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La pistola de rayos

Philip K. Dick

Minotauro

7,5

238 págs.

17 €.

David Aliaga

 

Así pues, resulta que antes de abrir el libro ya había leído una cuarta parte de “La pistola de rayos”. El vaivén medio psicótico de Lars Powderdry entre la arrogancia y el temor al fracaso lo había encontrado antes en “Fluyan mis lágrimas, dijo el policía”; sus dudas existenciales son las de otros protagonistas de Philip K. Dick, como el emblemático Rick Deckard de “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”; el idiota deprimente que cree que el mundo le debe una genuflexión colectiva desde hace tiempo y que está por llegar el día en que la humanidad descubra su superioridad se llama en esta ocasión Stanley Febbs como antes había sido –a ratos– Amacaballo Fat en “SIVAINVI”.

 

“La pistola de rayos” es más de lo mismo, sí. Pero, tratándose de Dick, eso significa ciencia ficción de alta calidad cimentada en un imaginativo futuro distópico, un notable sentido del ritmo, capacidad para crear personajes complejos y carismáticos e incluir vetas de debate filosófico que atraviesen la narración.

 

El autor de Chicago publicó en 1967 esta novela que la crítica y los lectores sitúan en un segundo plano dentro de una producción en la que se encuentran algunas de las mejores obras de la literatura del siglo XX. Probablemente, “La pistola de rayos” ha ido cobrando mayor distancia respecto a los lectores porque la trama se proyecta a partir de la Guerra Fría, una tensión cuyos debates y preocupaciones no alcanzan a sobrecoger a los lectores nacidos después de la década de 1980 y se encuentran, en algunos aspectos, obsoletos. Con todo, el enfoque siempre perspicaz y original de Dick confiere al texto una trama original centrada alrededor de la figura de los diseñadores de armas médiums, los protagonistas Lars Powderdry y Lilo Topchev, que entran en estado de trance para pescar sus bocetos de un plano mental-espiritual y traerlos al mundo real en el que Oriente y Occidente desarrollan una carrera armamentística.

 

Aparece de nuevo la dualidad como tema preponderante, junto a la sátira que señala el absurdo de la Guerra Fría. Como en “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” o “SIVAINVI”, Dick vuelve a plantear interrogantes en torno al ser y el percibir, saber y creer, Descartes contra Hume. La principal aportación a ese debate continuo en la obra –y en la biografía– del escritor norteamericano es su traslación al plano político-social. Al cazador de androides Rick Deckard le importaba un carajo la identidad de sus vecinos, quería saber quién era él; en “SIVAINVI” la cuestión se trasladaba a la arena religiosa y la identidad individual se mezclaba con la relación con el concepto de Dios; en “La pistola de rayos”, sin embargo, se amplía el alcance del debate y Dick introduce la capacidad de distorsionar la realidad o de crear verdades ficticias por parte de las clases dominantes como elemento que altera, condiciona o subvierte la identidad de los ciudadanos. Al levantar la vista del libro, casi resulta más aterradora la ignorancia en la que vive la población, el aparato de manipulación del Estado, que la posibilidad de que lo frían a uno con un rayo púrpura al tiempo que escucha “¡Zap!”.

 

Control social y preguntas que se repiten desde hace siglos en la historia de la filosofía en mitad de un fuego cruzado de caricaturas de la Guerra Fría y una amenaza extraterrestre. Porque también, sí, como en gran parte de su bibliografía, este libro de Philip K. Dick puede leerse como una trepidante novela de acción en la que dos bloques enfrentados deben unir fuerzas ante la aparición de unos satélites alienígenas en la órbita terrestre. Aparecen también personajes fracasados y lastimosos, amantes depresivas o psicóticas, despechadas, pasiones contenidas… Si es usted un veterano de las páginas de Dick, le sonará.

 

Y, sin embargo, disfrutará con “La pistola de rayos”, aunque le sobrevenga la sensación de haber leído parte de su contenido anteriormente. Es una novela menor para Dick, pero inalcanzable para muchísimos otros. No dejará de estar releyendo algunas de las mejores páginas de su autor, menos sorpresivas, pero en un escenario nuevo, cantadas por voces distintas y, ¡alucina!, con la molona idea de una pistola de rayos planeando sobre la novela desde que uno lee el título.

 

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David Aliaga

David Aliaga es escritor y periodista especializado en literatura contemporánea. Ha publicado la novela breve Hielo (Paralelo Sur, 2014) y el libro de relatos "Inercia gris" (Base, 2013), algunos de cuyos cuentos han sido incluidos en las antologías "Cuentos engranados" (TransBooks, 2013) y "Madrid, Nebraska" (Bartleby, 2014). En su faceta académica destaca el ensayo "Los fantasmas de Dickens" (Base, 2012), un estudio sobre lo sobrenatural en la obra del inglés. Ha traducido al catalán a Dickens y Wilde. Es colaborador habitual de Quimera, Qué leer y Blisstopic.

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