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Acontecimiento Javier Moreno  

Acontecimiento

Javier Moreno

Salto de Página

8,6

173 págs.

15,90 €.

Santiago García Tirado

 

En poco más de 24 horas la anestesiada y predecible vida de un publicista de éxito entra en zona de riesgo por los dos ámbitos a los que se encomienda la seguridad vital: el familiar y el laboral. Las horas pasan con todas las alarmas activadas y Javier Moreno (Murcia, 1972), narrador y poeta curtido en zonas de riesgo ―artístico―, asumirá el cargo de poner por escrito la crónica de la zozobra en “Acontecimiento”, su reciente novela que acaba de publicar Salto de Página. Lo avala una envidiable hoja de servicios: con “Click” (Candaya, 2008) fue elegido Nuevo Talento FNAC y “2020” (Lengua de Trapo, 2012) eleva a cinco sus novelas publicadas hasta la fecha; súmese a eso varios libros de poesía, y un aluvión de seguidores confesos entre los que se cuenta Fernández Mallo. Para abrir el texto, Javier Moreno se decide por una narración en presente y con la primera persona como voz narrativa, y confiere al relato así una ilusión extra de objetividad, que es lo que cabe esperar de una crónica al uso. En efecto, uno siente con el protagonista que las alarmas se disparan y que nadie, ni siquiera quien lo cuenta, sabe bien en qué puede parar aquello.

 

Dos ámbitos por donde se ve amenazada la seguridad: el familiar-emotivo sufre el hackeo de la propia esposa que, en la primera frase de la novela, formula una condición nueva de la convivencia: “Si deseas que lo nuestro siga adelante tendrás que buscarte una amante”; el profesional-identitario, un poco más adelante, cuando en la empresa de publicidad en la que trabaja le ofrezcan ejercer como commnunity manager de Urdazi, el terrorista más buscado. Ambas zonas de riesgo actuarán como polos de una narración que, contra lo esperado, va a evolucionar con otros ingredientes, situaciones cotidianas inciertas, temas que el albur de la jornada irá brindando. Periódicamente aparecerá algún recordatorio de que el mal sigue al acecho, pero en la práctica las amenazas inciden muy de soslayo en la trama que se va desarrollando incierta ante nuestros ojos. En lugar del progreso temático esperado lo que aparece es una proliferación de pasajes en los que la mente obsesa del protagonista se empeña en racionalizarlo todo, sin límite: el cigarrillo que se fuma, un eslogan, la mecánica de Tinder, los presupuestos sexuales de su jefe. Es en esa hipertrofia de los pasajes digresivos donde se concentra la esencia del texto que ofrece Javier Moreno, de modo que conviene tomar nota para no crearse ante la novela expectativas equivocadas. No hay tema de actualidad, ni tampoco tema nimio, que no disfrute de sus diez minutos de focalización en el desarrollo de “Acontecimiento”. Sistematizar aquí ese big bang temático sería complicado, y acaso acabaría revelándose un trabajo huero. Lo que sí cabe señalar en cada excurso es una intención común: la mirada hipercrítica con que un hombre del S. XXI contempla su panorama, lo que incluye el ciberespacio que habita naturalmente y no menos que la realidad tangible. De esa forma lleva al paroxismo lo que en el Renacimiento se formuló como ideal de conocimiento: se cita por igual a un filósofo que a un cocinero, se consigna marcas de cuanto se consume ―esa huella Palahniuk― o se documenta un hecho religioso, se describe una performance artística o se aduce una referencia antropológica, un anuncio de la tele, una enfermedad extraña… El universo total deviene materia literaria y, una vez jibarizado, se ofrece entero al lector; como cabía esperar, éste se siente sobrepasado, y de qué manera.

 

Es sintomático que, junto a la saturación tecnológica que se muestra como biosfera del protagonista, los instintos primarios sigan permaneciendo intactos ―la atracción sexual por cualquier cuerpo a tiro, el instinto de dominación―, un aspecto que recuerda el protagonista una y otra vez, como si quisiera señalar la inmunidad de lo animal frente a la acoso de la tecnología sobre la especie. Otro aspecto igualmente sintomático: ese nulo interés en lo político, y que servirá de presupuesto para el futuro encuentro con el terrorista Urdazi. Parece así coincidir Javier Moreno con el diagnóstico que Giorgio Agamben hace de la Europa actual, donde el sistema, llevado a extremos por los poderes económicos, acaba logrando la despolitización del ciudadano para convertirlo en un consumidor aproblemático, justo como se muestra el protagonista de “Acontecimiento”.

 

 

Cuando la valoración de una novela quede, en un futuro próximo, reducida a cantidad de Likes ―venga, de perdidos al río― sospecho que la crítica literaria quedará relegada a rareza y será ejercida por alguna mutación hipster subsecuente. Desde luego, seguiría teniendo el poco peso que tiene ahora, pero incrementaría la injusticia con la que demasiadas novelas quedan relegadas a segundo plano sólo porque “no fueron capaces de entretener”. “Acontecimiento”, como propuesta artística de su tiempo, por suerte valora en muy poco contar con esa tontería del gusto que han universalizado las redes. Entiendo que Javier Moreno no se plantea en ningún momento armar una novela para gustar, y lo que presenta ante el público es un artefacto de apariencia narrativa pero escrito desde unos presupuestos que acostumbramos a relacionar con otros géneros, la poesía sobre todo. Y bien, esto puede generar desconcierto, es verdad, y ser la causa de que el texto dinamite continuamente el precepto básico de que en una novela la progresión temática funciona siempre como progresión temporal, también es verdad, pero no lo es menos que en pleno S. XXI no queda regla que no sea violada ni propuesta artística que busque necesariamente caer bien. Me explico: parece que lo que hemos aceptado en el campo del arte no acabamos de asumirlo en el campo de la literatura, y así seguimos pidiendo que un libro se lea con gusto. Desde luego la experimentación que supone “Acontecimiento” busca suscitar en el público un amplio repertorio de respuestas, pero no parece que le preocupe exactamente la de quedar al gusto de una mayoría de lectores. Sería casi tanto como pedir que el criterio para valorar cualquier obra de las que contemplamos en exposiciones actuales fuese su capacidad para decorar nuestros maravillosos comedores de 3 x 4 metros, todo interior. No, “Acontecimiento” no sirve para matar el rato entre dos paradas de metro. Tampoco para citas célebres sobre fotos de buenos sentimientos en redes sociales. “Acontecimiento” incomoda. Manténgase alejado de los niños.

 

Se pueden rastrear influencias diversas en la obra de Javier Moreno: hemos apuntado detalles de Palahniuk ―el tipo se corre con su reloj Junghans y a su Toyota Máxima el cuerpo le pide darle un beso―, otros muy de la sensibilidad post como la continua referencia al arte conceptual ―la exposición del japonés Ikeda; una performer del sexo que acabará siendo, como el protagonista, creativa publicitaria―, y otros, que señala Vicente Luis Mora, asumidos de Don DeLillo, concretamente de “Cosmópolis” ―la narración en un día, el terrorista antisistema, la excepción temporal que representa una limusina, etc.―. Aun con esas influencias, el resultado es una narración muy personal con el sello inconfundible de la casa, donde la materia no fluye hacia un desenlace a la manera convencional, sino que opta por expandirse, de forma semejante a como lo hace la información en la Red. La foto fija que nos deja la lectura encuadra los ojos de un hombre aclimatado al continuo reseteo y actualización que impone la era internet. Sin embargo, hay en esa mirada una ansiedad que nos es familiar. Heráclito fascinado frente al flujo binario.

 

Santiago García Tirado

Soñó con llevar subliminalmente en su DNI una cifra capaz de avivar el deseo, pero llegó al mundo en 1967, con dos años de antelación para la fecha correcta; desde entonces no ha hecho más que constatar que siempre estuvo (contra su voluntad) en el tiempo equivocado para ser cool. Con empeño, y en contra de la opinión de las hordas hipsters internacionales, ha llegado sin embargo a crear la web PeriodicoIrreverentes.org, y colaborar en Micro-Revista, Sigueleyendo, Quimera y Todos somos sospechosos, de Radio 3. Sus últimas obras de ficción son Todas las tardes café” (2009, relatos) y La balada de Eleanora Aguirre” (2012, novela). En 2014 verá la luz su novela “Constantes Cósmicas del Caos”, con la que espera coronar su abnegada labor en beneficio de la entropía universal.

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