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Resort

Juan Carlos Márquez

Salto de Página

8,2

122 págs.

14,50 €.

Santiago García Tirado 

 

Juan Carlos Márquez escribe las narraciones que Cioran habría escrito de haber tenido a punto las armas de narrar. Si Cioran se pasó la vida anotando las variadas formas del cinismo, la desconfianza y el egoísmo incrustado en la identidad, Juan Carlos Márquez escribe obras como “Resort” donde se exhiben, en breves fogonazos narrados, los efectos de todo ello en la cotidianidad. Sin endulzantes ni estabilizantes. El título -y la portada- apuntan sin ambigüedades a lo que hay en el interior: con un lenguaje parco, directo, a veces malcarado, las escenas de un resort en la costa mediterránea se irán sucediendo en los cuadros que conforman este libro, como en una suerte de exposición fotográfica en torno al veraneo, lo kitsch, el aburrimiento, la frustración, el circo de la felicidad.

 

Una exposición fotográfica, pero en forma de narración. He aquí una definición adecuada del libro. Juan Carlos Márquez introduce entre esas imágenes la física inquietante de la desaparición de un niño, pero incluso ese hecho brutal parece siempre una realidad abstracta, sin repercusiones en las escenas que se van hilvanando. Lo que vamos encontrando son composiciones estáticas, levemente unidas las unas a las otras por personajes comunes, que sirven al autor para merodear alrededor de lo que es, lo que busca, lo que enardece, lo que frustra a un individuo medio de nuestro oficialmente declarado “primer mundo”. Nada ocurre, nada evoluciona, lo que no quiere decir, por cierto, que la narración pierda brío en momento alguno. Hay que encararla bajo otros presupuestos, simplemente. Juan Carlos Márquez ha ido afianzando una manera propia de narrar novelas que son un cruce entre el relato y el libro de impresiones, con una deuda evidente con Hemingway y, en general, los autores que proceden del periodismo y, por lo mismo, desconfían del artificio, del palabrerío mal catalogado como “estilo”.

 

 

En “Resort” encuentran espacio los niños que destrozan la paz de la siesta, los viejos que colonizan a diario la primera fila de playa, los alemanes en filas ordenadas al asalto del buffet, el sexo reprimido, el triunfo de los cuerpos, la rutina ambiente, los placeres aplazados, el horror estético, el tedio de la vida, como una serie de cuadros para una exposición que sólo puede cobrar sentido en conjunto. Cada cuadro admite ser leído individualmente, pero gana nuevas perspectivas y nuevos sentidos si se considera como parte del conjunto. Así es como “Resort” pasa a ser un modelo de esto que se nos ha quedado como sociedad del entretenimiento, que no es más que el final grotesco adonde ha llegado la especie por este camino, que era el del consumismo, la rabia, los complejos, aunque nos lo etiquetaban con aquello de la “sociedad del bienestar”. Queda saber si otros caminos son posibles y si sabremos gestionarlos para alcanzar mejores objetivos, pero de eso Juan Carlos Márquez no habla en “Resort”. Sí lo hacía en su anterior novela, “Los últimos” que abría un nuevo plazo para la especie, aunque en Marte, y ni así apostaba mucho por el optimismo. Aquí la vida de cada personaje parece decidida a culminar en el resort y, más allá, el mar, un territorio para metáforas machadianas, que aquí parece indicar teleológicamente la asunción de la nada. Como diría Cioran, de haber sabido escribir relato.

 

Santiago García Tirado

Soñó con llevar subliminalmente en su DNI una cifra capaz de avivar el deseo, pero llegó al mundo en 1967, con dos años de antelación para la fecha correcta; desde entonces no ha hecho más que constatar que siempre estuvo (contra su voluntad) en el tiempo equivocado para ser cool. Con empeño, y en contra de la opinión de las hordas hipsters internacionales, ha llegado sin embargo a crear la web PeriodicoIrreverentes.org, y colaborar en Micro-Revista, Sigueleyendo, Quimera y Todos somos sospechosos, de Radio 3. Sus últimas obras de ficción son Todas las tardes café” (2009, relatos) y La balada de Eleanora Aguirre” (2012, novela). En 2014 verá la luz su novela “Constantes Cósmicas del Caos”, con la que espera coronar su abnegada labor en beneficio de la entropía universal.

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