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Manual de ruleta rusa Pablo Gallo  

Manual de ruleta rusa

Pablo Gallo

Aristas Martínez

8,9

110 págs.

17 €.

Santiago García Tirado

 

“Manual de ruleta rusa” es el texto cronopiano que Cortázar nos debía y que Pablo Gallo (La Coruña,1975) se ha lanzado a escribir hibridándolo con un modo de ilustración muy propio. El texto arranca con una paráfrasis del “Preámbulo” y las “Instrucciones para darle cuerda al reloj”, y continúa con un itinerario por la historia de los que en algún momento tentaron al azar jugando a la ruleta rusa. Leemos allí que fue un escritor de novelas baratas, George Surdez, el primero en usar el término “Ruleta rusa”, con el que titula un cuento suyo de 1937. Sin embargo, no fue el inventor de la moda: en la recapitulación de corte enciclopédico que traza Pablo Gallo sabemos de otros autores que abundan en que fueron los oficiales zaristas quienes efectivamente inventaron ese duelo con el azar en momentos de subidón testosterónico y bajón patriótico. Hasta aquí, los antecedentes de la moda. Todo parece que va a quedar como un ejercicio erudito incapaz de progreso cuando un giro de la obra la hace derivar en una sala de máscaras que destaca algunos de los más sonados suicidios de la historia ―no sólo ruleta rusa mediante― desde el insoslayable Romanticismo hasta el último de los excesivos conscientes, Hunter S. Thompson. La sala es grande, subyuga: hay cabezas lúcidas de escritores que no soportan la vida ―Larra, Potocki, Arguedas―, cantantes de amores tempestuosos―Wendy O. Williams, Violeta Parra―, y hay millonarias de vida desenfrenada ―Alice de Janzé―, y periodistas, gangsters, aviadoras. Cada relato aparece con su correspondiente ilustración en colores contradictorios ―”complementarios” no encajaría aquí―, pensadas como estampas que concitan la tragedia en un fotograma congelado. A cada personaje, su metáfora. Lo mejor del libro, sin embargo, está por llegar, queda un nuevo e inopinado giro: desaparece la enciclopedia, se acaba lo figurativo en las ilustraciones y entramos en una fase final ocupada por la autoficción. Sin duda es lo mejor de la obra, para lo que todo lo anterior parece no haber sido sino una introducción. Aquí el autor narra un extraño encuentro con un personaje que lo pone sobre la pista de una teoría bizarra en torno al “suicidio cuántico”. Se trata de un relato que sabe cebar la tensión hasta inocular la angustia, precisamente en una fase del libro donde ya no la esperábamos. Las ilustraciones han dejado de ser retratos, ahora son pinturas de ecos expresionistas sobre superficies circulares. Al fondo se intuye la trama de un cuaderno escolar cuadriculado; en la superficie, tonos rojizos y negruzcos que potencian un estado de desazón. Insania. El texto acaba de manera muy adecuada como un juego de ruleta rusa, sólo que no estamos seguros de si la bala final nos ha atravesado.

 

Manual de ruleta rusa Pablo Gallo

 

Hablamos de una obra que, como puede verse, es una pieza experimental a la que incomoda el traje de lo meramente literario. Incluso de lo pictórico. Propone un acercamiento a ese lado tenebroso de la existencia donde es posible fascinarse con la aniquilación, un estado antihumano nada fácil que requiere dosis de bizarría e inteligencia para tratarlo sin caer en un enfoque tremendista o naíf. Y Pablo Gallo da pruebas de que conoce esas dosis. En conclusión, “Manual de ruleta rusa” no se presenta como un calmante ni un elogio de la luz, es una incursión en los márgenes del maelstrom vital con intención puramente testimonial y estética. Si nos conmueve que el autor retrate ese miedo es porque cualquiera con cierto grado de madurez sabe de qué habla. Huizinga hablaba del juego como consustancial al hombre, y Freud de la pulsión evidente hacia el Thanatos. En la ruleta rusa ambas confluyen y Pablo Gallo ha tenido el tacto necesario para elaborar un artefacto a la altura del encuentro. Hay que tenerlo.

Santiago García Tirado

Soñó con llevar subliminalmente en su DNI una cifra capaz de avivar el deseo, pero llegó al mundo en 1967, con dos años de antelación para la fecha correcta; desde entonces no ha hecho más que constatar que siempre estuvo (contra su voluntad) en el tiempo equivocado para ser cool. Con empeño, y en contra de la opinión de las hordas hipsters internacionales, ha llegado sin embargo a crear la web PeriodicoIrreverentes.org, y colaborar en Micro-Revista, Sigueleyendo, Quimera y Todos somos sospechosos, de Radio 3. Sus últimas obras de ficción son Todas las tardes café” (2009, relatos) y La balada de Eleanora Aguirre” (2012, novela). En 2014 verá la luz su novela “Constantes Cósmicas del Caos”, con la que espera coronar su abnegada labor en beneficio de la entropía universal.

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