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Jenny Lewis

01/08/2014, Lollapalooza Aftershow, Parc West, Chicago

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Texto María Asuero

Fotos Jamie Bernstein

 

Cuando hace un par de meses leí que Jenny Lewis tocaría en el aftershow del Lollapalooza (o “Lola Paliza”, como le llama un amigo) durante mi estancia en Chicago, me invadió una sensación de alivio, pues para verla no tendría que pasar por el inclasificable e insoportable festival.

 

Debo admitir que su música me encanta (mucho más su vertiente en solitario que su banda Rilo Kiley), pero sinceramente creo que en sus directos se crece. De las dos giras que he presenciado (“Rabbit fur Coat” y “Acid Tongue”), tengo que decir que, además de cantar como los ángeles y de rodearse de músicos espectaculares, cuida mucho los detalles decorativos y visuales sin caer en la superproducción (siguiendo siempre la línea estética del disco que presenta).

 

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Mientras escribo esto, me doy cuenta de que con su música siempre me ha ocurrido algo peculiar. Como sus discos varían entre sí en cuestiones de estilo, sonido y producción, las primeras escuchas suelen ir unidas a cierto desasosiego. Sin embargo, al poco se desvanece para dar paso a la adicción y admiración hacia ese salto tan acertado. Advierto, que cuando hablo de su carrera musical, no incluyo su LP “Jenny and Johnny” (Warner Bros, 2010), pues intento que poco a poco caiga en el olvido si quiero seguir pensando que tiene talento.

 

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Así que con unas ganas muy construidas y estables, la noche empezó con mal pie. Por una parte, la sala era fría y fea, mucho más cercana a una discoteca de despedidas de soltera que al original teatro de espectáculos burlescos que fue en los años veinte. Por otra, el grupo telonero, Apalache Relay dio un concierto terrible, con poca herencia del talento que emerge de su ciudad natal, Nashville. No sé si es mala suerte, pero mi experiencia con los teloneros en USA es nefasta.

 

La espera entre los dos conciertos fue larga, y estuvo repleta de silbidos, lo que me hizo pensar que, o el público era muy fan o muy impaciente. La puesta en escena reproducía la estética tan celestial y cósmica de su último LP, "The Voyager" (Warner Bros, 2014): instrumentos pintados en tonos pastel, telas con el mismo motivo que tapaban pianos y teclados, y todos ellos vestidos de blanco (a ella la distinguía una especie de kimono berenjena que le llegaba hasta las rodillas).

 

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Despegó con el primer single del último LP, la bonita y pegadiza  “Just one of the guys”. De “The Vogayer”, sonaron muchas. Entre ellas, “Head Under Water” fue muy convincente y se ganó mi total aprobación, pues en el disco la sentía comercial. En “Slippery Slopes” sonó un emocionante punteo, “Aloha and the three Johns” vino acompañado de un emotivo arreglo de pedal steel, y el octapad tan cadencioso de “The New You” nos hizo bailar a todos. Con la sensualidad que le caracteriza, la inocente “Late Bloomer”, le hizo brillar y transmitirnos aquella niña que fue, y en este tramo de exaltación, sin guitarra y subida a una caja nos deleitó con una preciosa “Love U Forever”.

 

En varios momentos del concierto, el público premió con bailes y coros ese recordatorio y homenaje a su antigua banda, la desaparecida Rilo Kiley, mientras interpretaban “Silver Lining”, “Moneymaker” y “Better Son/Daughter” (ésta se llevó una ovación especial, pues fue la última antes de los bises).

 

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Hubo un momento en el que agradeció la cálida acogida del público, que era extraordinaria. Muchos “we love you”, muchos coros, muchos gritos. Y es que ella no es para menos. Entre sus grandes cualidades, podemos empezar por  esa mezcla de belleza  e inseguridad que hace que sus movimientos y su sonrisa sean hechizantes (no muchas chicas guapas en el escenario presumen de este atractivo). Además, sus composiciones son buenas, sus letras sensatas (buena cuenta de ello da su último trabajo), y transmite cercanía, lo que en conjunto, despierta amor en sus fanes.

 

Por supuesto, fue difícil no echar de menos la presencia de las Watson Twins cuando sonaron “Rise up with Fists!”, el omnicord en “You are what you love”, o no oír las guitarras de Johnathan Rice en “Pretty Bird”, “The Next Messiah” o “Bad Man’s world”. También faltaron temas excelentes de sus otros trabajos, como “See Fernando”, “Jack Killed Mom”,” The big guns” o” The charging sky”. Pero los allí asistentes tuvimos la suerte de que el bis lo abriese una “Acid Tongue” con los coros de sus músicos y los Apalache Relay.

 

Quizá la única pega fue oír “She is not me” en vez de “The voyager” como fin de fiesta, pero pasando esto por alto, aquí resumo que fue una noche para recordar, y que, desgraciadamente no se podrá disfrutar en España.

 

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María Asuero

En la  formación musical de María convergen varios ejes: el gusto por la música desde que era niña, años de conciertazos en fantásticas salas en su otra vida irlandesa, y muchos años de formación clásica en el conservatorio (aunque ahora le gusta enchufar su viola a un ampli, comprarse pedales y hacer de todo menos lo que le enseñaron). Es una viajera empedernida y entre los souvernirs que carga en sus viajes destacan los instrumentos (podría montar en su casa un museo con todos ellos). Además, le apasiona la literatura, habiendo  cursado un par de másters en la UAB. Hace crítica literaria para Buk Magazin e investiga en el desarrollo de la lectura crítica con sus alumnos, pues es profe.