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LiveSoundtracks 2015

24-25/04/15, Convent dels Àngels, Barcelona

 

Sergi de Diego Mas y Manu González

Fotos Gioia Casale

  

En el Evangelio según San Juan (1:1) se cuenta que en el principio de todo fue el verbo. En el “Ainulindalë”, el primero de los relatos del “Silmarillion” de J.R.R. Tölkien, se narra que en el principio de todo fue la Música de los ainur. En el Festival LiveSoundtracks celebrado en el Convent dels Àngels de Barcelona, se ha comprobado que en el principio de todo está la música en directo como apéndice simultáneo, una capa añadida a imagen, movimiento y texto (es decir, al cine).

 

Precisamente y ante tal multiplicidad de estímulos (imágenes mudas danzando sobre una pantalla o sobre el escenario –los músicos-; sonidos en forma de texto –subtítulos– y piezas instrumentales interpretadas en vivo –otro tipo de subtexto-), era de una congruencia aplastante que la primera jornada del festival se abriera con la proyección de “Sans Soleil” (1983), de Chris Marker, realizador francés que lograría en su filmografía invertir la jerarquía de la imagen en favor de la palabra y el texto. En ese sentido podíamos interpretar el añadido del directo, del concierto, de lo instantáneo, de lo fugazmente irrepetible como un paso más a explorar en las tentativas de experimentación del lenguaje cinematográfico.

 

Con notable retraso sobre la hora programada, el condimento musical a los 100 minutos de la espléndida “Sans Soleil” lo puso la banda barcelonesa Shinkiro. La psicodelia, las frecuencias y ritmos reiterados de su krautrock experimental añadieron fuerza a las palabras de Chris Marker (poesía en estado puro) y a sus imágenes granuladas (localizaciones ballardianas principalmente encontradas en  Japón o Guinea-Bissau, aunque también remezclados con, entre otros, clips de la televisión japonesa o escenas de “Vértigo”, de Alfred Hitchcock), debatiendo una vez más (y digo una vez más pues el visionado de esta obra es infinito e inabarcable), sobre la naturaleza de la memoria, sobre la incapacidad y la extrañeza con la que el individuo se enfrenta a tiempo y espacio como dimensiones latentes en el recuerdo individual y colectivo, conceptos que en la duda aparecen como sinónimos, en plena confusión y conjunción junto a los crescendos ordenados por la guitarra, las líneas marcadas por los sintetizadores y teclados, y la batería como corazón metrónomico (la medida del recuerdo). El conglomerado funcionó, y el mensaje poético de Marker no perdió ni un ápice de intensidad; incluso me atrevería a decir que en ocasiones se veía redimensionado.

 

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Menos suerte tuvo Lena Willikens, productora y DJ del Colectivo Cómeme, en el segundo pase de la jornada, acompañando a la película muda "Japanese Girls at the Harbor" de Hiroshi Shimizu (1933). El naturalismo del film, ambientado en la portuaria ciudad de Yokohama, se veía invadido por la proto-electrónica ambiental e industrial de Willikens, logrando transformar esta historia de paisajes, sueños, geishas y pasados irreconciliables, en una historia de fantasmas, un ejercicio ya de por sí atrevido que tuvo un desagradable enemigo en forma de problemas técnicos que hicieron peligrar la sesión, al silenciar el equipo durante unos veinte minutos que se hicieron eternos, como la imagen inmediatamente congelada de las dos japonesas caminando sin caminar sobre la pantalla, resguardadas del sol por sus wagasas (parasol, paraguas, sombrilla..., el lenguaje de nuevo).

 

Ya cercanos a la medianoche pondría punto final a la primera jornada una sesión doble, con el pase de “La Jetée” (obra en la que se basó la conocida “12 monkeys”, de Terry Gilliam), cortometraje clásico de Chris Marker, quien repetía en el programa, y un fragmento de treinta minutos de la alocada “Night of the Living Dead”, de George A. Romero.

 

El violín de Sara Fontán (Manos de Topo, Piña...) acompañó de forma imaginativa y casi científica las imágenes de La Jetée, fotonovela en la que Marker logró dar movimiento a las imágenes fijas a partir del texto. Los punteos picoteados de Fontán, los dilatados desarrollos lineales de sus cuerdas, los quiebros y curvas sonoras se fundieron de forma tan natural en esta historia de viajes en el tiempo, de anhelos y presentes, que parecía que fueran acordes que siempre habían estado allí: la belleza del momento bien valió el fin del mundo o de la vida, si no es lo mismo. Excelente.

 

Y de otro tipo de fin del mundo es del que se apropió Pantaleón (Jaime L.) con “Night of the Living Dead”, todo un clásico del cine de terror, probablemente más citado que revisitado por las nuevas generaciones. La locura y el terrorismo analógico se apoderaron del músico y por ende, del fragmento de filmación escogido (la llegada de los muertos vivientes a la casa de campo). Con sus aparatejos repletos de zumbidos y hachazos industriales a la Sonic Boom, Pantaleón logró insuflar de vida sonora y pesadilla a masas putrefactas de carne que nunca hubieran imaginado volver a soñar y pasar miedo. En cualquier caso, zombi o no zombi, el fin justifica los medios (y los miedos). Larga vida al terror (y a Jaime). Sergio de Diego

 

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El sábado fui invitado por la organización para participar en el debate "Bandas sonoras: la incursión de la música electrónica en el cine", moderado por Guillermo Granell y en el que tuve el honor de discutir sobre música electrónica y BSOs junto al gran Jaime L. Pantaleón y el experto periodista en bandas sonoras Conrado Zalabarder (jefe de la excelente web sobre el tema Mundobso.com). Fue una charla muy divertida y didáctica (por lo menos, para mi lo fue, y creo que el público también disfrutó) en el que se habló de historia, del papel de la BSO en el cine y donde se contaron anécdotas como la banda sonora de "2001" o el score electrónico de Maurice Jarre para "Único testigo". También descubrimos que un grande como George Martin (el quinto Beatle) fue ingeniero de la BBC Worshop Radiophonic, el laboratorio de efectos sonoros y música de la BBC donde se creo un pedazo de historia de la música electrónica como toda la música de "Doctor Who".

 

A la charla también tenía que haber asistido Brunetto, pero el retraso de las pruebas de sonido y audio del festival se lo impidieron (una lastima). Menos mal, porque su "Reinventing Alice" basado en la película "Alice" (1988) de Jan Svankmajer fue uno de los grandes conciertos del festival. Brunetto y Xarlene (encargada del montaje y efectos) nos sumergieron a ritmo de break, drone y ambient enfermizo en esa casa del horror llamada Wonderland del imaginario de Svankmajer. Brunetto fue inteligente y aprovecho sonido y voces de la película original creando una gran experiencia audiovisual en el que nada chirriaba. Espectacular la escena de los calcetines a ritmo de break.

 

Después tocaba uno de los conciertos más esperados de todo el LiveSoundtracks, Ensemble Economique haciendo un nuevo score de "Sueños" de Akira Kurosawa, sólo de cuatro fragmentos de los ocho del film entre los que estaba "El ogro llorón" y "El túnel". No quiero ser muy malo ni cruel, pero, en definitiva, aunque el concierto de Brian Pyle sonó a gloria (a base de drones ruidistas y capas y capas de ambientes que encajaban entre ellas perfectamente), el score hubiera servido igual para "Sueños" como para un anuncio de Movistar (el patrocinador del LiveSoundtracks). Nada pegaba, y cuando introducía elementos sonoros adecuados a las imágenes que salían (muy pocos, unos gritos en "El ogro llorón" y un ritmo marcial en "El túnel" aparecían a destiempo). Para ser francos, la música de Ensemble Economique te sacaba de la película, más que meterte en ella. Manu González

 

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