”.

 

En línea similar de frenética actividad sobre el escenario (aunque más cercano al formato habitual de laptop show) se presentó en directo el jovencito Powell (6,8). Descarado, contundente y todo un maestro de la provocación, el británico se contoneó, bramó y estuvo muy en el papel de productor punky, descocado y peligroso, pero dio la sensación de que invirtió todos sus efectos en la pose y se le quedó un sonido demasiado cercano a una especie de techno trash con ramalazos efectistas entre la EBM y la siempre peligrosa EDM.

 

 

El increíblemente joven (dicen que apenas tiene veinte años y aparenta diecisiete) NTHNG (8,1) fue el encargado de cerrar el Hall con una sesión (su primera aparición en España) que supo canalizar la energía del pase anterior con una mayor finura (cómo se agradecieron sus menciones al bleep) y una madurez impropia de su edad. El holandés condujo al público entregado por la historia (y la histeria) del techno hasta el cierre apoteósico con Underworld (“Dark & Long” quizás se editó cuando aún no había nacido). Con el público rendido, aún tuvo otra media hora para echar el cierre del Hall hasta el año que viene.

 

 

Pues después de todo esto, aún me atrevo a decir que (mucho de) lo mejor estuvo en el escenario del Teatre del CCCB, el único escenario que repetía de la edición anterior y que este año se consagró a la propuestas más difíciles, primero por ambientales y después por extremas. El gaditano David Cordero (8,6) abrió el fuego con la presentación del primer LP a su nombre para el sello japonés Home Normal. “El rumor del oleaje” es un disco de ambient, pero no en el sentido de chill out balearic, sino en el de recoger el sonido de las olas de diferentes playas significativas para el autor como base de unos instrumentales llenos de melancolía. En el Lapsus, Cordero enlazó sus canciones con el rumor de las olas de una playa enorme proyectada en loop a sus espaldas (en concreto, la de la Punta del Boquerón en San Fernando) en un pase evocador y trascendente a partes iguales.

 

 

Con unos visuales que eran puro “Blade Runner” en blanco y negro (la cámara fija mostraba el distópico deambular del metro entre enormes rascacielos asiáticos) el misterioso HKE (7,7) reivindicó el vaporwave a través de una electrónica ambiental¸ pero también ferroviaria, traqueteante y, por momentos, sinuosa que hacía inevitable la referencia a los Kraftwerk más lánguidos y melancólicos.

 

El irlandés Donnacha Costello (8,1) triunfó con su set con el mítico sintetizador EMS Synthi (del que había ofrecido previamente una pequeña demo abierta al público) en la línea de los trabajos publicados a lo largo de este último año: grabaciones en directo de pases con sintetizadores modulares como el Buchla Music Easel. Aunque algunos asistentes pensaban encontrar al Costello pistero de años atrás, la mayoría del público siguió respetuosamente tirado en el suelo (para el año que viene queremos cojines, al menos para los más veteranos) un espectáculo de puro sonido (las proyecciones destacaban por su oscuridad): chasquidos, ráfagas, frecuencias, algún ritmo aislado fueron dejando paso a pulsaciones rítmicas más reconocibles, siempre conducidas con mano maestra por Costello. A la vista de los últimos precedentes, esperamos ansiosos la fecha de publicación de esta grabación.

 

A continuación, las asturianas LCC (8,9) demostraron que no es necesario un gran despliegue, ni siquiera el uso de proyecciones para dejar un gran concierto para el recuerdo. Sin estridencias, tremendamente concentradas y sin dejar de progresar, Ana Quiroga y Uge Pañeda presentaron lo asimilado después de su residencia en el EMS de Estocolmo para trastear con los sintetizadores Serge y Buchla 200: electrónica sin barreras ni complejos, que parte de la experimentación sin hacer ascos al ritmo y con unas texturas sencillamente magníficas que enlazaban con la experimentación del concierto precedente para adentrarse en territorios mucho más rugosos. Al finalizar, lo único que puedo decir es que la progresión lógica para rematar habría sido una sesión de Surgeon (nada menos).

 

 

Quizás por ello, el sonido al mismo tiempo cuadriculado y desestructurado del estadounidense M.E.S.H. (6,9) me dejó frío. Tampoco me convenció la interactividad de su sonido con los visuales del reputado vídeoartista Mau Morgó, aunque es cierto que la segunda mitad del set, más ruidosa y contundente remontó los ánimos del personal. Al menos, hay que agradecerle a M.E.S.H. que se trajera consigo a la estrella de su sello Janus Berlin, Lotic (8,4). Pese a su aspecto sosegado, J'Kerian Morgan es uno de esos tipos que asegura que hace música para hacérselo pasar mal a la gente, aunque hay que reconocer que en el caso de su set en el Lapsus la cosa no fue más incomodidad que sufrimiento. Incomodidad porque ese nuevo techno visceral, arrítmico, algo cabaretero (en el sentido de exhibicionista) y desestructurado que le emparenta con Arca está continuamente cambiando de dirección, dando pistas, para inmediatamente volver a ocultarlas. En todo caso, una sesión muy interesante que quizás habría brillado más en un ambiente más canallesco, menos académico.

 

 

Quien no sabe de academias es la estadounidense Jlin (9,2), sin lugar a dudas una de las artistas más atractivas del momento. Nativa de Gary (Indiana), ciudad situada a orillas del Lago Michigan, cuna de Michael Jackson y ya casi un suburbio de Chicago, Jerrilynn Patton aporta un punto de vista fresco y mucho más consciente (por no decir “politizado”) al footwork de la ciudad del viento. Al no trabajar con samples sino con sonidos propios, el footwork de Jlin es más fluido, menos atropellado, dejando más espacio a los abusivos samples vocales y dejando, a la vez, una sensación de frescor y poderío al alcance de muy pocos artistas. En gloriosa sesión de cierre del Lapsus Patton dejó muy claro, siempre con una sonrisa en los labios, que eso de la “Dark Energy” (Planet Mu, 2015) –su primer trabajo– era algo muy serio.

 

 

Half Nelson

Crítico musical que ha visto multitud de modas y estilos nacer, crecer, multiplicarse y morir desde que empezara a colaborar en Ràdio Ciutat de Badalona en 1993. Fan del jazz y del pop británico, aunque todavía impactado por el drum’n’bass, su firma se ha visto prácticamente en todas las cabeceras de prensa independiente (Mondo Sonoro, Go Mag, Rockdelux, Suite, Trax/Beat…) y radio online (ScannerFM) y por su grabadora han pasado muchos de los grandes (Costello, Lowe, Hitchcock, Mills, Craig, May, Saunderson, Gelb, Calexico, Goldie, Size, Flaming Lips, Bon Iver…). También ha contribuido con varios capítulos a “Loops” (Mondadori, 2002) y a “Teen Spirit. de viaje por el pop independiente” (Mondadori, 2004).

 

half@blisstopic.com