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Una cabeza llena de fantasmas

Paul Tremblay

Nocturna

8,3

383 págs.

16,50 €.

Santiago García Tirado

  

Hacer de una posesión demoníaca el eje sobre el que gire una novela, a la altura de 2018, no parece un gran plan, así, a bote pronto. Claro que siempre está la posibilidad de que lo primero sea un decorado pintoresco, un señuelo, como si dijéramos, y que al fondo la novela ande en otros intereses. En ese caso el problema sería que algunos, por la premura, se perdieran esos otros temas, equivocados por las primeras impresiones y –todo hay que decirlo– algunas operaciones de marketing no muy afinadas. Que en portada el mismísimo Stephen King asegure que la novela “lo mató de miedo”, tampoco ayuda a imaginar qué fenómeno narrativo aguarda entre las páginas de “Una cabeza de fantasmas” (Nocturna), la última obra de Paul Tremblay (Aurora, Colorado, 1971), que reseñamos a continuación. Por suerte, en Blisstopic la hemos saboreado a fondo y nadie nos va a sorprender con un ingrediente de última hora porque antes los hemos aislado todos. Uno a uno, golosamente.

 

El relato arranca en forma de confesiones entre Merry, una veinteañera que vivió en la infancia una experiencia familiar extrema, y Rachel Neville, una escritora de best sellers interesada en la materia narrativa que supone la infancia de Merry.  No tardamos en saber que todo gira en torno a la posesión (o no) vivida por su hermana mayor 15 años atrás y las consecuencias sufridas por el resto de familiares, madre, padre y, por descontado, la pequeña e impresionable Merry. Merry en aquel entonces sólo leía los libros de animales ilustrados por Richard Scarry, el de las Busy towns, y en aquel mundo ninguno acusaba posesión.

 

A renglón seguido, aparece un blog gestionado por una de esas voces ultravitaminadas que en la actualidad optarían por alguna variante tube -ella misma se autoflagela por caer en un modelo marcadamente retro-, donde el objetivo será analizar el reality “La posesión”, un programa exitoso de la TV emitido también 15 años atrás. En efecto, ahí se encuentra el punto de conexión con el planteamiento inicial; también el primer factor de desconcierto -¿el reality inventó la posesión, la distorsionó, volvió loca a la joven Marjorie, fue la TV más que nunca un invento del Maligno?-. A todo ello hay que sumarle el relato último, el de la historia de la familia que poco a poco se irá desvelando, aunque siempre matizado, o incluso emborronado, por los otros dos. De momento, quedémonos con la estrategia narrativa y su curiosa arquitectura de tres plantas por las que circulará la historia: una, que corre en un presente compartido con el lector, donde Merry va a relatar su historia a la escritora de best sellers; otra, en el plano virtual y con la distancia que propicia la crítica; y una tercera planta, incrustada en tierra, que será la que ocupe más espacio en la novela y donde se producirán los hechos que en diversos momentos se analizarán en las otras dos plantas de la arquitectura. La vida allí dentro va a resultar versátil y casi neutralizará cualquier riesgo de monotonía.

 

 

 

La inteligencia de Paul Tremblay al delinear cada plano genera resultados interesantes. Lo que prometía ser esencialmente el relato único, el de la posesión de la hermana mayor -una adolescente en el momento de los hechos- se convierte en una trama que va a ser revisada continuamente, lo que elimina de paso la posibilidad del miedo al negarle espacio para que se sostenga en el tiempo. A eso contribuye sobre todo la ironía distanciadora de la bloguera, que no da tregua y va lanzando su humor más corrosivo contra cada aspecto de la narración. Para desmitificar cualquier hecho sobrenatural tira de un amplio corpus de novelas y películas, que cita como fuentes que podrían haber inspirado la serie televisiva y, en consecuencia, la propia historia  que va desgranando Merry en su charla con Rachel Neville. Así pues, el lector siempre queda en la duda de si debe aceptar como verídico el relato inicial, pero también cualquiera de los otros dos discursos.

 

En resumen, lo que se insinuaba bastante predecible –el relato fantástico de una posesión demoníaca– acaba siendo una propuesta en clave realista que no deja de proporcionar estímulos inteligentes para seguir dándole vueltas a los hechos una vez terminada la lectura. La idea del reality-serie contribuye en gran medida a que el lector siempre se debata entre los conceptos de realidad y ficción, y que tenga que sopesar cuánto de esa realidad queda adulterada al pasar al formato televisivo o en qué medida ha sido todo puro artificio, como la propia protagonista confiesa a su hermana menor en varias ocasiones.

 

Ahora bien, nada de esto tendría como resultado una sacudida emocional aceptable si la historia no contase con un final a la altura, y esto es lo que regala también la novela. Lo ha insinuado en diversos momentos, sospechamos que el show familiar que ha logrado sacar de la penuria económica a la familia tendrá consecuencias severas sobre el grupo, pero la novela empuja de tal manera que uno nunca se detiene a plantearse que el destino de cada miembro va a ser terrible. Ese efecto final es un argumento suficiente para poder decir que “Una cabeza de fantasmas” es mucho más que un entretenimiento mainstream, una gran novela, pero ya se ha dicho que el relato esconde otros argumentos igualmente rotundos. Las relaciones familiares, los ritos adolescentes, el fenómeno TV y las series, las leyendas urbanas, la literatura de entretenimiento, el fanatismo religioso y, qué duda cabe, la enfermedad mental cobran en la novela las dimensiones de un retablo de época. Creo que ahí es donde germina la verdad de la novela, la causa de la satisfacción con que uno cierra el libro al terminar.

Santiago García Tirado

Soñó con llevar subliminalmente en su DNI una cifra capaz de avivar el deseo, pero llegó al mundo en 1967, con dos años de antelación para la fecha correcta; desde entonces no ha hecho más que constatar que siempre estuvo (contra su voluntad) en el tiempo equivocado para ser cool. Con empeño, y en contra de la opinión de las hordas hipsters internacionales, ha llegado sin embargo a crear la web PeriodicoIrreverentes.org, y colaborar en Micro-Revista, Sigueleyendo, Quimera y Todos somos sospechosos, de Radio 3. Sus últimas obras de ficción son Todas las tardes café” (2009, relatos) y La balada de Eleanora Aguirre” (2012, novela). En 2014 verá la luz su novela “Constantes Cósmicas del Caos”, con la que espera coronar su abnegada labor en beneficio de la entropía universal.

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