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Challenger Guillem López  

Challenger

Guillem López

Aristas Martínez

7,7

505 págs.

25 €.

Santiago García Tirado

 

Pensemos en un hecho histórico cualquiera, aunque no tan lejano en el tiempo como para no haber dejado su huella en un directo. Pensemos en un hecho de gran repercusión mediática que haya devenido un icono. Y que sea además una catástrofe. Mantengamos el fotograma congelado en el momento en que dicha catástrofe se está produciendo y aguantemos la respiración. Ahora piensen: en ese preciso instante hay familias que esperan una llamada, pescadores que echan las redes, un grupo de chicas que se encierra en un cuarto del instituto a fumar a escondidas, un viejo que desea a la vecina que irrumpe en su campo de visión. Hay más, miles, millones de situaciones humanas sin conexión alguna con la catástrofe que, segundos después, se verán de algún modo afectadas por ella. La catástrofe ocupa así el primer plano de la foto, pero se dibuja sobre un mosaico abigarrado de detalles magníficos. Bien: de eso se ocupa “Challenger”, la obra con la que Guillem López dibuja en 73 cuadros narrativos el mosaico que sirvió de fondo a la tragedia del transbordador espacial del mismo nombre. Corría el año 1986, y el imaginario de un mozalbete de Castellón quedó marcado por aquella nave espacial convertida en humo y tragedia. Ahora Guillem López se dispone a superponer la foto fija de aquel hecho a un imaginario, el suyo, gestado y enriquecido por los treinta años transcurridos desde entonces.

 

Guillem López

 

La nave espacial Challenger vibró en el cielo ―y en un estallido de emoción patriótica― durante 73 segundos antes de convertirse en la tragedia que marcó el declive de la NASA. Como réplica a ese lapso de tiempo, Guillem López recrea 73 escenas que comparten espacio ―Miami― y marco temporal con aquella misión truncada. Se trata de cuadros narrativos que incluyen en ocasiones un cierto desarrollo y que casi siempre se rematan con un final abierto. En no pocos casos, la trama se ve continuada en relatos posteriores, o bien alguno de sus personajes prolonga su protagonismo en sucesivas narraciones, un artificio que consigue establecer un ecosistema referencial próximo al de una novela. Y es ahí donde se pone de relieve la eficiencia de Guillem López como narrador. Sabe plantear situaciones a partir de un hecho con el que aparentemente nada las liga y acaba construyendo todo un diorama adecuado al hecho mayúsculo que ha dado pie al conjunto de relatos. Está también el diseño de personajes, todo un elenco con grandes hallazgos, definido y de un verismo adecuado, donde se halla sin duda otro de los puntos fuertes de la obra. En el aspecto temático, se observa que la materia de la que se alimenta cada historia es variada, aunque el conjunto se va expandiendo sin salirse del todo del ámbito de lo fantástico. Es una elección del autor, y puede gustar o no gustar, pero antes de juzgarla convendría ponerla en relación con el hecho histórico del que hablamos. En un mundo especialmente intoxicado por la ficción como el de los Estados Unidos, ni siquiera la imagen de una tragedia emitida en directo acaba de conquistar el estatus de lo real. De hecho, cuanto tiene que ver con el Challenger parece haberse quedado flotando indefinido en la cinta grabada, como una entre tantas otras ficciones trágicas rodadas para el cine. Es coherente que, sobre ese trasfondo ficcionalizado –incluso John Denver compuso una oda a esos mártires de la ciencia– Guillem López pretenda incorporar a su colección de relatos una base temática de fuerte componente fantástico. Diríamos en ciertos momentos que le ha echado un pulso a lo real y está tratando de averiguar hasta dónde podrá estirar su propia narrativa sin llegar a romperla.

 

Challenger 1986

 

Mientras que en el plano narrativo todo parece responder a una fórmula ingeniosa, no todo parece ir tan rodado en el plano de la redacción. Uno tiene la sensación de que en el apartado del estilo aún hay fuerzas que a Guillem López le cuesta someter. Por decirlo brevemente, se trata de cierto mal de estilismo a la española, algo que parece incluir tanto una deuda con ciertos profesores de secundaria mal informados como una absurda fascinación por el léxico exquisito. Se abusa a menudo de los sinónimos aclaradores ―algo que indignaba a Borges― cuando lo dicho se entiende a la perfección. Se abusa del estilo cuando se llega a cierto manierismo que no es (ya) de este mundo. Se recrea a veces en un lenguaje ajeno a la funcionalidad ―Luis Magrinyà daba recientemente a esa característica la cualidad de esencial en nuestro siglo― que hace chirriar el texto. Incluso diría que abusa del espacio concedido a una narración que fácilmente podría extenderse hasta el infinito con la adición de nuevas situaciones y personajes, pero que ―bendita sinécdoque― no exigía tanto recorrido para suscitar el clima buscado.

 

Challenger 1986

 

El efecto global de "Challenger" es, más allá de estas consideraciones, altamente satisfactorio. Guillem López cumple con el campo en que milita, el de la buena narrativa, y lejos de entretenerse en repetir esquemas, sondea límites, experimenta nuevas estructuras, se moja. La editorial, por su parte, cumple con el suyo, el de la edición de objetos cuidados al detalle. La pulcritud con la que ha dado forma a un volumen de 500 páginas, la ilustración de Miguel Gómez Losada, en fin, todo el conjunto de la edición no hace más que añadir motivos para seguir creyendo en las propuestas que periódicamente los Aristas van dejando como apetecibles manzanas en las mesas de las librerías. Por todo ello lo que esperamos los lectores es que se mantengan en el tiempo este tipo de propuestas, que autor y editorial sigan bailando juntos mucho tiempo. 

 

Comentarios
Santiago García Tirado

Soñó con llevar subliminalmente en su DNI una cifra capaz de avivar el deseo, pero llegó al mundo en 1967, con dos años de antelación para la fecha correcta; desde entonces no ha hecho más que constatar que siempre estuvo (contra su voluntad) en el tiempo equivocado para ser cool. Con empeño, y en contra de la opinión de las hordas hipsters internacionales, ha llegado sin embargo a crear la web PeriodicoIrreverentes.org, y colaborar en Micro-Revista, Sigueleyendo, Quimera y Todos somos sospechosos, de Radio 3. Sus últimas obras de ficción son Todas las tardes café” (2009, relatos) y La balada de Eleanora Aguirre” (2012, novela). En 2014 verá la luz su novela “Constantes Cósmicas del Caos”, con la que espera coronar su abnegada labor en beneficio de la entropía universal.