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MUTEK 2016 Crónica

02-05/03/2015, Varios Escenarios, Barcelona

 

Half Nelson 

Fotos Javier Burgueño y archivo Festival

 

En su séptima edición, la franquicia barcelonesa del festival canadiense Mutek ha conseguido la cuadratura del círculo: un buen equilibrio entre las propuestas más radicales y experimentales y aquellos artistas que, sin caer en la comercialidad que desvirtuaría el espíritu del festival, aseguran una buena presencia de público y repercusión por parte de los medios especializados, sin olvidar en ningún caso el apoyo a la escena local. Además, continúan empeñados en descubrir nuevas ubicaciones para sus diferentes escenarios, lo que diversifica los formatos y extiende el germen de las diferentes músicas electrónicas por cada vez más rincones de la ciudad e incluso fuera de ella.

 

Miércoles

El auditorio del Institut Français albergó dos propuestas con un enfoque totalmente opuesto. Abrió el barcelonés Edu Comelles (8,8) que presentó su primer LP para Spa.RK “Agost” (Spa.RK, 2015), un delicado trabajo de ambient concreto, imaginativo y ensoñador, como el magnífico vídeo a plano fijo de una copa llena de agua de cuyo interior, sugestionados por la música de Comelles, vimos florecer imágenes.

 

Edu Comelles

 

En contraposición, la violencia descrita por la música de los franceses Franck Vigroux & Kurt D’Haeseleer (6,5) en la presentación de “Centaure” sólo tiene parangón en las más truculentas y sangrientas películas de terror: quiebros y giros sónicos en un contexto de ambient industrial a la búsqueda del sobresalto secundados por unas proyecciones que, de forma algo obvia, jugaban con la idea del nacimiento y la transformación.

 

 

Jueves

En la siguiente jornada nos acercamos hasta la Universitat Pompeu Fabra (UPF) en el Campus Audiovisual del 22@ para asistir al pase organizado por Mutek.es conjuntamente con la Fundación Phonos y el Music Technology Group (MTG) de la UPF. A partir del interesante proyecto Freesound.org, el pionero Andrés Lewin-Richter (8,1) ofreció su obra “Paseo BCN” y el artista residente, el mexicano Joaquín Jiménez-Sauma (7,2), explicó y llevó a cabo una improvisación a partir de la manipulación por síntesis granular de piezas escogidas al azar del gran banco de sonidos que representa Freesound.

 

Bugge Wesseltoft, Henrik Schwarz & Dan Berglund

 

Tuvimos que correr hasta el BARTS en el Paral·lel para presenciar el final del pase de los barceloneses Afloat (7,5), el proyecto de jazz electrónico de Sergio Mesa (Nev.Era) y el pianista de jazz Albert Català: pese a algunas bases demasiado estridentes y la amenaza soterrada de un sonido demasiado cercano al chill-out, los pasajes más ambientales de Català con el teclado Rhodes enlazaban con los espaciosos acordes de “In a Silent Way”, un camino por el que podrían encontrar su propia vía de expresión. A continuación, los protagonistas de la noche Bugge Wesseltoft, Henrik Schwarz & Dan Berglund (8,7) participaron en una orgía jazzística de altos vuelos y con muy pocas concesiones a la galería. Con un Wesseltoft desbordante al piano (incluso preparado: empezó tirando directamente de las cuerdas del instrumento), al Rhodes y al Moog Voyager como bandleader, un eficiente Schwarz y un tremendo Berglund (el danés se consagró en la rueda de solos final haciendo sonar su contrabajo como una guitarra eléctrica) el trío cerró una primera gran noche de Mutek.

 

Pole & MFO

 

Viernes

La tercera jornada de esta séptima edición inauguró una nueva ubicación en el parking de la ya conocida Antiga Fàbrica Damm (¿qué mejor sitio para montar una fiesta que una fábrica de cerveza?): un espacio sencillo con muchas posibilidades y una indudable querencia rave, ya que no deja de ser un parking. Lo abrieron los alemanes Pole & MFO (7,7). Stefan Betke (Pole) después de años consagrado al techno-dub y a la masterización parece volver ahora más interesado en la imagen. Por ello se alió con el artista visual Marcel Weber (MFO) para construir paisajes sonoros (livianos al inicio, más cercanos a la IDM; y mucho más contundentes al final) a partir de reconstrucciones de antiguos temas de Pole y también de su último trabajo: el más naturalístico “Wald” (Pole, 2015).

 

Tras ellos, el estadounidense Shigeto (6,7) demostró que su insistencia en demostrar su habilidad a la batería le impide trasladar al directo sus progresos como productor cada vez más sutil y capaz de combinar mejor los elementos dispares que contiene su música. A cubierto, en la Sala de Màquines el canadiense Deadbeat (7,2) ofrecía una contundente sesión de su habitual techno-dub, centrado en su último disco “Walls and Dimensions” (BLKRTZ, 2015), pero que no aprovechaba al máximo las capacidades del espectacular soundsystem circular de treinta canales en 3 dimensiones creado por Intorno Labs y Amate Audio.

 

The Orb

 

De nuevo en el parking, los británicos The Orb (8,3), uno de los reclamos del festival, hicieron valer sus galones con un pase (más cercano a la sesión que al directo) con poco riesgo, pero de máxima efectividad: Mientras el doctor Alex Patterson pinchaba CD-Rs y Thomas Fehlmann añadía frecuencias y efectos y controlaba los magníficos visuales el público disfrutaba y se dejaba llevar por la fiesta. Aunque al inicio presentaron alguno de los temas de su último trabajo “Moonbuilding 2703 AD” (Kompakt, 2015) y del inminente “Alpine EP” (Kompakt, 2016), pronto dejaron claro que el baile iba a primar sobre el ambient. Así, a base de autoremezclas, construyeron un concierto-sesión que, como no podía ser de otra manera, acabó revisitando sus clásicos “Little Fluffy Clouds”, “Perpetual Dawn” o “Toxygene” para regocijo de los más veteranos.

 

 

Tras la merecida cena, el Apolo abrió sus salas a Mutek con la primera decepción del festival. Reagenz (6,9) cocinaron uno de sus conciertos de improvisada progresión, pero, quizás impresionados por el club, no fueron capaces de aportar matices, ni pausas, ni momentos de reflexión que contrastaran con la creciente intensidad de los beats. Desde luego, Move D y Jonah Sharp no pudieron repetir la jugada maestra de “The Periodic Table” (The Bunker New York, 2014). En la sala 2, los malagueños BSN Posse (7,9) la liaron con su bass music moderna (del future house al footwork pasando por el hip hop), desacomplejada y divertida y dieron paso a los locales The Suicide of Western Culture (8,4) que, con un set oscuro y arriesgado, acabaron de rematar una gran noche para la escena local, mientras que arriba, en la sala grande, Henrik Schwarz (7,2) se divertía acompañado por Bugge Wesseltoft y, después, Gerd Janson (6,9) cerraba con una sesión ecléctica (con house y space disco al inicio), pero demasiado acomodada para sus abultadas credenciales.

 

Valentin Stip

 

Sábado

Con evidentes síntomas de cansancio, pero con ánimos renovados, nos acercamos de nuevo hasta la Fàbrica Damm donde la arriesgada disposición de Flanger (6,5) en medio del público despistó a algunos (que miraban las pruebas de Vilod sin entender muy bien de dónde provenía el sonido) y enardeció a los windowlickers que casi se subieron a hacerse selfies con Uwe Schmidt (Atom TM) y un seriote Bernd Friedmann (antes Burnt Friedman). El año pasado la pareja volvió, después de diez años sin ningún LP, con el magnífico “Lollopy Dripper” (Nonplace, 2015), todo un ejemplo de jazz electrónico como base de una música abierta y ecléctica. Sin embargo, su directo en el Mutek se ciñó a unos estrictos (y muy germánicos) patrones rítmicos sintéticos con escaso espacio para melodías y las texturas: muy frío todo.

 

Tampoco puede calificarse de calurosa la interpretación de la canadiense Kara-Lis Coverdale (8,8) en la Sala de Màquines, pero sí que puede afirmarse que se trató de una de las mayores y más agradables sorpresas del festival por la madurez de su propuesta pese a tener apenas tres LPs editados en cassettes de tiradas muy limitadas. El ambient industrial, herrumbroso (muy a lo Demdike Stare, por ejemplo) y espacioso por la alternancia de ruido y calma devenía gótico por el acento en lo lúgubre, el máximo aprovechamiento del sonido circular de la sala y la puesta en escena con capa negra y sobrio y ascético aspecto.

 

Villalobos y Loderbauer

 

De nuevo en el parking, la gente se agolpaba ante el concierto estrella de esta edición del festival: Villalobos y Loderbauer, es decir Vilod (8,5). En un concierto menos jazzístico y divagante que “Safe in Harbour” (Perlon ,2015) el único LP hasta la fecha de la sociedad formada por Villalobos y Loderbauer, el chileno y el alemán parecían repartirse, sentados ante sus sintetizadores modulares, la autoría de las bases que, alejadas de cualquier tentación bailable (para desconsuelo de la muchachada más efervescente), configuraron un marco reflexivo, exploratorio, con ocasionales escapadas espaciales, pero esencialmente árido y que exigió plena atención y concentración a todas las partes (Villalobos ofreció un perfil muy distinto al que desgraciadamente suele asociarse con él), que a partir de la mitad del set fue ampliamente recompensada. Junto a ellos, el saxofonista suizo Claudio Puntin aportaba bases drónicas y también alguna (leve) melodía que coloreaban los temas sobre los que los visuales, manipulados en directo por la madrileña Alba G. Corral, crecían y se multiplicaban. Aunque es difícil hablar de “temas”, el concierto se dividió en extensas suites en las que las capas de sonidos sintéticos se sucedían con una clara intención psicodélica en el sentido más acumulativo posible, no tanto en un sentido de trance (aunque algunos de los drones de Puntin podrían inducir a ello), sino de progresión y riqueza combinatoria. Villalobos y Loderbauer dejaron la sensación de que tienen en las manos un proyecto todavía en crecimiento, pero con grandes posibilidades y retos por delante. Por cierto, el concierto se grabó, así que habrá que estar atentos a la posible publicación de algún extracto. De nuevo, en la Sala de Màquines, el italiano Daniele Mana defendió brillantemente su proyecto Vaghe Stelle (9,1) con la ventaja de haber podido probar el sonido de la sala a lo largo de las jornadas previas. De hecho, adaptó algunas partes para aprovechar al máximo las posibilidades del equipo. El resultado fue una espectacular descarga de adrenalina sónica: un chaparrón de techno industrial ruidoso, pero también de samples enigmáticos y recursos propios de la bass music, que hicieron que el set al aire libre de Valentin Stip (6,9) nos supiera a muy poco.

 

 

De nuevo en el Apolo para la sesión nocturna, la residente del Panorama Bar berlinés Steffi (9,1) triunfó con un directo digno de sus sesiones: techno alemán sin concesiones, pero perfectamente modulado para, más que alienar, seducir a mamporros al espectador como en sus producciones para Ostgut Ton. Sin duda, otra de las grandes triunfadoras de esta edición. En una línea de contundencia similar, pero muchísimo más cerebral, el directo de Rrose (7,9) fue demasiado para el público habitual del Apolo. Los largos desarrollos ruidosos y las pausas llenas de tensión no casaban con un entorno de fiesta y dispersión: quizás habría sido mejor volver a la Sala de Màquines de la Fàbrica Damm. Suerte que los locales Sunny Graves (8,2) y Cauto (8,5) dejaron bien alto el pabellón barcelonés en La 2. El primero con una lección de contención emocional y desparrame estilístico (empezó reflexivo y ambiental, pero la cosa se fue complicando) y el segundo en una similar línea ecléctica, pero mucho más orientada al baile pasando con descaro del techno al breakcore sin dejar casi ningún tópico sin derribar en una noche realmente memorable.

 

Half Nelson

Crítico musical que ha visto multitud de modas y estilos nacer, crecer, multiplicarse y morir desde que empezara a colaborar en Ràdio Ciutat de Badalona en 1993. Fan del jazz y del pop británico, aunque todavía impactado por el drum’n’bass, su firma se ha visto prácticamente en todas las cabeceras de prensa independiente (Mondo Sonoro, Go Mag, Rockdelux, Suite, Trax/Beat…) y radio online (ScannerFM) y por su grabadora han pasado muchos de los grandes (Costello, Lowe, Hitchcock, Mills, Craig, May, Saunderson, Gelb, Calexico, Goldie, Size, Flaming Lips, Bon Iver…). También ha contribuido con varios capítulos a “Loops” (Mondadori, 2002) y a “Teen Spirit. de viaje por el pop independiente” (Mondadori, 2004).

 

half@blisstopic.com