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Ojalá nos perdonen

A.M. Homes

Anagrama

8,9

656 págs.

24,90 €.

Philipp Engel

 

SHE’S BACK. No sabíamos nada de ella desde “Este libro te salvará la vida” y “La hija del amante”, dos títulos extraordinarios que nos llegaron hace más de un lustro. Y con razón, “Ojalá nos perdonen” es un objeto imponente de letra pequeñita y 650 páginas. Confieso que al recibirlo me inquieté un poco, no tanto por el tiempo que iba a invertir en él (siempre es un placer, Amy), sino por lo que significaba: ¿acaso nuestra querida A.M. Homes se ha dejado tentar por el fantasma de la Gran Novela Americana que acecha a todo escritor Made in USA? Habida cuenta que, según parece, de un tiempo a esta parte trabaja en el desarrollo de series televisivas, ¿se habría dejado infectar A.M. Homes por ese virus catódico que lleva a estirar las tramas hasta el infinito? ¿O fue simplemente un cheque con muchos ceros lo que la impulsó a parir un volumen que un ejecutivo cualquiera pudiera sopesar con vistas a amenizar su vuelo trasatlántico? De todo esto hay un poco en “Ojalá nos perdonen”, donde los acontecimientos se suceden sin respiro ni demasiados visos de verosimilitud al amparo del humor marca de la casa, que no es cínico, sino simplemente inteligente (no apto para pusilánimes, eso sí). “Quería escribir un libro que me divirtiera leer, entretuviera, me hiciera reír, lo cual no es fácil, porque yo no me río así como así”, le confesaba nuestra Amy a Eduardo Lago en una entrevista, breve pero reveladora, publicada en El País. Y lo cierto es que nos pasa lo mismo. No nos reímos así como así. Es más, nos reímos más bien poco. Pero contigo, sí. Contigo, Amy, sí. Claro que sí. También coincidimos con ella cuando al final del libro, ya en la nota de agradecimientos, confiesa “qué largo y extraño viaje ha sido”. Largo, por supuesto; extraño en la medida de que el texto, más que querer llegar a alguna parte, se alimenta de sí mismo. Al final, más que la de una obra totalizadora, la impresión que nos deja “Ojalá nos perdonen” es la de un auténtico tour de force.

 

ZADIE SMITH. En los mismos agradecimientos, Amy le da las gracias a la hermosa escritora británica de piel tostada: “Hizo la pregunta que puso en marcha todo”. Y es así como recordamos que A.M. Homes participó en el volumen colectivo “El libro del otro” (Salamandra), donde se trataba de dar vida a un personaje cualquiera, con fines benéficos. A priori, el relato incluido en aquel florilegio, una sátira sobre señoras de la alta sociedad que coleccionan obras de arte y viajan en jets privados, tiene poco que ver con lo que se cuenta en “Ojalá nos perdonen” que, cual serial pasado de revoluciones, habla de muchísimas cosas, aunque básicamente podría resumirse en la tensa relación entre dos hermanos y en cómo construir una familia con los restos del naufragio. La familia, al final, aunque nada tradicional, sigue siendo lo que cuenta, y quizás en lo de benéfico encontremos también alguna clave. Al escribir gratis por una buena causa, que quizás es lo que estemos haciendo en este preciso momento, la Homes se encontró con lo complejo que es tratar de hacer el bien en este mundo tan superficial etcétera que nos rodea, y de eso también hay mucho en “Ojalá nos perdonen” que, como su título indica, es una plegaria; una plegaria al estilo de la Homes, que implica no retroceder ante nada, orinar sobre lo que entendemos por “corrección política” y matarnos de risa a base de barbaridades desplegadas con una elegancia que tiene sello propio.

 

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SUBURBIA. A.M. Homes se erigió en reina de los suburbios con “Música para corazones incendiados”, que sigue siendo, a nuestro parecer, su mejor novela, y con “Ojalá nos perdonen” regresa, una vez más, al mundo de sus admirados Cheever & Yates –Westchester, concretamente–, para recrearse sardónicamente, desde una perspectiva ultracontemporánea, con los usos y costumbres de la clase adinerada, con no poco sexo y sin pelos en la lengua (sic). Pero el referente homesiano que mayor presencia tiene en esta extraña aventura no es otro que Don DeLillo, que primero es confundido con un vagabundo (¡sic!), y luego parece manifestarse reiteradamente bajo la gorra del desconocido del ascensor, o como el firmante de una carta anónima en la que habla de “la niebla tóxica de la historia”. No en vano, Harry Silver, el protagonista de esta novela escrita en presente, como el diario mental de un año particularmente intenso, es un profesor universitario especializado en Nixon que recuerda, inevitablemente, al Jack Gladney de “Ruido de fondo” (Seix Barral), y su cátedra de estudios hitlerianos. Sólo que aquí, contrariamente al clásico de DeLillo, el asunto no queda en anécdota colateral. Si entonces echamos en falta que DeLillo aprovechase todas las posibilidades que le brindaba la intertextualidad nazi, Homes se emplea a fondo, y con enorme éxito, en la simbiosis del protagonista con la materia prima de su principal obsesión. 

 

ATERRIZAJE CON APLAUSOS. Así pues, llegados al final de trayecto, aunque pueda quedar la sensación de que ya sabíamos que la familia no es lo que era, y de que no acabamos de ver el sentido último de un desplazamiento que nos ha costado muchas horas, lo que queda fuera de toda duda es que nos lo hemos pasado en grande, ya que, si bien A.M. Homes no es “una de las tres o cuatro autoras anglosajonas más populares entre el público lector español”, como se aventuraba, a nuestro parecer de forma harto imprudente, en uno de nuestros suplementos culturales), sí se trata un@ de l@s mejores escritor@s en activo del mundo, y pongo la arroba, aunque quede claramente antiestética, porque, más hablando de A.M. Homes, resulta absurda la clásica distinción entre escritores y escritoras. Su mirada punzante no tiene parangón, sigue siendo de las que mejor comprende la contemporaneidad, no se ha quedado atrás, y logra desencajar las mandíbulas de los que no se ríen con cualquier cosa. ¿Quién da más? Es difícil saberlo. “Ojalá nos perdonen” es, en definitiva, una inteligente y muy actualizada exploración del sueño americano, que no malgasta cartuchos en esa plúmbea severidad a la que tantos escritores nos tienen acostumbrados, y sabe encontrar el ángulo divertido a este perverso mundo en el que estamos todos inmersos. Una vez más, bravo, Amy.

 

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Philipp Engel

Invirtió una década en hundir la industria musical desde dentro, luego se reinventó como periodista cultural. A lo largo de otra década coordinó la sección de Cine y Literatura de la extinta revista Go, que también contribuyó a hundir desde dentro. Ahora trabaja en Fotogramas y colabora con Qué Leer, dos revistas que, de momento, le han sobrevivido. Le gustaría ser escritor, pero por suerte carece de tiempo libre.