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Izaskun Gracia Quintana  

Crónicas del encierro

Izaskun Gracia Quintana

Salto de Página

7,7

169 págs.

15,90 €.

Santiago García Tirado

  

La factoría Salto de Página no parece dispuesta a reducir el ritmo de sus máquinas y, temporada tras temporada, sigue suministrando calidad. La nueva entrega se titula “Crónicas del encierro”, y la firma Izaskun Gracia Quintana (Bilbao, 1977), autora que hasta la fecha sólo había transitado la poesía ―con la que ha cosechado varios premios― y que abre una nueva veta en su obra con esta incursión en el relato. Hablamos, por tanto, de una ópera prima, y a la vez de una escritora con una trayectoria definida a sus espaldas. Ese detalle, por suerte, se nota. Y se disfruta.

 

Una suite de siete relatos da cabida a las crónicas a las que alude el título y, sí, todas dejan a su paso algún nuevo argumento con que sostener la claustrofobia del lector. Lo terrorífico en todos estos relatos es que el caos nace, crece y se adensa en el individuo sin necesidad de que salga de aquello que habría de constituir naturalmente su zona de seguridad: la casa, la familia, el barrio. El mal secreta sus dosis en madres de un despotismo proverbial (así ocurre en “Vacaciones”, en “El vestido azul”), en hijos que pierden la cabeza y atacan a sus hermanos (“Barcos hundidos”), se ceba en hijas castradas en vida al servicio de sus madres (“El vestido azul”, “El pozo”), y a veces opta por mimetizarse en fenómenos naturales (la lluvia en “Tap”, la enfermedad en “Diario nocturno”). Lo incontestabe es que en ninguno de los casos relatados atempera su efecto destructor. El encierro ―parece decir Izaskun Gracia― es consecuencia inevitable del ser humano: sólo se escapa de él vía muerte ―tres de siete relatos―, aunque las más de las veces ni siquiera se admite esa liberación ―cuatro de siete―. Para colmo, en los casos en que por fin se accede a la libertad, el protagonista se mostrará incapaz de gestionar ese nuevo estado (“El vestido azul”). Cerrada cualquier posibilidad de huida, los protagonistas se aferran a pedazos de materia que consuelen del abandono, lo que a veces será un triángulo de cerámica, un vestido sin estrenar, el volumen de papel que constituye un diario, los barcos que irán transportando a trozos un relato disparatado.

 

Izaskun Gracia habló de violencia al presentar su obra hace unas semanas. Consigna de forma explícita que esa deuda con el mal es una de las taras insalvables de la especie humana. Con todo, relato a relato se desliza hacia otra cosa, como si quisiera mostrar el desamparo de la criatura frente a códigos sociales encapsulados en el ADN por siglos de prácticas tortuosas. “Vamos ―dice uno de los personajes―. A desaparecer”, a modo de orden o sugestión que quisiera revertir ese estado. El problema que plantea Izaskun Gracia es, pues, auténticamente post, un problema de identidad: “¿Cómo puedo, entonces, tener una mínima certeza de quién soy?” Así es como se expresa el protagonista del último relato, al tiempo que escribe su propia crónica de encierro y busca la forma de darse claves para asumir la tortura que significa su vida, expulsado de la luz diurna. No es el mal que lo habita quien ejerce la tortura, sino la impenitencia del territorio al que ha sido expulsado. Un esquema interesante que se renueva en casi todos los textos.

 

Izaskun Gracia Quintana

 

Estas “Crónicas del encierro” son efecto natural de una mecánica literaria ya madurada y lista para grandes cosas. Izaskun Gracia se muestra solvente en los planteamientos, inteligente en la expansión de las tramas, sagaz gestionando las tensiones para que no se agoten hasta el momento preciso en que deben estallar. Lleva dentro mucha literatura y de calidad ―por todos los manes, otra bilbaina que escribe― a la que debería poner tras una pesquisa intelectual ambiciosa. Una gran escritora lo es por como maneja sus armas tanto como por la altura de sus miradas, algo que como poeta seguro que sabe desde hace tiempo. Un área que precisa ensanchar, por ejemplo, es la de sus personajes tipo, demasiado envarados en un modo de vida tradicional, sumisos, tanto que a veces resultan arcaicos, se diría que inválidos para existir fuera de su propia ficción. Pierden también verdad literaria las situaciones en las que se rehuye los topónimos concretos, esos textos en los que los protagonistas juegan “en un bosque” situado en una zona minera, de una región, en “aquel año”, una manera de ubicar que deja muy desvaído un escenario que, de otra forma, podría haber aportado un plus de fuerza al relato, con posibilidades. Lo indiscutible, por encima de todo, es Izaskun Gracia, que con estas “Crónicas del encierro” ha dado un golpe de autoridad y pone a muchos sobre su pista, que seguro guarda tanto con lo que sorprender.

Santiago García Tirado

Soñó con llevar subliminalmente en su DNI una cifra capaz de avivar el deseo, pero llegó al mundo en 1967, con dos años de antelación para la fecha correcta; desde entonces no ha hecho más que constatar que siempre estuvo (contra su voluntad) en el tiempo equivocado para ser cool. Con empeño, y en contra de la opinión de las hordas hipsters internacionales, ha llegado sin embargo a crear la web PeriodicoIrreverentes.org, y colaborar en Micro-Revista, Sigueleyendo, Quimera y Todos somos sospechosos, de Radio 3. Sus últimas obras de ficción son Todas las tardes café” (2009, relatos) y La balada de Eleanora Aguirre” (2012, novela). En 2014 verá la luz su novela “Constantes Cósmicas del Caos”, con la que espera coronar su abnegada labor en beneficio de la entropía universal.