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El costado derecho

Francisco Bescós

Salto de Página

7,6

320 págs.

18 €.

Santiago García Tirado

 

Todo empieza en el costado derecho. A Carlos Nogueroll una operación que no debía tener mayor trascendencia le ha supuesto perder un riñón ―literal― debido a un error médico. El otro riñón ―metafórico― ya lo había perdido cuando años atrás estallaba la burbuja inmobiliaria que se llevó por delante la empresa, el optimismo, y esa vida muelle que le había permitido codearse con esa clase de gente que siempre ha vivido por encima de tus posibilidades. Para más inri, una de las esquirlas de ese estallido acabó llevándose por delante también su matrimonio, y así a día de hoy todo lleva a concluir que Nogueroll es un hombre menguado: ni riñón, ni dinero, ni mujer atractiva y ni siquiera una vida aceptable de padre por turnos con Mateo, su hijo. Carlos Nogueroll es modelo acabado de perdedor a lo grande. Con él Francisco Bescós (Oviedo, 1979) ha construido una novela con vocación de thriller, en la que plantea una batería de accesorios ambiciosa y bien dosificada que asegura horas de tensión apetitosa, mientras se hacen esperar las claves que nos aclaren en qué confabulación se ha visto enredado el protagonista para acabar tan lastimosamente.

 

 

 

Acierta Bescós al multiplicar las líneas narrativas en torno al protagonista, que siempre ejerce de elemento tensor y las sostiene. Con esas líneas permite que crezca el repertorio de personajes, desde los más graves a los frikis declarados, y de paso activa una serie de fuerzas con grandes posibilidades que tendrán el efecto inmediato de desconcertar al lector. Como requiere el género, el lector de “El costado derecho” tiene que acabar, a la par que el protagonista, sumido en la incertidumbre, la angustia y el desasosiego antes del desenlace, si es que lo hay finalmente. La primera línea narrativa extiende su territorio alrededor de un Leroy Merlin, donde ha dado con sus huesos ese mismo Nogueroll que un día fue constructor exitoso. Emprendedor, que dicen con sorna en TVE. En ese Leroy Merlin conocemos a Gonzom, sobre quien recae el trabajo de adelantar pesquisas sobre una posible ―o no― trama de tráfico de órganos, y al que ayuda una tribu de frikis y raros que dará más de una escena de impacto. Más tarde se añade a ésta otra línea que nos lleva al terreno de la gente con posibles, con Olmedo a la cabeza, el supuesto beneficiario del riñón ―literal― perdido, y de paso, ese mundo paralelo de leguleyos e investigadores privados de cuya existencia cualquiera que no cobre algo más de mil euros al mes puede renegar. Con motivos. El factor emocional aparece en otra línea, donde nos encontramos a Ángela, la ex, quien tiene a cargo al pequeño Mateo y que actualmente comparte vida con su nueva pareja, un tipo de esos repulsivos a los que incluso le queda bien el último peinado de moda. Por último, la línea que lleva al territorio emocional constituido por la familia y los amigos, ese ámbito de espejismos y socavones inesperados: algunos los tiene el protagonista a mano, en Madrid, y otros aparecen en Begur, en la Costa Brava, adonde se desplaza aprovechando unos días de baja, que también servirán para añadir leña al relato. Ningún consuelo parece encontrar entre sus seres cercanos, y sí en cambio toda una impedimenta de nuevos conflictos, sorpresas, inquietudes. Aparte del narrador que lo increpa continuamente, Carlos Nogueroll no parece tener a nadie que le preste la debida atención mientras recorre a la desesperada su laberinto. De esa atinada disposición de ámbitos que plantea Bescós emerge la onda expansiva de zozobra que sacude al protagonista y, como efecto colateral, al lector. Algo que siempre va a más, que no deja de crecer conforme avanza el relato.

 

En el apartado de temas, la novela se muestra contenida. Un buen thriller requiere tanto de un enigma de envergadura como de un protagonista creíble que siempre acaba arrastrado hasta su límite, y eso es lo que ofrece “El costado derecho”. Si a ello se quiere añadir una carga temática demasiado plomiza, se corre el riesgo de perder la tensión narrativa que reclama y monopoliza el thriller. Eso demuestra saberlo Francisco Bescós, y si pone bajo el foco ciertos temas peliagudos es para apenas apuntar detalles que en cierto momento le permiten trazar un diálogo, o una nueva línea de fuerza, que luego será sacrificada a tiempo en beneficio de la trama central. Así, el relato sucesivamente pretende acercarse al mundo del tráfico de órganos, hurga en las causas de la crisis inmobiliaria, plantea el problema lingüístico-identitario de Cataluña… pero nada evoluciona más allá de simples esbozos de trazo grueso, nada adquiere dimensiones destacadas dentro de la novela. Lo que ofrece, lo que ha estado desde el principio en la intención del autor, es una trama de acción que entretenga ―y vaya si lo hace― al lector, por encima de todas las cosas. Una historia que se ceba con un protagonista demasiado parecido al lector medio como para no someterlo y contaminarlo del despliegue de espantos que logra “El costado derecho”. El resoplido final es la respuesta necesaria a ese estado en que uno queda al salir ileso de tanta tensión, una mezcla de angustia y satisfacción al constatar lo apacible de la monotonía en la que nos movemos la mayoría de los mortales, y que aunque sólo sea en la ficción, necesitamos sacudir de vez en cuando. Después de haber coqueteado con la locura, el asesinato y unas cuantas enormidades más, el regreso a lo cotidiano es también parte del regalo que supone lo nuevo de Francisco Bescós. Por su salud mental, septiembre lo merece.  

Santiago García Tirado

Soñó con llevar subliminalmente en su DNI una cifra capaz de avivar el deseo, pero llegó al mundo en 1967, con dos años de antelación para la fecha correcta; desde entonces no ha hecho más que constatar que siempre estuvo (contra su voluntad) en el tiempo equivocado para ser cool. Con empeño, y en contra de la opinión de las hordas hipsters internacionales, ha llegado sin embargo a crear la web PeriodicoIrreverentes.org, y colaborar en Micro-Revista, Sigueleyendo, Quimera y Todos somos sospechosos, de Radio 3. Sus últimas obras de ficción son Todas las tardes café” (2009, relatos) y La balada de Eleanora Aguirre” (2012, novela). En 2014 verá la luz su novela “Constantes Cósmicas del Caos”, con la que espera coronar su abnegada labor en beneficio de la entropía universal.

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