Menu

Greg Dulli en el Guitar BCN

24/02/16, Barts, Barcelona

7,7

 

Milo J Krmpotic

Fotos Eric Altimis

 

Aunque por momentos se acompañara de hasta cuatro músicos (guitarra eléctrica, bajo, teclados y violín), Greg Dulli ha propuesto esta gira en solitario a modo de ceremonia tirando a íntima, con sus velas desperdigadas por el escenario y una iluminación minimalista, autolimitándose a la segunda parte contratante de la electro-acústica y realizando actuaciones en iglesias e incluso en una sinagoga. Tal vocación sólo puede saldarse con éxito, claro, a partir de un par de cualidades: el don para ejercer de maestro de ceremonias (vayan marcando esta casilla mientras, si se tercia, repasan la trayectoria del amigo a través del texto que, hace exactamente un año, servidor dedicó a la visita de The Afghan Whigs a la Ciudad Condal) y un muy pulido dominio de los tempos. Y, si bien Dulli va sobrado principalmente en el apartado de personalidad escénica, lo cierto es que nunca le ha faltado sentido musical. De hecho, del encuentro entre ambas características surge esa tendencia a engarzar composiciones ajenas en las suyas propias, y a firmar covers tan alejados del original (pero siempre respetuosos, por apasionados) como ese “Modern Love” a pelo con el que cerró su paso por la sala Barts.

 

 

Así las cosas, pese a un repertorio que apuntó antes al connoisseur que a actitudes más mainstream, con minoría de temas de los liberales afganos, bastante Twilight Singers, una pincelada de The Gutter Twins e incluso alguna pieza de su “Amber Headlights” en solitario, disco que jamás había llevado a los escenarios; pese a tal escasez de golosinas, decía, los noventa minutos de actuación alumbraron un muy notable equilibrio entre diversión y belleza. Porque Dulli no encarna precisamente el paradigma del crooner, es su devoto desparpajo lo que le salva cuando riza el rizo acometiendo “My Funny Valentine” al órgano (nada raro en quien ha versionado desde el “Summertime” de George Gershwin hasta el “A Love Supreme” de Coltrane). Y, porque el tipo ha sido lo que ha sido y sigue siendo lo que es, piezas tan afines a su perfil como “If I Were Going” o “Papillon” abocan inevitablemente, una vez más (y van), a la comunión.  

 

 

Lo mejor: Ese “Summer’s Kiss” donde Dulli y Dave Rosser se bastaron para generar una intensidad que generalmente requiere de una banda al completo, y que sirvió además para que el respetable (o no tanto: véase el punto siguiente) se pusiera en pie y adoptara gesto rockero.

 

Lo peor: La incapacidad de buena parte del público para respetar los deseos del artista en lo relativo al uso de móviles. Pase que el signo de los tiempos no entienda ninguna experiencia vital como completa sin su debida reproducción en la red social de turno, pero que a estas alturas no se sepa quitar el flash de la cámara o reducir la luminosidad de la pantalla clama al cielo.

 

Milo J. Krmpotic’

Milo J. Krmpotic’ debe su apellido a una herencia croata, lo más parecido en términos eslavos a una tortura china. Nacido en Barcelona en 1974, ha publicado contra todo pronóstico las novelas “Sorbed mi sexo” (Caballo de Troya, 2005), “Las tres balas de Boris Bardin” (Caballo de Troya, 2010), “Historia de una gárgola” (Seix Barral, 2012) y "El murmullo" (Pez de Plata, 2014), y es autor de otras tres obras juveniles. Fue redactor jefe de la revista Qué Leer entre 2008 y 2015, y ejerce ahora como subdirector del portal Librújula. Su firma ha aparecido también en medios como Diari Avui, Fotogramas, Go Mag, EnBarcelona, las secciones literarias del Anuari de Enciclopèdia Catalana

 

milo@blisstopic.com