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Con dos huevos

Heloïse Guerrier y David Sánchez

Astiberri

7,7

100 págs.

16 €.

Ana Llurba

 

Si es cierto eso que dijo Burroughs de que “El lenguaje es un virus del espacio exterior”, el castellano en su variable dialectal ibérica, el español de España, con sus excesos de frases hechas, dichos populares y, sobre todo, metáforas muertas nos produce, a los latinoamericanos (a pesar de abrazamos con desesperación la convicción de que hablamos un idioma común) las cosquillas en el cerebro de la primera vez que escuchamos a alguien hablar en arameo o en klingon.

 

“Con dos huevos” es un pequeño tratado lingüístico, un glosario ilustrado que explica el origen marciano de las expresiones más castizas del castellano, y, mediante las ilustraciones de David Sánchez, construye una autopista intergaláctica entre estos dos mundos: el sentido literal y el figurado.

 

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Así es como, gracias a la curiosidad  de Heloïse Guerrier, una francesa especializada en filología hispánica, podemos descubrir que el origen de la popular locución “montar un pollo”  se encuentra en la palabra “poyo”, del latín “podium”, y el sentido original se refería a la actitud de los oradores de subirse a un podio en la plaza pública para encender discusiones y polémicas. Otras, como “poner los cuernos” tienen su origen en la costumbre medieval de que el señor feudal se acostara con la novia del vasallo en la noche de bodas y por eso se colgaba una cornamenta de ciervo en la puerta de la casa del marido. Algunas expresiones, en apariencia más escatológicas, como “pollas en vinagre” o “que te den morcilla” tienen un origen culinario. La primera se refiere a la especialidad castellana de escabechar, es decir, macerar en aceite frito y vinagre, la “polla de agua”, un plumífero zancudo, similar a la codorniz. La segunda, como remite a la antigua costumbre de erradicar las epidemias de rabia alimentando a los perros callejeros con morcillas rellenadas con estrictina.

 

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Algunas expresiones más absurdas como “que te folle un pez”, o “estar como una regadera” tienen un origen menos arcaico y más opaco. La primera, solo suma énfasis a la popular “que te follen” (aunque no termina de explicar qué sentido de ofensa sexual podría tener un animal tan inocuo como un pez), y la segunda remite a la analogía de la boca del recipiente portátil, llena de orificios, con la cabeza humana, por donde se esparcirían las neuronas en vez del agua.

 

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Es cierto que la verborrea, las metáforas freudianas o las hipérboles retóricas que los argentinos usamos para describir el asunto más nimio son bastante irritantes. Sin embargo, creo que esta vigorexia léxica intenta ocultar la intuición de que nuestro lenguaje es demasiado joven, plebeyo, virgen de arcaísmos, metáforas zombies y expresiones cuyo sentido murió hace mucho, mucho tiempo, aunque nadie sepa cómo es que sobreviven en la actual jerga castiza coloquial, y, sobre todo, nos confirma la sospecha de que Cervantes fue el marciano pionero que comenzó una invasión encubierta hace bastantes siglos atrás.

 

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Ana Llurba

Ana Llurba (Córdoba, Argentina, 1980) Vive desde el año 2008 en Barcelona, donde estudió Teoría Literaria en la UAB. Actualmente trabaja en el medio editorial, escribe sobre libros y arte en A*Desk, colabora con la sección Otras Literaturas en Otra Parte y coordina Honolulu Books.

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