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La infancia de Jesús

J.M. Coetzee

Mondadori

6,3

272 págs.

17,90 €.

Coetzee como ejercicio de fe.

La infancia de Jesús es, en realidad, la de David. O, cuando menos, algunos meses de la misma: los que transcurren entre su llegada a Novilla al cuidado de Simón, con quien coincidió en el barco de refugiados, y su huida hacia delante en pos de una nueva vida lejos de las constricciones del sistema escolar del lugar. Entre medio vemos a ambos, crío y adulto, ir en busca de la madre del primero y enfrentarse a un statu quo de mediocre bienestar, donde la paz, amén del trabajo y vivienda universales, tienen como precio la ausencia de placeres sensuales e intelectuales.


La austeridad que trasluce este resumen bebe directamente de la sangre de la obra, si bien no de su espíritu. Sucede que el Nobel sudafricano [1] ha firmado aquí un trabajo alegórico [2], de prosa desnuda y eminentemente discursiva [3], que se amplifica a través de las resonancias religiosas derivadas de su título. En efecto, que David sea un Jesús redivivo dará sentido a las incongruencias de la historia [4] y vuelo a sus recurrentes diálogos filosóficos, en ocasiones desesperantemente terrenos pero plagados de guiños bíblicos.


No es esta, pues, una lectura jugosa o particularmente atractiva. Como en gran parte del corpus religioso [5], hay que dotarla de un contenido extra, no textual, para asentar su disfrute o, por lo menos, sentido último. Obliga, en otras palabras, a realizar un ejercicio de fe. Aunque no acabemos de entender sus razones, ¿creemos en Coetzee? Según la respuesta que demos a esta cuestión, abandonaremos La infancia de Jesús sintiéndonos víctimas de una tomadura de pelo o celebrando una nueva obra maestra del autor [6].

 

  1. De nacimiento, hoy día nacionalizado australiano.
  2. Como ya hiciera, en cierta medida, con Esperando a los bárbaros o Vida y época de Michael K.
  3. Beckettiana, aunque el hermetismo no sea el de la última fase del irlandés… aún.
  4. Simón identifica a la madre del chaval, Inés, a raíz de un pálpito, cuando la mujer no ha tenido contacto previo con ellos y podría incluso ser virgen. Antes, ambos han aprendido el español que se habla en Novilla en apenas unos meses, tal y como han extraviado los recuerdos de su existencia anterior durante la travesía en barco.
  5. La belleza lírica del Cantar de los cantares no acaba de ser la norma.
  6. Tras verse tentado por la opción primera durante dos terceras partes del libro, quien esto firma entrevió en la recta final ciertas señales que lo condujeron a posiciones razonablemente agnósticas. 
Milo J. Krmpotic’

Milo J. Krmpotic’ debe su apellido a una herencia croata, lo más parecido en términos eslavos a una tortura china. Nacido en Barcelona en 1974, ha publicado contra todo pronóstico las novelas “Sorbed mi sexo” (Caballo de Troya, 2005), “Las tres balas de Boris Bardin” (Caballo de Troya, 2010), “Historia de una gárgola” (Seix Barral, 2012) y "El murmullo" (Pez de Plata, 2014), y es autor de otras tres obras juveniles. Fue redactor jefe de la revista Qué Leer entre 2008 y 2015, y ejerce ahora como subdirector del portal Librújula. Su firma ha aparecido también en medios como Diari Avui, Fotogramas, Go Mag, EnBarcelona, las secciones literarias del Anuari de Enciclopèdia Catalana

 

milo@blisstopic.com

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