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Modelos Animales

Aixa de la Cruz

Salto de Página

8,8

140 págs.

14,90 €.

Santiago García Tirado

 

Prefiero hablar de individualidades, no abisman como las generalizaciones. A las generalizaciones, además, se les atraviesan siempre escollos que fácilmente las derrumban, y en el ámbito de la crítica literaria suelen ser menos clarificadoras que intoxicantes. Carezco de las dotes del oráculo para decretar si nos hallamos ante una generación de narradores jóvenes dispuestos a tal o cual hazaña futura, es cierto, pero hoy puedo hablar sin miedo de Aixa de la Cruz.Si las generalizaciones son aceite para que no acabe la gresca, libros como “Modelos animales” enfrían cualquier discusión a los pocos minutos: se imponen. Y yo prefiero hablar de individualidades. 

 

Elecciones: los escenarios en Aixa de la Cruz quedan definidos como “cualquier parte del mundo, el mundo”, una elección en materia geográfica que incardina su literatura en una línea creativa acorde con los tiempos que corren. Provocará también el torcimiento de gesto de quienes entre nosotros se niegan a tomar distancia del terruño, pero ésa es otra polémica que ahora no importa. Esa diversidad espacial que recorren los relatos de “Modelos animales”, inesperadamente se entiende a la perfección con el territorio originario. En efecto, Bilbao es el punto de partida/llegada, el lugar de los ancestros, la casa, la palabra, la piedra, la opresión, el rito. Y Bilbao ―el territorio vasco por extensión―, constituye la geografía-clave que permitirá descifrar los relatos que se desarrollan en Canadá, Londres o México D.F., en los que constataremos que se perpetúan tensiones y formas que antes se han incubado en la casa, el barrio, junto a la ría. Otra elección: Aixa de la Cruz constituye como año cero de su mundo ficcional el 2001, con una fecha concreta, el 11-S. Todos los relatos miran de alguna manera hacia ese hito, que se hace coincidir con la ruptura adolescente del yo-narrador. En esa fecha comienza el S. XXI, parece decir la autora, y una existencia que sólo puede entenderse en el marco de ese nuevo orden mundial. Más elecciones: las identidades diversas. Los protagonistas de los relatos ―que también aspiran a la totalidad y por eso son a veces hombres, a veces mujeres, y a veces de sexualidad autoasignada― viven el presente, gozan de becas de creación, pero también resiguen la línea del pasado reciente, los primeros pasos de la informática, el speed, el heavy, el conflicto vasco. O ponen en conexión Abu Ghraib ―uno de los santuarios del horror post 11-S― con el Intxaurrondo del general Galindo. Las identidades de los protagonistas resultan así de una ancha red de conexiones en las que se transitan los versos de Juarroz (“En el centro del vacío hay otra fiesta”), Jack London, el rock euskaldún de Su Ta Gar, los videojuegos, Norman Mailer, Lord Byron, y un buen catálogo de series de TV, desde “24” o “Expediente X” hasta “True Blood”. Incluso están capacitadas para habitar el tiempo mítico de una canción, como ocurre en “Famous Blue Raincoat”, relato con el que ficcionaliza la historia que pudo preceder a la canción de Leonard Cohen, y que le valió a la autora en 2014 el premio Cosecha Eñe.

 

Aixa-de-la-Cruz

 

Materia: esa red tupida y extensa que tejen las sucesivas elecciones de Aixa de la Cruz    contribuye paradójicamente a sostener la unidad temática en una selección de relatos escritos a lo largo de los últimos años y que ―lo vemos a diario en otras selecciones similares― podrían haber dejado un volumen dispar. Hay otros factores que aseguran la unidad temática, no obstante. Destaco de entre ellos la dureza que es condición base en todas las historias, y que frecuentemente se precipita del lado de la crueldad. Puede ser física, en otros momentos emocional, siempre provoca supuración, y no hay relato que suponga una tregua. Como secuela de esa dureza que la autora hace consustancial a lo humano se destila el miedo, el que los personajes padecen en relación con el entorno ―miedo a la serpiente, miedo al sueño que aboca a la muerte, miedo al trance provocado por una canción metal―, pero especialmente el que se provoca el ser humano a sí mismo: “Soy un monstruo”, acaba confesando la protagonista de uno de los relatos.

 

“Modelos animales” es también un muestrario avanzado de inteligentes estrategias narrativas. La autora investiga posibilidades nuevas en conflictos eternos, construye su personal trazado de referencias culturales, tensa las relaciones sin caer en el abuso de fuerzas, menos aún en la impostura. El resultado es, así, un tipo de relato que se sostiene con eficiencia, se ejecuta con maestría, y acaba entregando al lector al efecto que se propone de antemano la autora. Alegra constatar ese dominio del relato en una autora que aún no ha llegado a la treintena, pero es que parece confirmar que existe en Bilbao un nivel de escuela literaria muy por encima de la media: pienso en el cuidado que le ponían a sus textos autores como Unamuno o Blas de Otero, pienso en el legado de la enseñanza religiosa bilbaina, que ha dado grandes ateos, pero sobre todo grandes literatos como Ramiro Pinilla, Jon Juaristi, Fernando Marías, Espido Freire, Juan Carlos Márquez, Kirmen Uribe, Iván Repila… y los que me dejo. Es un hecho acreditado que con este plantel seguirá habiendo buena literatura en la ría, pero no seré yo quien generalice al respecto. Ya he dicho que no son mi fuerte, que me abisman las generalizaciones. He venido a hablar de individualidades, y de que Aixa de la Cruz ha dado a los lectores una colección de relatos que asume la condición de lo excepcional. Es un libro que habla de modelos, pero con el que ella misma es modelo.  

Santiago García Tirado

Soñó con llevar subliminalmente en su DNI una cifra capaz de avivar el deseo, pero llegó al mundo en 1967, con dos años de antelación para la fecha correcta; desde entonces no ha hecho más que constatar que siempre estuvo (contra su voluntad) en el tiempo equivocado para ser cool. Con empeño, y en contra de la opinión de las hordas hipsters internacionales, ha llegado sin embargo a crear la web PeriodicoIrreverentes.org, y colaborar en Micro-Revista, Sigueleyendo, Quimera y Todos somos sospechosos, de Radio 3. Sus últimas obras de ficción son Todas las tardes café” (2009, relatos) y La balada de Eleanora Aguirre” (2012, novela). En 2014 verá la luz su novela “Constantes Cósmicas del Caos”, con la que espera coronar su abnegada labor en beneficio de la entropía universal.