Menu

UGARTEBURU-0891-BLISSTOPICjavierburgueno

Íñigo Ugarteburu

08/03/2014, 4’33” Cabeza de Topo, Barcelona

7,2

 

Olívia Perelló 

Foto Javier Burgueño

 

En una noche de overbooking de ofertas musicales en Barcelona, Íñigo Ugarteburu culminaba su periplo nacional presentando su último disco, el excelente “For the Unknown” (Foehn, 2013), en un concierto casi entre amigos y en una localización fuera del circuito habitual que le vino al pelo a su propuesta intimista y delicada. En un loft del barrio de Poble Nou donde cohabitan diseñadores, periodistas y proyectos diversos, en eso tan moderno que ahora ha dado en llamarse coworking –diversos espacios de trabajo, pero sobre todo una nevera y un microondas para compartir–, tuvimos la suerte de sentirnos unos privilegiados por poder asistir en petit comité a una velada excepcional. A favor: un público predispuesto que sabía a lo que iba, que prestó atención completa a la música y que dejó la cháchara para el final –acertadísimo cerrar la barra durante el bolo, oigan–.

 

Había curiosidad por descubrir cómo resolvería Ugarteburu la grandeza de su disco en directo. Qué forma tomarían los arreglos de cuerda y las mil capas de su sonido en un concierto que se anunciaba en solitario en formato guitarra y poco más. La ecuación se resolvió con un acertado uso de discos de acetato con la parte electrónica grabada (mucho más bonito que lanzar las pistas desde el laptop) y la interacción –muy milimétrica– con la guitarra, el clarinete y la voz de Urgarteburu. Un concierto que tuvo dos partes muy marcadas: una primera en la que dominaron sus sonidos de mesa camilla, ese lánguido lamento de guitarra acústica con intrincaciones y loops electrónicos, grabaciones de campo y tintineos diversos que le hermanan con propuestas como la de Joseba Irazoki en su etapa en Lucky Kitchen. Detallista y emocionante, pero sin caer en el ensimismamiento, resolvió también con solvencia las cortas incursiones vocales (ciertamente complicadas; con tan pocos elementos es fácil percibir la fragilidad y la desnudez a la que se enfrenta el artista. Y se agradece). Punto y aparte merece el tema final del concierto, en el que exploró la parte más experimental y electrónica de su sonido. Un tema que empezó con un juego de electrónica y clarinete y que acabó en sostenida tormenta sónica y drone del bueno –testeando los oídos de los presentes–, que dejó a todo el mundo enfervorecido. La cara B de un artista con muchas más aristas de las que puede parecer a primera vista.  

Olívia Perelló

Sin llegar a la altura de un Pessoa, la multiplicación de heterónimos que va dejando tras de si Olívia Perelló es claro signo de poca personalidad, problemas serios de identidad o muchas cosas que ocultar. O todo ello a la vez. Aun así es fácil rastrar sus filias, aunque más sus fobias. Por ejemplo: los cupcakes, los centros comerciales, los blogers-DJs, Juan Manuel de Prada, Madonna, lo neoviejo, la dictadura de lo indie y tal. Y los flexidisc. Suenan fatal.