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Mark-Lanegan

Mark Lanegan en Barcelona

10/03/15, Bikini, Barcelona

5,6

 

Milo J Krmpotic'

Fotos Brais G. Rouco

 

Dos cosas pueden decirse (o repetirse) acerca de Mark Lanegan: tiene un vozarrón capaz de prestar gravitas al recitado de la lista de la compra, pero nunca ha sido la alegría de la huerta. Sea por su carácter introvertido, sea porque sus cuerdas vocales tradicionalmente se bastaron a la hora de imponer desde lo alto de una tarima, el amigo frasea-recita-canta con una economía de movimientos que su más reciente tendencia al tambaleo no acaba de redimir: la siniestra sobre el micro, la diestra aferrándose a los tres cuartos de altura del soporte y vocea que te vas. Y esa actitud (o falta de) presenta un molesto añadido: resulta contagiosa. Si incluso un tipo tan amigo del show escénico como Greg Dulli tenía problemas para subir el ritmo cuando coincidieron en The Gutter Twins, ¿cómo no iban a padecer tal influencia los miembros de su actual banda? Pues bien, la sufren y lo hacen hasta extremos insólitos.

 

Sucede, pues, que tanto da que Lanegan salga al escenario para interpretar los primeros temas en la exclusiva compañía del guitarrista como que los bises reúnan a sus cuatro secuaces con las seis cuerdas del telonero Duke Garwood: la frialdad es idéntica. Al punto que los músicos se fueron con la misma parsimonia con la que habían llegado, saludando tímidamente, como si no hubieran mediado unos noventa minutos de rock quizá no intenso, pero (mal)viven mis tímpanos que sí atronador. El trabajo lumínico, además, brilló por su ausencia. Y uno pasa a plantearse cuestiones que, por ser de respuesta tirando a íntima, y por tanto de difícil consecución, no deben ser explicitadas. Y la extrañeza permanece.

 

Era perfectamente defendible, cabe añadir, el disco que motivó esta cita barcelonesa, “Phantom Radio”, tal y como no deja de tener su gracia el trabajo de apostillas en clave de remezcla que le ha seguido (una de ellas, “The Killing Season” según UNKLE, sirvió para cerrar la actuación). El inevitable guiño a Screaming Trees, en cambio, se centró en una rareza, “Black Rose Way”, del álbum de grabaciones perdidas que apareció en 2011. Y curiosamente fue durante un cover de los Twilight Singers de Dulli, “Deepest Shade”, allí donde Lanegan pareció despertar, si bien a mitad de la inmediata “Hit the City” había regresado ya a la cueva. Más cazalloso e inexplicable que nunca, el Lobo de Ellensburg parece sentir mucho más respeto por los legados ajenos que por el suyo propio. 

 

Milo J. Krmpotic’

Milo J. Krmpotic’ debe su apellido a una herencia croata, lo más parecido en términos eslavos a una tortura china. Nacido en Barcelona en 1974, ha publicado contra todo pronóstico las novelas “Sorbed mi sexo” (Caballo de Troya, 2005), “Las tres balas de Boris Bardin” (Caballo de Troya, 2010), “Historia de una gárgola” (Seix Barral, 2012) y "El murmullo" (Pez de Plata, 2014), y es autor de otras tres obras juveniles. Fue redactor jefe de la revista Qué Leer entre 2008 y 2015, y ejerce ahora como subdirector del portal Librújula. Su firma ha aparecido también en medios como Diari Avui, Fotogramas, Go Mag, EnBarcelona, las secciones literarias del Anuari de Enciclopèdia Catalana

 

milo@blisstopic.com