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Palais de Justice

José Ángel Valente

Galaxia Gutenberg

8

112 págs.

16 €.

Sergi Garcia

 

Primeras líneas de "Palais de Justice", a modo de aviso para navegantes:
 
 
“Filtración de lo gris en el gris. Estratos, cúmulos, estalactitas. Grandes capas de mierda sobre grandes capas de mierda, y así de generación en generación. París. Cuánto tiempo te hemos amado bajo los puentes donde ninguno habíamos estado. Cae la luz en el gris, variación de lo gris en el gris. París no ha existido probablemente nunca. En todo caso no existe en la actualidad. ¿Qué actualidad? Sería inútil precisarlo. Tampoco la actualidad es cosa que tenga natural existencia. Aquí no existe nada ni nadie más que el sumergido rumor de la mierda de los siglos surcada por ejércitos de ratas. Hay lugares donde la mierda se arremolina a poco de la caída de la tarde. St. Michel, Montparnasse. La Sena, conspicua madre, perpetua y transitoria, se lleva infatigablemente la ciudad a lomos y a nosotros con ella. ¿Qué extraño amor ha convocado aquí de antiguo a los mortales?”.
 
 
Ahora, a los que aún estéis leyendo, un poco de contexto: "Palais de Justice" es la única nouvelle del poeta gallego José Ángel Valente, y prácticamente lo único que escribió en el campo de la ficción en prosa. Parece ser que de joven escribió una novela titulada "El encuentro", que luego rompió, y que trataba de un adolescente que trata de enfrentarse a la crudeza de la vida. Quedan el relato "El condenado" (1953), y las prosas de "El fin de la edad de plata" (1973) y "Nueve enunciaciones" (1982), y, a lo sumo, algunos fragmentos del póstumo "Diario anónimo" (2011).
 
 
He descrito esta obra como 'ficción en prosa' adrede, aunque suene raro, básicamente por dos motivos. En primer lugar, porque en ningún caso podemos meter este libro en el saco de la narrativa. A parte de telegráfico, aforístico y pseudo-delirante, la ausencia argumental –que no temática– es prácticamente total y, en cierto modo, mareante. No entraré en el manido y estéril debate prosa poética versus poesía en prosa, pero sí diré que, para mí, lo mejor de este libro es la poesía. Algo parecido a lo que ocurre con "La Fanfarlo", la única nouvelle de Baudelaire, pero llevado al extremo. “Cuando tú llegaste todo repentinamente ardió y todo al mismo tiempo se hizo agua”, dice el narrador en un punto del texto. Valente cojea de poesía y es esa cojera la que hace de este libro algo mucho más difícil de leer que una novela breve, y, al tiempo, es lo que lo convierte en extraordinario.
 
 
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Como el "Diario anónimo" que citaba antes, "Palais de Justice" es también un texto póstumo. Se da la morbosa anecdóta, he leído, que su publicación fue explícitamente condicionada por Valente a la previa defunción de su ex-mujer. Esto, unido al arsenal de referentes autobiográficos con los que está armado el libro (básicamente, el juicio a tenor del divorcio que Valente vivió en París), llevan a una lectura de este libro en clave –he leído también– de “desgarro producto del desamor”. Todo esto pese a la disuasión de Sánchez Robayna en el prólogo de esta primera edición, donde pide un análisis menos literal del texto y reivindica un fondo moral de amor al otro, un ver la otra cara de la moneda del odio.
 
 
Este es uno de los aspectos más interesantes de este libro: la inspiración y la desviación. Sería frívolo en este caso emplear la expresión “literatura del yo”, que, por otro lado, es una las burbujas literarias más insípidas que se pueda echar uno a la cara. En "Palais de Justice", la biografía supone una inevitabilidad asumida y jugada a favor, y lo vivido ejerce, en todos los sentidos y con toda su fuerza, de pretexto. En otras palabras: poco importa el referente vital aquí, o poco aporta en un sentido argumental; sirve, por contra, para medir la distancia que genera Valente entre los hechos y lo escrito, sirve para restar testamento a la creación literaria. No es nada visionario señalar esto por mi parte, el mismo Valente habló a menudo de lo que para él debía ser el yo“el escritor debe tener una biografía e incluso varias, a condición de que todas estén cuidadosamente falsificadas” o, sin ir más lejos, en "Palais de Justice"“La identidad no es más que una mera convención, el acto innecesario de decir en falso ante cualquiera de las imágenes de sí: soy yo”.
 
 
Por lo tanto, esa desidia visceral en muchos de sus pasajes, ese drama, más que vincular la voz narradora a la biografía de su autor, funcionan a mi entender como una brillante artimaña literaria. Éstos, junto al ritmo de cábala frenética que emplea en la mayoría de capítulos, dan al texto una velocidad de crucero que permite a Valente llevar al lector, de manera dispersa pero persistente, a una atmósfera compleja (emocional, moral y literaria), difícil de crear con recursos más narrativos, más planos. 
 
 
Dejádmelo decir así: Valente juega al despiste. Tras la furia superficial hay una construcción deliberada y meticulosa de muchos conceptos, comenzando por el Amor y terminando por la Justicia. Veo el Palais de Justice de "Palais de Justice" como el castillo de "El Castillo", y el París-icono de la cultura de masas como el infierno descrito por Santa Teresa, como “ese lugar pestilente donde nadie ama”. Veo, en definitiva, un poeta aplicando herramientas poéticas sobre un texto en prosa, un explicar las cosas por la puerta de atrás, por el ángulo ciego.
 
 
Acabo con otra cita bastante reveladora, ésta de su "Diario anónimo", que Valente tituló “Para Palais de Justice”“Lo narrado aconteció en otra o en otras vidas. Sus motivaciones, el hilo de la trama, de haberlo habido, resultaban entonces, como es natural, difícilmente descifrables. Lo siguen siendo ahora. Acaso sólo son epifanías de la absoluta irrealidad del mundo, de su lenta progresión hacia la nada, de su no remediable disolución”.

 

 

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Sergi Garcia

Licenciado en comunicación audiovisual, especializado en literatura y en marketing digital, en ese orden. Ha sido locutor de radio, redactor jefe de una revista cultural, bajista de jazz y responsable de comunicación de una empresa tecnológica. Le gustan cosas como el SEO, la enología, Chet Baker o Sherwood Anderson.

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