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El cielo de Lima

Juan Gómez Bárcena

Salto de Página

9,3

318 págs.

17,90 €.

Texto y fotomontajes de Santiago García Tirado

 

Juan Gómez Bárcena es un escritor joven y sorprendente. Juan Ramón Jiménez (J.R.J. para los amigos) también lo es. Puntualizo: J.R.J. es mucho más joven que J.G.B. a la altura de 1904, que es cuando sucede todo en “El cielo de Lima”, la novela que da cuenta de los amores epistolares del poeta modernista que un día sería poeta puro e incluso Nobel. Todo comienza al otro lado del charco y, más o menos, de la siguiente manera:

 

José Gálvez y Carlos Rodríguez son personajes reales y, sin saberlo, están a punto de servir en bandeja la materia narrativa que, en 2014, Juan Gómez Bárcena convertirá en novela. Pero antes pongamos en antecedentes. Como individuos de clase buena que son, José y Carlos tienen tiempo de sobra en la vida y lo administran a su antojo. Si quieren ir a clases en la universidad, bien, pero si no lo hacen, todo se les perdona. Aman la poesía, son bohemios porque la edad lo quiso así, pueden cultivar ensueños y adoran al poeta modernista Juan Ramón Jiménez. Para entrar en contacto con él (hasta eso les lleva su impulso mitómano) y alcanzar notoriedad deciden sublimarse en dama limeña, como una tapada de la época, y, bajo el pseudónimo de Georgina Hübner, le envían al poeta una serie de cartas en las que le manifiestan su devoción. La historia posterior se complicará inesperadamente con la respuesta de J.R.J., becqueriano, inexperto, incapaz de poner cordura frente a cada nueva carta, y acaba con el amor desbocado del poeta por la falsa mujer urdida a golpe de misiva.

 

La historia supuso un mal trago para el poeta y, a lo que se ve, apenas puede pasar de mera anécdota. El empeño de Juan Gómez Bárcena, entonces, puede ser considerado como audaz cuando se constata que de ese núcleo se propone desenredar toda una novela nada menos que de trescientas páginas. ¿Cómo? Estirando las posibilidades de los dos personajes con los que nace la broma y añadiendo algunos otros, entre los que no es menos importante la propia ciudad de Lima, una Lima seductora, pasional y europea. Se pueden encontrar en ese planteamiento pruebas suficientes de la inteligencia narrativa del autor, y aún es preciso reconocerle más: la creación de personajes coherentes con el microclima de la Lima novecentista (el escribano de la plaza, Cristóbal; el burgués revolucionario, Sandoval; los bohemios, hijos de la Lima despreocupada); la incardinación de las opiniones de unos y otros entre los referentes de la época (Freud, Nietzsche, Tolstói, etc.); el despliegue de la trama a partir de referencias metaliterarias (son omnipresentes los consejos del ficticio Johannes Schneider, casi siempre por repudio, aunque los protagonistas acaban por echarlos de menos después de haber mandado a la pira su opus magnum). Todos estos ingredientes son los que conforman el material desplegado por Juan Gómez Bárcena, suficiente para llevar a buen término la novela y convertirla en un panorama de época, con todos los atractivos que ese hecho atesora.

 

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La voz narrativa se contamina del ambiente de época que retrata, y es otro de los puntos destacables de la obra. No menos lo son: la inserción del diálogo en dosis bien medidas, el recurso constante a las imágenes y, en general, una tendencia marcada a recuperar la narración clásica, con su respeto por el lenguaje y una fábula diseñada a conciencia. Insisto en el diseño de la fábula, porque denota en el autor un dominio de la arquitectura narrativa. Ya hemos visto que el punto de partida resulta escaso y, de hecho, mientras se lee parece que la historia nunca va a avanzar, pero siempre acaba avanzando. Así van apareciendo aspectos nuevos del viaje de las cartas, o de la ciudad, o de la literatura (brillante esa referencia a los métodos mnemotécnicos de Alexandre Dumas, con sus figuritas colocadas en una estantería sobre la que la limpiadora tiene tanto que decir). Y, cuando todo parece que puede acabar muriendo, justo en el ecuador de la novela, Bárcena introduce el consejo de manual para justificar que los hechos en Lima, efectivamente, dan un giro de 180 grados a la historia: “De pronto, la novela se detiene (…) en las páginas centrales de la novela debe ocurrir algo extraordinario”. Siguiendo lo previsto en el manual Schneider (sobre lo ficcional), la historia de Lima experimenta un giro con la irrupción del movimiento proletario (lo real) en un quiebro narrativo lleno de ironía y muy inteligente. Con la huelga del puerto se va a ralentizar el cruce de cartas entre la falsa Georgina Hübner y el cierto, pero siempre lejano, J.R.J.

 

Es así como una novela hecha con los materiales de siempre resulta original y refrescante en 2014, bien que parte de una anécdota vivida por un poeta romanticón y enamoriscado todavía en fase formativa. Se le podría exigir a la novela que en momentos puntuales se mojara más, que hiciera mayor hincapié en los aspectos escabrosos que sugiere, pero no es así como lo entiende Bárcena, y hay que respetarlo. Tiene la obra, a ratos, mucho de novela de formación, porque protagonistas, poetas famosos y fantasma femenino comparten una edad en la que aún está todo por corromper. Esa es la foto que refleja “El cielo de Lima”, ese instante de la inocencia de un mundo que va a entrar con todas las consecuencias en el s. XX y acabará sacrificando cualquier forma de romanticismo.  

 

El desenlace tiene forma de poema, pero llega a este libro desde fuera: el auténtico J.R.J. escribió en carne viva el disgusto que le supuso conocer la muerte de Georgina Hübner y a ella le dedicó una composición de despedida. Pocas veces ha habido más ironía en los versos de J.R.J. que en esos que dedicó a la traidora peruana. Su título es “Carta a Georgina Hübner en el cielo de Lima”, ¡cómo no! Y lo tienen aquí. Nada mejor que una borrachera y cuatro groserías para superar un amor contrariado, parece el consejo de J.R.J.Y un poco de humor”, parece apostillar J.G.B.

 

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Santiago García Tirado

Soñó con llevar subliminalmente en su DNI una cifra capaz de avivar el deseo, pero llegó al mundo en 1967, con dos años de antelación para la fecha correcta; desde entonces no ha hecho más que constatar que siempre estuvo (contra su voluntad) en el tiempo equivocado para ser cool. Con empeño, y en contra de la opinión de las hordas hipsters internacionales, ha llegado sin embargo a crear la web PeriodicoIrreverentes.org, y colaborar en Micro-Revista, Sigueleyendo, Quimera y Todos somos sospechosos, de Radio 3. Sus últimas obras de ficción son Todas las tardes café” (2009, relatos) y La balada de Eleanora Aguirre” (2012, novela). En 2014 verá la luz su novela “Constantes Cósmicas del Caos”, con la que espera coronar su abnegada labor en beneficio de la entropía universal.

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