Menu

mick harvey

Mick Harvey en Barcelona

28/07/15, La [2], Barcelona

7,9

 

Sergi de Diego Mas

Fotos Grun

 

Una barra intenta esconder el protagonismo de un espacio rectangular en el que la conversación acaba siendo una digresión anónima. Esta mano que escribe no se atreve a desviar la mirada del escenario en el que Mick Harvey y su reducida banda (guitarrista y bajo, que también se sentaba a la batería, intentando sustituir con desgana esa ausencia) desgranaban semillas, también malignas y oscuras, de sus trabajos en solitario. Así, me pierdo la imagen del detective Ray Velcoro sentado y fumando sobrenaturalmente en un rincón de detective verdadero, escuchando cómo se desgranan unas notas que haría bien T-Bone Burnett en incluir en la serie de Nic Pizzolatto. Mick Harvey como artista invitado del bar de Lera Lynn, la austera cantautora folk de la segunda temporada de "True Detective".

 

Así, entre el humo de los bajos fondos californianos, parecía hallarse la sala 2 del Apolo barcelonés, entregada en casi tres cuartas partes del aforo al desenfadado amateurismo de un histórico secundario de los escenarios. La solemne austeridad de sus letras (también diálogos o monólogos, como los de Velcoro en su mesa) se muestran una a una directas, malsanas y lacerantes, como “The Ballad of Jay Givens”, “October Boy”, escrita en memoria de su compañero de The Birthday Party, Rowland S. Howard, o “Glorius”, un rock robado de la libreta de P. J. Harvey, también publicado en el álbum “Four (Acts of Love)” (Mute, 2013).

 

Se suceden las notas y los primeros planos sobre el detective, que aunque no veo sé que sigue solo: suenan “Slow-Motion-Movie-Star”, “Photograph” y “Out of Time Man” (versión de Manu Chao), recuperadas de su álbum “Two of Diamonds” (EMI, 2007) y el detective piensa en la otredad del hijo, en el padre extraño, en un asesinato que son varios, en un guionista apagado.

 

Mick Harvey busca los títulos en una hoja arrugada que no quiere perder de vista y que parece funcionar como setlist diario, económico. Todo parece improvisado, incluso la caja de vinilos de Swans que, erróneamente, el sello discográfico ha enviado para que sean ofrecidos (en este caso serán regalados) en un improvisado puesto de merchandising. La belleza es peligrosa y decadente en la música del australiano, Bad Seed pero ex-compañero de Nick Cave, también en las escenas que se suceden entre canción y canción, una pintura expresionista aunque íntima en la que incluso la luminosidad catódica y épica del minuto y medio de la maravillosa “I Wish That I Were Stone”, las falsas esperanzas de “Praise  the Earth” y las prisas finales en “Bonnie and Clyde”, de Serge Gainsbourg, le siguen diciendo a Velcoro, como también le susurra Lera Lynn vía HBO, que el vacío de las páginas en las que se encuentra es una metáfora más del tiempo que hace ahí fuera.

 

Sergi de Diego

Melómano compulsivo y urbanita adicto a YouTube. Ha escrito “E-mails para Roland Emmerich” (Honolulu Books, 2012) pensando en J. G. Ballard y los próximos cinco minutos. Sus películas favoritas son “Annie Hall”, “Mulholland Drive” y “Tiburón”. Padece ataques de nostalgia al recordar “Los 4 Fantásticos” de John Byrne. Le gusta repetir que “El final del verano es el principio de los conciertos”. Forma parte del colectivo DJ The Lokos. Es fan de Roy Orbison y Sonic Youth. Lo puedes encontrar en su blog, Interferncia Sónica