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Cruïlla 2014 Sábado

12/07/2014, Parc del Fòrum, Barcelona

 

Texto Marc Ferreiro

Fotos Rosario López

 

Segunda de las jornadas del Cruïlla con amplia diversidad estilística y sin un cabeza de cartel evidente. Quizás ello propició que, aunque sábado, el número de asistentes al festival fuera similar al que se registró en su primera tarde.

 

Tras la apertura de puertas, estrenó el escenario Time Out Valerie June, joven compositora e intérprete que fusiona música americana de raíces, entre el folk y el bluegrass. La escucha de sus temas auguraba un más que interesante concierto pero la actuación se saldó con una sensación de decepción. La voz quebrada que aparece en sus grabaciones era, en directo, a veces incluso molesta. Presentó a su banjo como la estrella de la tarde y le agradeció que le ayudara a componer “Somebody To Love”. Una bella balada que casi nos reconcilió con ella. Casi. 6

 

El mal sabor de boca nos lo quitó de un plumazo el trío capitaneado por John Butler. Con su curiosa acústica de 11 cuerdas a la que le extraía sonoridades de gran furia eléctrica, Butler ejecutaba solos incendiarios, creativos e imprevisibles. Además, los dos músicos que le acompañaban en su power trío entregaban una base rítmica con una gran pulsión funk. Él se sabe bueno, se quiere mucho y sus canciones están cercanas en ocasiones al mainstream, pero siempre lo consigue orillar a base de creatividad y emoción. Su interpretación en solitario de la exigente “Ocean”, en la que extraía de la acústica melodía, acordes y percusión al mismo tiempo, fue de las que sientan cátedra. Un ejemplo de digitalización, perfección técnica y control de las dinámicas pero teniendo siempre como primera intención transmitir sensaciones. Le queremos en sala ya. 9

 

Tras él, ver a Jack Johnson interpretar con timidez sus temas fue un descenso abisal a la realidad más mediocre. Algo que no parecía apreciar el importante público que se arremolinaba frente al imponente escenario Estrella, excesivamente elevado y que, junto a la lejanía del cantante, hurtaba su visión a los pobres fans situados en las primeras filas y a los fotógrafos. Anodino y olvidable. Lo siento por la seguidora que me contó que había venido desde Francia en autostop y que se quejaba de la poca entrega de los fans de nuestros lares. Visto lo visto, yo diría que hasta fueron demasiado benévolos. 5

 

Huir de Jack Johnson para ver en directo a The Selecter fue una de las decisiones de la noche. El combo de ska, capitaneado con mano dura por Pauline Black, ofreció altas dosis de diversión, ritmo desatado y espectáculo de nivel. Fieles a sus orígenes, se mostraron empáticos contra la crisis a la que nos han abocado y se centraron en hacernos olvidar las hieles con las mieles de su música. 8

 

Se podría pensar que Imelda May es impostura, pero cualquier duda se esfuma cuando comienza a cantar. Actitud, poderío y buenas canciones. La banda que la escolta ofrece, además, espectáculo y energía. En su amplio set sonaron “Mayhem” y “Psycho” y se podía apreciar que parte del público se había desplazado al Fórum por ella. Bolo con hechuras clásicas, con aquello que antes era tan habitual, elegancia y nivel instrumental. 8

 

Todo lo contrario de lo que ofrecieron Macklemore & Ryan Lewis. Nuevas esperanzas del hip hop que se vieron frustradas por un espectáculo plano, falto de ritmo y que pretendía ocultar sus costuras con el uso de pirotecnia y trucos dignos de Skrillex. Ben Haggery, alias Mackemore, era quien arengaba al público a gritar y corear hasta que Ryan Lewis, en el fondo del escenario, se decidía a lanzar una de sus bases con bajos estratosféricos. Tan espectacular como insustancial. 4

 

Tras la grandilocuencia hueca, era necesario una cura de verdad. Y Myriam Swanson y sus Flamingo Tours nos la ofrecieron. Relegados a esa caja de cerillas que era el Lounge Estrella, nos hicieron olvidar los pocos medios a su disposición con un espectáculo total. La Swanson, tremendamente divertida y con una contagiosa alegría, sus músicos, con la entrega y contundencia rítmica. Rock clásico pero vivo. Lo que vi de Emil Kusturica y su No Smoking Orchestra era también apreciable, pero el Lounge era el sitio en el que estar. 8

 

En ese recorrido ying yang, tocaba volver a penar. Y Jazzanova, dirigidos por un Paul Randolph más pendiente de sus bailes que de ofrecer música con algo de calado, fue la penitencia perfecta. Poco jazz, mucho funky de salón; vamos, para que nos entendamos, que Jazzanova serían la banda sonora ideal para un ascensor de hotel de lujo. Tienen producción, sonido, pero les falta sentir lo que hacen. A las dos y media de la madrugada, una sentencia de muerte. No es de extrañar que el escenario que acogía a Za! a esas mismas horas estuviera a rebosar. 5

 

La noche finalizó con la actuación de Skip & Die. Un combo colorista con Cata.Pirata ejerciendo de extravagante maestra de ceremonias. Como unos Die Antwoord menos lúbricos o una M.I.A. sin el mal rollo, eclécticos y divertidos, “Jungle Riot” y “La Cumbia Dictadura” fueron ideales para levantar los ánimos y finalizar la noche con una sonrisa. 7

 

 

Marc Ferreiro

Proveniente del extrarradio de Barcelona, Marc Ferreiro siempre ha querido dinamitar las limitaciones culturales y del entorno. Apasionado por la música, el cine, la narrativa, el teatro y, en definitiva, cualquier manifestación creativa, considera el periodismo como una forma de compartir experiencias. Tras formar parte de publicaciones pioneras como aB (anteriormente, aBarna), ha seguido colaborando en numerosas revistas y webs culturales. Actualmente prepara un libro que recopile sus entrevistas.