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La habitación oscura

Isaac Rosa

Seix Barral

7,8

256 págs.

18 €.

Álex Gil

 

La cosa va de una habitación oscura, un lugar donde refugiarse, como cuando eras niño y te metías debajo de la cama o como cuando los avestruces meten la cabeza bajo tierra. Isaac Rosa entra en esa estancia y sus lectores tienen que seguirle.

 

La premisa argumental de “La habitación oscura” es bastante sencilla, un grupo de jóvenes se reúnen en torno a un club social en el que, por azar, acaban destinando el sótano a habitación oscura, sala de juegos sexuales entonces que, quince años después, se ha convertido en un oasis que los aísla de la realidad. Un espacio en el que el tiempo no existe, los límites se diluyen y, por unos instantes, no hay nada en el exterior. El relato de todos los que se reúnen en aquella habitación pinta ahora mundos que se van desmoronando, andamios que se tambalean, esperanzas infundadas que se van al traste, fracasos. Rosa habla de la vida de los jóvenes como una sitcom en la que cada uno acepta el papel que le ha tocado. Después llegará el drama. La crisis de Rosa sirve como retrato generacional de aquellos que, como él, nacidos en los 70, pensaron que algo llamado Estado del bienestar existía, que no había otra vía para la edad adulta que el capitalismo furioso, y confiaban en la ambición para escalar una montaña de ruinas anteriores.

 

Los usos de aquella estancia varían, como nuestras necesidades. El refugio acabará también en ruinas. Pocas grietas podemos encontrarle a esta novela siempre que aceptemos sus premisas desde el principio. Una habitación oscura nunca es tan oscura, nuestros ojos se acaban acostumbrando a la falta de luz. La metáfora de la oscuridad sirve al autor para, a partir de un espacio físico, dotar la historia de una fuerte carga metafórica. Acaba con el escenario y pone al lector a oscuras, borrando todo lo superfluo y ofreciéndole directamente el pensamiento de aquel que encuentra refugio en esa soledad.

 

“La habitación oscura” entronca directamente con lo expuesto en la anterior “La mano invisible”, sólo que allí hablaba de la precariedad laboral y aquí se centra en la precariedad del individuo, y lo laboral aparece como una batalla más a la que enfrentarse. Rosa construye lo literario a partir de una voz coral, un nosotros fragmentado, un sujeto colectivo. Su estructura y sus voces encajan perfectamente en un sólido relato que, además, cosa poco habitual, deja al lector un espacio para el enfrentamiento. Además, añade otra trama a modo de suspense en la que juegan un papel destacado los peligros de las nuevas tecnologías y los movimientos sociales post 15-M. Enfrenta la necesidad individual frente a la respuesta colectiva, la oscuridad de la habitación a la sobreexposición en que vivimos, localizados, observando y siendo observados.

 

Rosa entiende la literatura como método para comprender el mundo, de ahí que podamos trazar una línea de continuidad con sus novelas anteriores. Es un autor anclado a la realidad que le rodea, que indaga en los problemas de la sociedad y les da visibilidad, ya sea a través de su tribuna periodística o sus novelas. Un autor que admite escribir desde un sentido de la responsabilidad y en el que encontramos conexiones con otra voz como la de Belén Gopegui (en sus últimas novelas, ambos hacen énfasis en los peligros de doble dirección de los dispositivos tecnológicos). Gopegui y Rosa podrían considerarse las voces más destacadas de un modo de escribir la realidad, una nómina que encabezaría  Chirbes y en la que podríamos incluir a Pablo Gutiérrez (“Democracia”), Rosario Izquierdo (“Diario de campo”) o Javier López Menacho (“Yo, precario”) como nuevos discípulos.  Rosa defiende que es necesario que se escriba sobre lo que está ocurriendo y nosotros que es necesario que él sea testigo y dé fe de lo que ocurre.

Comentarios
Àlex Gil

Unas columnas de cine al margen en la extinta revista Suite fueron su carta de presentación. Durante más de una década escribió sobre cine y literatura en la revista Go Mag. En la actualidad trabaja en Fotogramas y colabora habitualmente en Qué Leer. Sus poemas y relatos han sido publicados en revistas digitales e impresas. Es uno de los fundadores del dúo polipoético Ediciones vinoamargo.

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