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La estrella de Ratner

Don DeLillo

Seix Barral

,3

552 págs.

21 €.

David Aliaga

 

Estoy desconcertado. Creo que me ha gustado “La estrella de Ratner”, pero diría que apenas tengo una idea clara de lo que significan el cuarenta por ciento de las oraciones que la componen. En serio. He ido leyendo con interés creciente una novela de la cual, a causa de mi absoluta ignorancia de las matemáticas, he sido capaz de entender un párrafo de cada dos o tres. Y, cuanto menos comprendía las ecuaciones, formas y modelos teóricos a los que se refiere el narrador, más alargaba las sesiones de lectura en búsqueda del significado que la novela pudiese tener para mí. Porque claro, si la publica una editorial con las tiradas de Seix Barral, dudo que se trate de un manual de matemática avanzada incomprensible para el lector medio. Y yo me tengo por un lector barbudo y mejor que la escoria (¡chusma!) que saliva y se enternece con “Mi color favorito es verte” (¿qué clase de título es ése?).

 

Así que acabé la novela sin acabar de entenderla (tal vez tendría que haber comprado el de Pilar Eyre, oigan), pero con la sensación de que me había gustado y, ahora que me siento a escribir la reseña, pienso que de una forma racional no puedo juzgar un texto del que apenas he entendido la mitad del contenido. Pero también se me ocurre que si, pese al inconveniente matemático, mantiene el interés y lo azuza, la parte que me resulta imaginable es una novela tremenda.

               

Lo último de Don DeLillo en castellano, que es, en realidad, de lo primero del autor en inglés, nos habla de un adolescente con una cabeza prodigiosa para las matemáticas, que le permite verlas, olerlas y acariciarlas en cualquier parte, hasta el punto de que sus investigaciones le valen el premio Nobel a sus 14 años y una invitación a participar en el proyecto de identificación y estudio de unas posibles transmisiones alienígenas. Pero, aunque podría intuirse que es una novela de ciencia ficción, tampoco sé si la ciencia que incluye es ficción o si sólo se trata de una novela realista. DeLillo podría haberse inventado toda la matemática de su libro y el efecto sobre mí habría sido el mismo que si resulta que, además de un escritor brillante, es un matemático sesudo.

 

Ciencia ficción o no, la novela está cruzada por una veta de humor (que es lo que le da calidad a la película, que diría aquél). El joven narrador vive sumido en un despropósito de ciencia, números, lógica y pragmática llevada al extremo. Más o menos como el lector, con la salvedad de que a Billy Twillig se le supone la mayor capacidad posible para entender el guirigay de conurbaciones y derivadas.

 

La personalidad del protagonista es uno de los puntos fuertes de la novela y contenido además de continente. Twillig es la lógica llevada al extremo de lo absurdo, la descontextualización constante y la soberbia adolescente. Cuando le habla de ciencia un tipo obeso al que acaba de conocer, sólo es capaz de concentrarse en hacer una estimación fiable de su peso, aunque está almacenando el resto de información que se le proporciona. Cuando tratan de sacarlo de su habitación, no funciona la excusa de enseñarle las tripas del sofisticado complejo tecnológico en el que trabaja, pero echa a correr en pantuflas ante la perspectiva de ver cómo una chica se ducha. Lógica aplastante. Y, como la suya, por el libro desfilan algunas otras cabecitas brillantes y entregadas a la ciencia que pasan por el filtro de una pragmática exacerbada la paternidad, el matrimonio o las relaciones sociales.

 

Mentes, actitudes. “La estrella de Ratner” puede ser entendida como una sátira menipea que carga contra el colapso de la ciencia contemporánea, sus instituciones y, con ellas, de la sociedad. DeLillo lo hace exhibiendo una mirada inteligente y un amplio espectro en su sentido del humor, que le permitieron alumbrar la novela que le abrió las puertas a la consideración de “uno de los mejores narradores americanos contemporáneos” y asequible a muy pocos autores de su generación.

 

El trabajo del ritmo y la composición de escenas y diálogos son brillantes desde la agilidad. La escritura y la estructura son el punto de apoyo que sostiene la novela en los momentos (pocos) de desesperación en que a DeLillo se le va la mano con el rollo científico.

 

“La estrella de Ratner” es un libro excelente, en el que incluso esa ingente cantidad de páginas que muchos lectores no somos capaces de entender parecen estar muy bien medidas (no como los puntos suspensivos en los libros de Albert Espinosa).

 

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Comentarios
David Aliaga

David Aliaga es escritor y periodista especializado en literatura contemporánea. Ha publicado la novela breve Hielo (Paralelo Sur, 2014) y el libro de relatos "Inercia gris" (Base, 2013), algunos de cuyos cuentos han sido incluidos en las antologías "Cuentos engranados" (TransBooks, 2013) y "Madrid, Nebraska" (Bartleby, 2014). En su faceta académica destaca el ensayo "Los fantasmas de Dickens" (Base, 2012), un estudio sobre lo sobrenatural en la obra del inglés. Ha traducido al catalán a Dickens y Wilde. Es colaborador habitual de Quimera, Qué leer y Blisstopic.