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¡Pérfidas!

Tamara Romero

Aristas Martínez

7,7

128 págs.

15 €.

Santiago García Tirado

 

Que un libro haya respondido con creces al concepto de divertimento puede acabar despertando recelos incluso en el que se decidió libremente a leerlo. Es así. Basta con que el lector sea persona de inquietudes para que se torture preguntándose una vez y otra si lo suyo no habrá sido una impostura, si no se habrá estado traicionando al aceptar como cultura lo que tal vez no eran más que placebos fácilmente digeribles. En consecuencia, optará por camuflar en el silencio su claudicación y mantendrá el título en cuestión alejado de su hoja de servicios en prevención de posible deslucimiento. El fenómeno es conocido y se repite con leves variaciones en todo lugar y época, pero alcanza cotas inimaginables si uno vive en este país.

 

Con “¡Pérfidas!”, la nueva novela de Tamara Romero, por fin damos con un envite adecuado para atacar este fenómeno con garantías. Ofrece entretenimiento y no está reñida con la inteligencia. Su planteamiento en torno al mundo del wrestling, la estética pulp de su portada (magnífico dibujo el de Mik Baro), su presentación con aspecto de libro usado y hasta con el logo de la editorial adaptado expresamente para la ocasión, todo parece pensado para dar a luz un fetiche al gusto de lectores expertos. Es una prueba más de cómo los Aristas Martínez saben hacérselo en un momento en que el objeto-libro cotiza al alza y sólo unos pocos se han percatado. Ideado y escrito el libro, materializado magníficamente y puesto a funcionar como objeto de seducción, lo que ahora falta por ver es hasta qué punto nos tomamos en serio críticos, libreros y autores, el filón que abre este tipo de obras en el ecosistema español, ese páramo favorable a cenizos.

 

Como buena entertainer, Tamara Romero se ha empecinado en dar a luz un planteamiento que permita incursionar en dimensiones no exploradas en nuestro ámbito. Para ello ha unido la estética de lo raro con elementos de ciencia ficción, más algún que otro de cariz metafísico (la cuestión de la identidad) y no poco de psicologismo narrativo aplicado al héroe, todo para acabar configurando una trama de novela de aventuras al uso que, sin embargo, siempre parece otra cosa. Como en las narraciones tradicionales, ubica el espacio-tiempo en un punto ignoto (Valtidia, ¿año?), la coyuntura en la que cualquier portento será todavía posible, y así no nos sorprenderá encontrarnos con heroínas (siempre mujeres, un detalle no menor del planteamiento), rivales impenitentes, periodistas denodados que no renuncian a su cuota de aventura, y capitalistas dispuestos a todo por rascar una cifra más en la cuota de share. Por encima de todos rayará La Volcánica Magma como protagonista central de la historia, una heroína de trazas humanas quien, como Batman tantas veces, tendrá que superar su propia crisis, para angustia del lector. Todo, como se puede ver, en la mejor línea de las novelas de acción convencionales, aunque resuelto aquí con sello propio.

 

La fórmula, pese a lo que pueda parecer, implica componentes complejos. Para empezar, Tamara Romero se forma en factorías de eficiencia probada (Ursula K. Le Guin, J. G. Ballard, Jeff Noon), fuentes que luego la surten de líneas de fuerza e imágenes no habituales en la literatura española. O de diálogos estrambóticos, un aspecto en el que coincide (y mucho) con Laura Fernández, al recrear una sintaxis de corte inglés-macarrónico que potencia la ironía de la novela. Todo parece caber en la mecánica prevista por Tamara Romero, que da bula continuamente a la inclusión de dislates y situaciones disparatadas a las que el lector, progresivamente más a gusto, se deja arrastrar sin queja. El resultado es el previsto, y el entretenimiento está asegurado. Tamara Romero ha puesto en el diseño de su artefacto el respeto imprescindible a la hora de afrontar una obra literaria y disponer sus ingredientes; dependerá del grado de madurez lectora con que se afronte el libro que sea disfrutado en mayor o menor medida. Lo que les puedo garantizar de antemano, sea cual sea su valoración final, es que las horas invertidas en su lectura van a resultar gratas, mucho.

 

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Santiago García Tirado

Soñó con llevar subliminalmente en su DNI una cifra capaz de avivar el deseo, pero llegó al mundo en 1967, con dos años de antelación para la fecha correcta; desde entonces no ha hecho más que constatar que siempre estuvo (contra su voluntad) en el tiempo equivocado para ser cool. Con empeño, y en contra de la opinión de las hordas hipsters internacionales, ha llegado sin embargo a crear la web PeriodicoIrreverentes.org, y colaborar en Micro-Revista, Sigueleyendo, Quimera y Todos somos sospechosos, de Radio 3. Sus últimas obras de ficción son Todas las tardes café” (2009, relatos) y La balada de Eleanora Aguirre” (2012, novela). En 2014 verá la luz su novela “Constantes Cósmicas del Caos”, con la que espera coronar su abnegada labor en beneficio de la entropía universal.