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Una vía para la insubordinación

Henri Michaux

Alpha Decay

8,6

96 págs.

14,90 €.

 

Albert Fernández

 

¿Has visto al diablo? No, no te apresures a negar tan vivamente con la cabeza antes de tiempo, estimado lector excéptico y distante; porque en este mundo nuestro, quien más quien menos ha oído un ruido inusitado venido de otra estancia teóricamente deshabitada, ha escuchado historias increíbles y hasta cierto punto terroríficas, contadas por personas tan cercanas que jamás podrían mentirnos, o ha visto vídeos de apariciones excepcionales, tomado noción de alucinantes levitaciones de objetos o personas, y, sí, incluso ha sabido de alguien que jura que, en alguna extraña noche de locura, vio el rostro del mismísimo Belcebú. 

 

El poltergeist se instaló hace mucho tiempo en el curso de lo humano, y, por frecuentes que sean los sucesos de fenómenos extraños, y profusas las descripciones que hallamos en torno a estos episodios fuera de lo común, igual de raras han sido las ocasiones en que se han dedicado a estos casos estudios regidos por una verdadera praxis científica y rigurosa (puesto que de ninguna manera incluiremos en ese apartado los registros aproximados o los circenses experimentos mediáticos), o siquiera una reflexión acotada sobre las causas que podrían llevar a estas extrañas eclosiones sobrenaturales, o acerca de las señales que muestra el entorno en cada una de estas manifestaciones de la otredad.  

 

Seguramente, ese velo de desconocimiento seguirá sin descorrerse hasta el final de los tiempos, pero "Una vía para la insubordinación" traza una idea que resulta hasta cierto punto concebible, y en todo caso altamente entretenida y atractiva, que viene a ser el desarrollo fundamentado de un embrión conclusivo al que todos hemos llegado o hemos mencionado en algún momento, ya fuera ante una ouija entre risillas adolescentes, o en una de esas noches azorosas en que pasas horas mirando al techo sin verlo: los poltergeist provienen de nosotros mismos. Al fin y al cabo, esas torsiones de lo concebible se consuman siempre a través de actos imperfectos, desordenados, inasibles, irreverentes e inesperados, simples descargas de rabia elevadas a la enésima por la espectacularidad de una sorprendente lluvia de piedras o un asombroso caso de piroquinesis, algo así como pataletas esotéricas de diversas índoles y niveles de espectacularidad. 

 

A través de este ensayo parapsicológico, Henri Michaux abunda en lo que él dio en llamar "el psiquismo de las cosas", esos pasajes desconcertantes en los que sucede lo imposible, siempre con algún testigo, aunque nunca con demasiados ojos que lo acrediten. La tesis de Michaux parte de la subjetividad, pero se desarrolla con la rectitud de un análisis, haciendo esta breve lectura una delicia donde, por supuesto, lo que menos importa es lo que cada uno pienso sobre el asunto. 

 

Michaux sostiene primorosamente su argumento: el poltergeist es una expresión de rebeldía, gestos de exasperación vital, terrorismo ectoplásmico que estalla sin plan ni intención, porque apenas son algo más que desaires obsesivos, ansias de oposición, enervaciones de lo reprimido. Además, el autor ilustra esas señales de blasfemia sin dirección a través de ejemplos que sin duda remarcan la confluencia de sus reflexiones con las evidencias que dejan infinidad de casos conocidos, como aquella sirviente adolescente sometida al rigor y la obediencia que hace sobrevolar cuchillos a su alrededor, los desdoblamientos de personalidad en dobles fantasmagóricos o Doppelgänger que desarrollan una disociación aberrante de carácter, la multitud de sucesos espeluznantes recogidos en las conocidas como 'casas encantadas', o el especial ensañamiento con que urden sus malevolencias los 'espíritus malignos' sobre aquellos que aspiran a la beatificación y a la vida de santo. 

 

El propio Michaux envolvió en vida su imagen entre las brumas de un misterio disruptor e inquietante: rara vez se dejaba fotografiar o ser registrado en vídeo, solía ubicarse a contraluz en las entrevistas cara a cara, de tal manera que a su interlocutor le costara verle la cara, y sus declaraciones solían dejar un poso inquietante y alucinado. En todo caso, el poeta y artista belga siempre será recordado por sus inmersiones en mescalina, que dieron rienda suelta a estos y otros muchos renglones gloriosos y desvariados. Como el mismo autor describe, y Javier Calvo, responsable de una semiótica de lo paranormal en su apasionada introducción, nos recuerda: "la irrupción generalizada de las drogas ha abierto los ojos a aquellos que saben ver. En ellas se manifiesta una y otra vez el espíritu del mal". Así que abre los ojos, y abre este libro. Pero no te gires si oyes algo detrás.  

 

Albert Fernández

En el desorden de los años, Albert Fernández ha escrito renglones torcidos en publicaciones como Mondo Sonoro, Guía del Ocio o Go Mag, tiempo en el que ha tenido oportunidad de ir de tapas con Frank Black o escuchar a Patrick Wolf bostezar por teléfono. Además, ha sido jefe de redacción de las secciones culturales de H Magazine, y ha aportado imaginación tras los micrófonos de Onda Cero, Cadena Ser y Scanner FM, donde facturó la sitcom musical de creación propia “2 Rooms”. Aunque sabe que no hay lugar mejor que aquel de donde viene, a Albert no le hubiera importado nacer en Gotham City o en el planeta Dagobah. Con tendencia a la hipérbole y a la imaginación desatada, Albert sigue buscando el acorde que dé la vuelta a sus días.

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albert@blisstopic.com

 

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